A un año, los héroes detrás de la explosión de la torre de Pemex

Tras la tragedia en el edificio B2 de la empresa petrolera hubo respuestas de profesionales que amortiguaron el daño a las víctimas directas y colaterales

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31/01/2014 05:57 Claudia Solera
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El viernes se cumple el primer año de la explosión en el DF que sacudió al país; tres personajes clave en el rescate y atención a víctimas comparten su historia

CIUDAD DE MÉXICO, 31 de enero.- Detrás de cada una de las víctimas en la explosión de la Torre de Pemex hubo un médico que los atendió, un rescatista que los liberó de entre los escombros y un sicólogo empeñado en devolver la sonrisa y dignidad a deudos y heridos.

Aunque miles de manos se extendieron para sostener a la comunidad Pemex, fueron tres héroes quienes diseñaron parte de las estrategias clave para contener la emergencia.

Estos héroes contaron a Excélsior cómo fue ese momento en el que levantaron el teléfono y supieron que había una situación “clave 3” en la Torre de Pemex, como define la Cruz Roja a una emergencia mayor.

Isaac Oxenhaut, coordinador de socorros de la Cruz Roja Mexicana, envió de inmediato 25 ambulancias y llamó al equipo de rescatistas que en dos días sacaría hasta la última víctima del derruido sótano del edificio B2; Alberto Basilio Olivares, jefe de Cirugía y Trauma Choque del Hospital de la Cruz Roja Polanco, instruyó a sus residentes para recibir y estabilizar a los primeros 17 heridos de la explosión, y Patricia Patiño, coordinadora  de Centro para la Investigación y la Acción, Atenea, se encargó de movilizar a un grupo de 30 sicólogos para auxiliar a víctimas en shock y en once meses, los especialistas asesoraron a 17 mil 238 personas.

El hombre que organizó el ingreso de rescatistas en “la zona caliente”

En la central de radio, Isaac Oxenhaut recibió varias llamadas sobre una explosión en la Torre de Pemex. Eran las 15:45 horas cuando colapsó el edificio B2.

“Al llegar al lugar, te puedo mencionar que todo era definitivamente caótico. Gente corriendo por las calles y dentro de las instalaciones de Pemex”, recordó.

La primera indicación de Oxenhaut a su equipo fue trasladar a los heridos que ya estaban en el exterior hacia los hospitales de Pemex Azcapotzalco y de la Cruz Roja Polanco. Después solicitó auxilio a otras delegaciones, como la del Estado de México, para que apoyaran con más vehículos y se unieran a las 25 ambulancias que estaban operando.

El entonces subprocurador de Control Regional, Procedimientos y Amparo de la PGR, Alfredo Castillo, encargado de la investigación de la explosión, se acercó a él y pidió su opinión sobre cómo coordinar la parte más difícil: la búsqueda y rescate. Oxenhaut sugirió que el Ejército tomara el control de la zona y desalojara desde empleados hasta autoridades, mientras durante media hora planeaban una estrategia.

“Para tener una excelente coordinación se retiró a toda la gente del edificio. Y determinamos cuáles serían los tres grupos que iban a trabajar en la zona caliente; iba a entrar la Cruz Roja Mexicana, la Policía Federal y el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas del Distrito Federal, ERUM”, explicó.

Oxenhaut dividió la zona de desastre en ocho sectores que se iluminaron con reflectores y plantas de luz. Cada cuadro lo iban explorando los rescatistas. Una vez que encontraban una víctima, anotaban características como el color de la ropa, para así contribuir con su identificación.

Dos y medio días estuvieron los rescatistas en el sitio. Ahí comieron y durmieron.

La atención a heridos fue esencial para que no hubiera más víctimas

La tarde del 31 de enero pasado, los residentes de la Cruz Roja Polanco iniciaban un curso de investigación documental, cuando recibieron un reporte.

“Se nos avisó, sin especificar, que había sucedido un accidente por aquí cerca, probablemente en Pemex y que venían pacientes, no sabíamos cuántos”, contó Alberto Basilio, jefe de Cirugía y Trauma Choque del Hospital de la Cruz Roja.

La primera paciente arribó en helicóptero, pero al bajarla ya estaba muerta, luego llegaron por aire y tierra otros 16 heridos.

El doctor Basilio determinó que 100% de pacientes trasladados de la Torre de Pemex hacia el área de Urgencias estaban graves.

“Se considera que un paciente procedente de un accidente de alta intensidad (donde hubo muertes) está grave hasta demostrar lo contrario, porque implica que la cinemática del trauma fue muy intensa y puede haber un sangrado oculto o una lesión oculta que, si se minimiza, puede generar consecuencias posteriores”, detalló.

Así que los 16 heridos entraron a un protocolo de 10 horas en el que se descartó o identificó alguna afectación oculta.

“Nosotros vimos el momento agudo: resolvimos cuestiones hemorrágicas y neurológicas. Algunos pacientes tenía rastros de aplastamiento, venían con lesiones de columna vertebral a diferentes niveles, principalmente dorsal y lumbar; otros heridos con exposición muscular y algunos afortunadamente sólo venían con golpes”, comentó.

Esa misma noche y parte de la madrugada del siguiente día, se trasladó a 15 de los 16 heridos hacia los Hospitales de Pemex: Picacho y Azcapotzalco.

Los 17 heridos que llegaron a la Cruz Roja salieron con vida de la institución.

Se priorizó la atención sicológica a quienes sufrieron un daño directo

A las 22:15 horas, casi siete horas después de la explosión en la Torre de Pemex, Patricia Patiño Fierro recibió una llamada de la Dirección General de Pemex. Le hablaban de parte de Emilio Lozoya Austin.

“Me dijeron que como sabían que yo había diseñado planes para atender a víctimas en situaciones de emergencias como: el News Divine o la caída del avión sobre Reforma; el director de Pemex estaba muy interesado en que también expertos pudieran apoyarlos”, dijo la coordinadora del Centro para la Investigación y la Acción Atenea.

De inmediato, la respuesta de Patricia fue sí. Durante la noche comenzó a redactar un plan emergente y a las 9:00 de la mañana del siguiente día presentó a los directivos de Pemex.

“La prioridad de la atención eran las víctimas directas: lesionados y familiares de quienes habían perdido la vida”, explicó.  Así como informar a las víctimas indirectas: empleados y servidores públicos de Pemex, a través de módulos, sobre el impacto sicológico que un fenómeno como éste podía generar.

Patricia contactó al Servicio Médico de Pemex para obtener las listas que al final sumarían 126 lesionados y 37 fallecidos y luego cruzar esos datos con el área de Recursos Humanos de la paraestatal para conseguir sus direcciones y números de teléfono.

“Nos encontramos gente con mucho dolor. Lo primero era atender a las familias en su casas, pero no con la idea de empezar con una terapia especializada. Lo importante era decir ‘estoy aquí’ y hacer el primer contacto”, comentó.

Al final, 83 por ciento de los lesionados y la mitad de los familiares de los fallecidos aceptó la ayuda.

Hasta la fecha todavía hay 26 víctimas directas en terapia.

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