Ejército entra a zona de la refriega en Parácuaro

Un día después del enfrentamiento en El Carrizo y La Cofradía, en letreros y vehículos de la zona hay agujeros causados por las balas

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23/01/2014 05:59 Miguel García Tinoco y JC Vargas

PARÁCUARO, 23 de enero.— El Ejército mexicano y la Policía Federal ingresaron a los poblados donde la tarde y la noche del martes ocurrieron enfrentamientos entre autodefensas y presuntos integrantes de Los Templarios.

Son cientos de soldados y elementos de la Policía Federal quienes ya controlan las comunidades de Úspero, Cancita, El Carrizo y La Cofradía, municipio de Parácuaro.

Patrullan los 16 kilómetros de este camino pavimentado “verdes” y “azules”, cada quien es su propio convoy, con el beneplácito de los comunitarios, quienes aprovechan la presencia de las fuerzas federales para dormir a un lado de sus vehículos.

Los llamados comunitarios avanzaron hasta El Carrizo, sitio desde donde se tirotearon con pistoleros enemigos; en el rancho que sirvió de trinchera para ellos se aprecian las huellas de la batalla en paredes, techos de lámina; los propios protagonistas de la balacera que se prolongó, según ellos, más de cuatro horas.

Cansados y tensos por la balacera, dan “gracias a Dios” por haber salido bien librados del intercambio de fuego, donde ellos se dicen emboscados por los templarios, quienes les dispararon desde un cerro. “Nos tiraron con calibre .50 (barret) y nosotros respondimos con calibres más chicos”, comentó un joven que buscaba entre la tierra los cartuchos percutidos por sus armas.

Al final recolectaron más de mil 500 casquillos que se llevaron como “trofeo” del enfrentamiento con sus enemigos naturales. “El pleito es a muerte”, dice un hombre maduro con el rostro cubierto que porta cuerno de chivo y escuadra .38 súper.

En el campamento de los grupos de autodefensa aseguran que el saldo del enfrentamiento es de dos de ellos heridos y tres templarios muertos, pero las autoridades estatales y federales no han confirmado la versión.

“Nosotros tuvimos dos heridos pero sólo son rozones, no están graves” dijo a Excélsior otro joven que sirve de guía a reporteros que recorrieron la zona del tiroteo.

En las paredes y techos de lámina hay daños por los balazos, según los civiles armados, les dispararon también con calibre .308, “es del mismo calibre que traen los soldados, son rifles muy potentes”, señalan los testigos de la refriega.

Un día después del tiroteo, desmentido por le Secretaría de Gobernación, un bando de combatientes aprovechó el cese al fuego para dar mantenimiento a sus armas; en mayor número se trata de rifles AR-15 y fusiles AK-47; son jóvenes menores a 30 años quienes con mucha facilidad desbaratan las armas las aceitan y colocan pieza por pieza hasta dar forma de nueva cuenta al armamento.

Los integrantes de la autodefensa que la noche del martes avanzó  hasta El Carrizo, son menos proclives al trato con reporteros; se cubren el rostro y evitan las cámaras; somos el grupo que “topa y estamos en la tablita, no somos estrellas de televisión”, comenta un hombre de aproximadamente 35 años, 1.95 metros de estatura y evidente sobrepeso.

Se trata del grupo que cuenta con al menos cuatro vehículos blindados y un camión de redilas con un blindaje hechos en toda su carrocería, hecho a base de placas de acero “lista para la guerra” dice uno de sus ocupantes.

La balacera de la tarde y noche del martes, según “los blancos”, como se autodenominan los miembros de la autodefensa, fue con saldo a favor al no haber muertos y haber ganado terreno; aunque les dejó la insatisfacción de no llegar a La Cofradía, comunidad controlada ahora por la Policía Federal. 

Las fuerzas federales que llegaron a la zona en disputa, se colocaron en medio de los dos grupos armados, lo cual evitó más enfrentamientos durante todo el miércoles. Los habitantes de esos poblados de la Tierra Caliente michoacana en el área rural del municipio de Parácuaro, acostumbrados a la presencia constante de grupos armados, no alteran su vida normal en las huertas de sus patrones y en los terrenos propios.

Los líderes de grupos de autodefensa señalan que la incursión hasta el Carrizo, obedece a la necesidad de recuperar huertas de limón arrebatadas a sus legítimos propietarios por jefes de plaza de Los Caballeros Templarios.

Aseguran que no detendrán su marcha hasta recuperar las huertas de limón presuntamente despojadas a sus dueños originales; acusan directamente a un sujeto apodado El Tucán, de robar al menos mil hectáreas de tierra productiva.

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