Retrato hablado: Renato Sales Heredia, músico, poeta... y zar antisecuestro

Es abogado, y un experimentado policía investigador. Toca el piano y se obsesiona con el ajedrez; ahora está ante el mayor reto de su vida: poner en jaque a las bandas de plagiarios que asuelan el país

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02/02/2014 04:11 Wilbert Torre/Especial
Ilustración: Julio Grimaldo

CIUDAD DE MÉXICO, 2 de febrero.-En el círculo de poesía de Campeche varias leyendas circundan a Renato Sales Heredia, el zar antisecuestros del gobierno federal, una especie de ornitorrinco de la política mexicana actual: es abogado, poeta, filósofo y experimentado policía investigador.

Una de ellas cuenta que los guardias de su papá, un político con una extraña fama de honesto en los tiempos en los que el PRI era la dictadura perfecta, se peleaban no por vigilarlo, sino por no vigilarlo: era un adolescente que tocaba el piano y leía a Octavio Paz y a Roberto Juarroz. Otra refiere que sólo una chica campeona internacional de ajedrez pudo derrotarlo. En los territorios de la política se le acredita haber ideado la estrategia que hace dos décadas modernizó la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, que funcionaba como una agencia ministerial de pueblo.

Nació y creció en Campeche, en una atmósfera en la que desde muy pequeño, con sus hermanos Hortensia y Raúl, estuvo expuesto a la cultura, el arte, la lectura y, desde luego, la política. Es autor de los poemarios Ejecutorias y Para que partan los pájaros, y de la antología de ensayos La vida desnuda de los enemigos, donde dedica parte de su pensamiento a la violencia.

“Mi papá era una enciclopedia ambulante de cine, teatro, música, literatura, filosofía, ciencia, política, ética, leyes e historia”, recuerda Raúl, su hermano menor. Renato decidió seguir la vocación jurídica de mi papá: era su gran orgullo.”

“Yo sólo les heredaré un apellido limpio. Ustedes tendrán que hacer lo mismo”, solía decir Renato Sales Gasque a sus tres hijos. “Lo estamos haciendo, papá”, lo tranquilizaba Renato. El patriarca de los Sales había sido académico, jurista reconocido, procurador del Distrito Federal, senador y finalista en la carrera por la gubernatura de Campeche.

“Es un discutidor inteligente que, a diferencia de algunos intelectuales, no busca ponerte la gorra de sus ideas”, dice el poeta campechano José Landa, amigo suyo hace 20 años, cuando Sales Heredia regresó de la Ciudad de México a dirigir un diario campechano.

“Si algo lo distingue de los políticos, los policías y el poder, es su lado humano y humanizante.”

Estudió la licenciatura en Derecho en la Universidad Iberoamericana y la maestría en Filosofía en la UNAM. En su sangre corría la vena priista natural de su padre, pero dos movimientos determinaron su futuro: la fundación del Consejo Estudiantil Universitario en 1986 y la emergencia de la Corriente Democratizadora, que luego derivó en el Frente Democrático Nacional.

A su padre, una de no muchas voces críticas del PRI, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo lo llamaron a unirse a su movimiento democratizador.

Renato Sales Gasque decidió no irse del partido. Su hijo siguió otro camino.

Tal vez el más importante de sus maestros —después de su padre— fue el extinto Samuel del Villar.

Del Villar abandonó el PRI para unirse a la corriente que después formó el PRD. Electo primer jefe de Gobierno del Distrito Federal, Cárdenas Solórzano lo nombró procurador de Justicia de la Ciudad de México, y Del Villar llamó a Sales Heredia a su equipo.

Eran los tiempos de la primera mayoría de oposición en la Cámara de Diputados. A Del Villar le urgía una nueva Ley Orgánica para transformar a la Procuraduría, pero la más reciente había sido aprobada por el Congreso sólo unos años antes, en el gobierno de Ernesto Zedillo.

