Talento innato rarámuri en basquetbol

Los niños de Cuiteco, algunos huérfanos, muestran sus habilidades deportivas, pese a la desnutrición y extrema pobreza

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27/01/2014 05:50 Carlos Coria/ Corresponsal

CHIHUAHUA, Chih., 27 de enero.—  Además de ser una raza de pies ligeros —significado literal de la palabra rarámuri—  los niños de esa etnia tienen una capacidad extraordinaria para practicar el basquetbol, lo que los ha llevado a ganar lugares principales en torneos estatales, a pesar de que no tienen entrenador, canchas ni equipo deportivo.

Ellos dominan de inmediato el bote del balón y pueden lanzarlo con facilidad en tiros de distancia, controlando a la perfección los lances de tres puntos.

Y no solamente demuestran en la cancha ser de pies ligeros, sino que esta habilidad genética, propia de su raza, la combinan perfectamente con el bote de la pelota y saltos coordinados para lanzar el balón.

Estas habilidades innatas, al parecer forman parte integral de su genética, las desarrollan con rapidez, aún sin tener una capacitación o entrenamiento especializado en las técnicas del basquetbol. Con sólo unas indicaciones rudimentarias, básicas y hasta simples, han llegado a participar en torneos estatales, contra otros niños de las grandes ciudades y de escuelas privadas.

Es el caso de los niños rarámuri de la comunidad de Cuiteco, en el municipio tarahumara de Urique, en Chihuahua, región famosa a nivel mundial por ostentar las majestuosas Barrancas del Cobre.

Son 11 infantes rarámuri, quienes a sus diez y 11 años de edad se dieron a conocer por jugar basquetbol descalzos y haber obtenido el tercer lugar en un torneo estatal, donde compitieron con niños de colegios de paga.

La comparación de la competencia entre los equipos participantes es ineludible por chocante que parezca.

Los de Cuiteco son niños indígenas, muchos de ellos sin padre y madre, desnutridos, en extrema pobreza, sin equipo especial para practicar deportes, sin profesores de educación física, y muchos de ellos sin haber salido nunca de su pueblo tarahumara.

Los otros, sus contrincantes, son niños de escuelas particulares, con maestros especializados para cada materia como la deportiva, equipo apropiado y de buena calidad para el basquetbol y sin necesidades económicas.

Los primeros son bajitos, escuálidos, extremadamente tímidos. Los segundos, más altos, bien alimentados y extrovertidos.

Aún así, los rarámuri obtuvieron el tercer lugar en el torneo “Una cancha una escuela”, organizado por el gobierno del estado de Chihuahua, que busca incentivar el deporte ráfaga entre los estudiantes del nivel primaria.

Ellos integran el equipo de basquetbol de la escuela primaria Rarajípame de Cuiteco, municipio de Urique. Son Benito Ciénega Girón, Candelario Ciénega Girón, José Pedro Frías Quintero, José Lucio López Rivas, Miguel Merino Bartolo, Martín Ortega Trías, Francisco Javier Palma Ciénega, Lorenso Palma Ortega y José Domingo Sánchez Mancina, que cursan el quinto y sexto año de primaria.

Para el maestro de educación física, Bernardo González, es innegable la capacidad y aptitudes que tienen los niños rarámuri para el basquetbol.

“Sin un maestro que los entrene, sin balones, sin canchas adecuadas, sin tenis, y con sólo las nociones básicas han llegado hasta el torneo estatal ¡Imagínese si tuvieran todo lo que tienen los niños de la ciudad!”

El maestro Bernardo González no fue contratado en su especialidad de educación física, sino que su base o contrato fue para dar clases de español y matemáticas. En sus horas libres aprovecha para enseñar a los niños rarámuri algunos deportes, pero son más de 300 los que le corresponden a su zona escolar indígena en la Alta Tarahumara.

Sobre la situación especial de estos niños rarámuri, Salvador González, director de la escuela primaria Rarajípame, quien también es el coach del equipo, explicó que los niños están acostumbrados a jugar en canchas de concreto, y al momento de usar tenis en canchas de duela se resbalaban y no se desempeñan de la misma manera que descalzos.

Destacó la proeza y entusiasmo de los menores, ya que todos son extremadamente pobres: “Las necesidades de ellos son muchas, en infraestructura, en todas las escuelas de la zona indígena tarahumara, no solamente de esta escuela, pero el principal problema de los niños estudiantes es la cuestión económica, la escasa siembra por la sequía, que motivó la emigración en toda la región serrana”.

Para Raúl Pineda Ibarra, coordinador de educación física del Departamento de Educación Indígena, es claro que una de las necesidades de las escuelas indígenas en la Sierra Tarahumara es que se autoricen maestros con plaza en educación física y que sean bilingües en lengua rarámuri. “Si tuviéramos un maestro de educación física, los fundamentos serían determinantes para que estos niños ganaran”, aseveró.

El vocero de los Servicios Educativos del Estado de Chihuahua, Mario Flores, explicó que en el estado la educación indígena es atendida en poco más de 360 escuelas y albergues diseminados en distintas regiones de la región serrana de la Alta y Baja Tarahumara.

De estos planteles, la mayoría, 127 centros educativos, son albergues donde se ofrece alimentación y hospedaje a niños y niñas que acuden a cursar los niveles de preescolar y primaria.

Lo anterior, debido a lo diseminado que se encuentran las diversas comunidades indígenas, por lo que son atenidos ahí los alumnos y alumnas, quienes en su mayoría regresan a sus hogares los fines de semana y vuelven a los albergues los lunes.

Actualmente, la población escolar en el subsistema de Educación Indígena es de aproximadamente 24 mil niños y niñas indígenas de los cuatro grupos étnicos nativos de Chihuahua; rarámuri, pimas, tepehuanos y guarojíos.

Esta población escolar es atendida por aproximadamente mil 500 trabajadores y trabajadoras de la educación, quienes prestan sus servicios en 31 zonas escolares indígenas. Sin embargo, a decir de los maestros de la Sierra Tarahumara, hay muchas necesidades en infraestructura como salones, pero principalmente maestros bilingües.

Pese a ello, estos niños, por sus aptitudes innatas al deporte ráfaga, han destacado en esta competencia estatal.

José Lucio López Rivas, de 11 años de edad, es el mejor encestador. Tiene cuatro hermanitos menores y no tienen padres: “Jugamos descalzos porque con los tenis se resbala mucho. Sí tenemos tenis, buenos tenis, pero jugamos mejor descalzos, ya estamos acostumbrados a jugar así”, dice antes de quitarse los huaraches y saltar a la cancha de basquetbol.

Junto con sus compañeros, salieron a divertirse en un deporte que les gusta mucho, porque, dicen, se trata de correr y es como lanzar una piedra, algo que hacen todos los días en la Sierra Tarahumara.

Ellos obtuvieron el tercer lugar en el torneo “Una cancha, una escuela”. Ahora, su próximo reto es enfrentar a los niños triquis del estado de Oaxaca, pues el gobierno de Chihuahua intenta traerlos a esta entidad, para confrontar ambas escuadras de basquetbol, dentro del marco del Día Internacional de la Lengua Materna, que se celebrará en febrero en la Sierra Tarahumara.

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