José López Portillo dejó inconclusa una novela, a 10 años de su muerte

Rafael Tovar, nieto del expresidente, reveló que el texto, que llevaría por nombre La Rojeña lo empezó a escribir cinco meses antes de su muerte

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17/02/2014 05:42 Andrés Becerril

CIUDAD DE MÉXICO, 17 de febrero.- En septiembre de 2003, cinco meses antes de morir, José López Portillo y Pacheco, expresidente de México, empezó a escribir una novela a partir de la vida de su abuelo, José López Portillo y Rojas, en la cual intentaba rescatar el origen de su familia en Jalisco, que vivió ahí cuando ese territorio todavía era una de las tres provincias de Nueva Galicia.

José López Portillo y Pacheco, que gobernó México entre 1976 y 1982, falleció a las 20:15 horas de un día como hoy hace diez años.

Rafael Tovar y López Portillo, nieto del expresidente, reveló a Excélsior que el título del texto inconcluso del  exmandatario mexicano se llama La Rojeña. La Rojeña es el nombre que Vicente Albino Rojas y Jiménez, tatarabuelo del mandatario mexicano le dio al sitio donde emergió una de las primeras empresas mexicanas de la historia, que hoy produce el tequila Cuervo y en donde, según la leyenda, nació la mundialmente conocida bebida margarita.

“Mi abuelo siempre fue un hombre muy allegado a su familia en todos los sentidos. Se enorgullecía de nuestro pasado familiar y estaba muy consciente de dónde venimos. Fue por eso que al final de su vida quiso escribir una novela en la que pudiera plasmar toda la información que tenía sobre nuestra familia en un periodo particular de la historia de México que, en el caso de esta novela, era el siglo XIX”, comentó Tovar y López Portillo.

El nieto del ex mandatario contó que la novela trata de la vida cotidiana en la hacienda La Rojeña, localizada en Tequila, Jalisco, que heredaron de su abuelo Vicente Albino Rojas y Jiménez (1790-1868), Margarita (1849-1866) y José López-Portillo y Rojas (1850-1923).

“La Rojeña —dijo Tovar— , fue fundada en 1795, y para 1845 la hacienda tenía plantados más de tres millones de agaves y producía alrededor de cuatrocientos barriles diarios de tequila. De hecho, no sólo fue en donde se crea el tequila, sino que fue la primera compañía que lo exportó pues, en 1849 con la fiebre del oro, se empezó a llevar el producto a San Francisco, California, por medio del Puerto de San Blas”.

De lo que trata la novela, dijo Tovar, es de las relaciones interfamiliares de un clan muy unido, un abuelo con sus nietos, padres con sus hijos, primos, tíos, y de cómo se van creando lazos con los trabajadores, capataces, peones y demás gente que trabajaba en La Rojeña, en un México que va transformándose social y políticamente. Por supuesto, también hay una gran historia de amor.

Según el nieto de expresidente, maestro en historia, lo que su abuelo quería desentrañar a partir de La Rojeña, era su propio pasado y regresar a sus raíces.

“Una vez que mi abuelo salió de una desafortunada relación sentimental con una actriz (Sasha Montenegro), y que regresó con sus hermanas, sus hijos y sus nietos, pudo recuperar ese sentido de familia y de un pasado que le enorgullecía enormemente.

“Los últimos tres o cuatro años de su vida tuvo muy presente al estado de Jalisco, muy especialmente a su querida Guadalajara, en donde le hubiera gustado nacer, según me contó alguna vez. En algún momento quiso pasar temporadas allá pero era difícil pues su salud estaba deteriorada y sus doctores se encontraban en la Ciudad de México.

“Incluso, en 2002, mi abuelo lanzó al mercado el tequila Don José López-Portillo, supongo que como una forma de acercarse a las raíces familiares que están en La Rojeña”, recordó Tovar.

Tovar y López Portillo dijo que su abuelo utilizó para la novela inconclusa algunas experiencias y sentimientos personales; por ejemplo, el enorme cariño que le tuvo a sus tres hijos y a sus siete nietos y que quedan plasmados en las relaciones entre los personajes de la historia, especialmente entre Vicente Albino y sus nietos José y Margarita.

Rafael Tovar, hijo de Carmen Beatriz López Portillo Romano y Rafael Tovar y de Teresa, actual presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dijo que él sabía lo que su abuelo redactaba. “Incluso le decía que lo iba a ayudar a recabar información. A fin de cuentas soy un López Portillo y mi amor y orgullo por mi familia es parecido al que tenía mi abuelo, por lo que me interesaba mucho que pudiera escribir la novela”, dijo.

Recordó Tovar y López Portillo que platicó muchísimo con su abuelo de distintos temas. Algunos agradables y otros no tanto.  “Pero sobre la familia me contó muchísimas cosas. Hay anécdotas muy curiosas, como la leyenda del origen de la bebida margarita”.

“Como el tequila empezó a producirse en La Rojeña, antes que en cualquier otro lugar, era una bebida común en la mesa de mis antepasados. Resulta que mi tatarabuela Margarita, ya adolescente, probó el tequila y su abuelo se puso furioso. Parece que fue tal el enojo de don Vicente Albino que se exaltó de tal manera que, después de unos días y de haberse arrepentido por su exabrupto, le permitió a su nieta probar el tequila siempre y cuando estuviera mezclado con agua de lima. Desde entonces la bebida se conoce como margarita, o al menos eso dice la leyenda familiar, pero no me suena una teoría descabellada”, cuenta Rafael Tovar.  

Sostuvo que su abuelo no tenía una obsesión por mirar al pasado, porque, dijo, era un hombre que vivía su presente y que disfrutaba mucho la vida.

“Sin embargo, al venir de una familia como la nuestra, uno no puede dejar de hablar de los antepasados, de historias, de hechos. En el caso particular de mi abuelo, quien tenía un universo interior maravilloso lleno de experiencias y anécdotas, quizá haya sido culpa nuestra  —de sus hijos, sus nietos y sus amigos—, que queríamos saber lo más posible, por lo que el pasado se convertía en un tema recurrente. Pero es posible que, como para cualquier hombre mayor, el pasado sea lo único que queda. A fin de cuentas se dice que el verdadero paraíso es el paraíso perdido.”

A pregunta expresa sobre si le interesaría retomar la novela de su abuelo para terminarla y publicarla algún día, Tovar y López Portillo, dijo que “¡Sin duda!”. Pero, dijo que siente que podría ser una falta de respeto a la memoria del expresidente.

“Aunque a veces lo pienso y me dan ganas de terminar esa novela y publicarla. Aunque lo que me hubiera gustado más es haberla escrito con el ‘a dos plumas’. Estoy seguro que nos hubiéramos divertido muchísimo. Siempre tuvimos una relación maravillosa”, dijo.

Tovar comentó que, a partir de la novela La Rojeña, tuvo la idea de hacer su tesis de maestría sobre la familia López Portillo y su influencia en México. “Con mi trabajo quise honrar la memoria de mi abuelo. Utilicé fuentes de primera mano e infinidad de documentos que pudieron enriquecer mi tesis. Como cualquier investigación histórica, ahí están los pies de página, las referencias y la bibliografía.

“De esa manera el trabajo no queda en entredicho porque siempre hay gente que habla de más sin ningún tipo de fundamento, y que critica por criticar por razones políticas. Pero nuestra historia familiar es mucho más que el sexenio de mi abuelo. Digamos, metafóricamente, que esos seis años son un milímetro en una regla de cincuenta centímetros y parte de esa historia precisamente está en La Rojeña, que mi abuelo no terminó.”

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