Era muy difícil que, por su naturaleza pluripartidista, la Cámara de Diputados llegara a un consenso para aprobar la Ley Orgánica, y después que ésta pasara el dique de la mayoría priista en el Senado.

­—Estamos entrampados. ¿Qué hacemos? —se desesperaba Del Villar.

Nadie encontraba una salida hasta que el joven Sales Heredia, coordinador de asesores en la Procuraduría, tuvo una idea: el procurador emitiría un acuerdo administrativo —el famoso A0399—, una atribución que le confería la Ley Orgánica, lo que le permitiría dictar y poner en marcha disposiciones sin necesitar del voto de los diputados y los senadores.

Esa maniobra jurídica le dio la vuelta a un obsoleto proceso legal e hizo posible otorgar nuevas atribuciones al Ministerio Público, los Servicios Periciales y la Policía Judicial, y dio fundamento legal a la creación del Sistema de Averiguaciones Previas, que dotó a la Procuraduría del Distrito Federal de un sistema informático que ni siquiera tenía entonces la PGR.

“Este acuerdo marcó un antes y un después en la Procuraduría del DF”, dice Luis Genaro Vázquez, subprocurador de Averiguaciones Previas Desconcentradas en la era de Marcelo Ebrard. “Sentó las bases de su modernización, estuvo vigente diez años y era una especie de biblia: si querías ser procurador, penalista o ministerio público, tenías que aprenderlo de memoria.”

Sales Heredia permaneció con su maestro Del Villar los tres años del gobierno de Cárdenas. Bernardo Bátiz lo nombró subprocurador de Procedimientos Jurídicos y después suprocurador de Averiguaciones Previas Centrales. En ese cargo fundó la Fiscalía Antisecuestros en la Ciudad de México, donde dirigió casos complejos, como el de la mujer que asesinó a 16 viejitas en la capital del país, sentenciada a 759 años de prisión.

Con la llegada de Marcelo Ebrard a la jefatura del gobierno capitalino, Sales Heredia no encontró acomodo en el nuevo gobierno. Desde Campeche, su tierra natal, lo llamó el gobernador priista Fernando Ortega para que se hiciera cargo de la Procuraduría del estado.

“Políticamente creció en la Procuraduría del Distrito Federal, desde asesor hasta subprocurador”, subraya Vázquez. “Pero el PRD, que no cuida a sus cuadros, no le abrió espacios y lo dejó ir”.

Logró modernizar la Procuraduría de Justicia de Campeche, aunque su gestión tuvo claroscuros: no pudo aclarar los asesinatos de Armando García Jiménez y Alejandro Ruiz Mosqueda, dirigentes campesinos. El periodista Luis Armando Mendoza denunció en enero pasado que pese a recibir cinco millones de pesos al año en presupuesto, la unidad antisecuestros fundada por Sales Heredia en realidad nunca se creó.

En Campeche, en estos días los Sales llevan una vida bastante normal. La viuda del ex senador Sales, la madre de Renato, Hortensia y Raúl, tiene una escuela que dirige el menor de los hermanos.

El nuevo zar antisecuestros toca el piano cuando puede hacerlo. Sigue siendo un fanático del ajedrez y un lector voraz de los poetas San Juan de la Cruz, José Ángel Valente, Saint John-Perse, William Blake y sobre todo del argentino Roberto Juarroz. En ensayo suele visitar la obra de los filósofos Ramón Xirau y Giorgio Agamben, y del filólogo Helmut Hatzfeld.

En el futuro inmediato Sales Heredia alternará la filosofía —el pensamiento sobre la existencia, la moral, el conocimiento y la mente, entre otros— con el estudio del secuestro.

En México son secuestradas cuatro personas al día y en los últimos seis años fueron asesinados seis de cada 100 plagiados, un crimen que como ningún otro ha socavado dos de los principales valores del hombre: la voluntad y la libertad.

 

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