“Antúnez era tierra de asesinos a sueldo”

Jefe templario tenía una red de sicarios en esta zona michoacana

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21/01/2014 05:40 JC Vargas/ Enviado

ANTÚNEZ, 21 de enero.– “Lo que se escuchaba por estos rumbos, antes de que aparecieran los comunitarios armados, eran los corridos del Tucán”, dice  un poblador, quien voltea para todos lados por el temor de ser escuchado. Saca su celular del bolsillo y muestra un video en el que el grupo norteño Código de Apatzingán canta en una fiesta el corrido del Tucán templario.

“Formo parte del cártel de La Familia, hoy soy caballero templario de por vida/ me encuentro bien pilas y en preparación, por si en el momento hay que entrar en acción”.

Lo que no dice el corrido, pero el poblador lo comenta, es que Antúnez, tierra del Tucán (también conocido como el frijolito por padecer vitíligo) era tierra se sicarios a suelo. “Si usted tenía conflictos con alguna persona en Michoacán o si alguien le debía mucho dinero, aquí mero era el sitio para venir a contratar un cobrador o alguien que congelara al tipo en cuestión”.

Los sicarios de Antúnez eran buscados por vecinos de cualquier comunidad michoacana para hacer los trabajitos. “Cobraban desde cinco mil hasta cien mil pesos, según fuera el sujeto o el trabajito que se les encomendaba”.

Lo común era acercarse a los taxistas y decirles con discresión que buscaban a un sicario para hacer un trabajito. Los conductores llevaban al sujeto con un jefe menor y éste los dirigía a otro, según el caso. Toda la información llegaba a oídos del Tucán.

No siempre se trataba de matar, pues en ocasiones sólo se les pedía darle una tabliza al hombre señalado y pedirle que se fuera del estado. ¿Los cobros?, ah, pues ellos se hacían cargo de cobrar cualquier cantidad cuando los deudores no querían cumplir a cualquier poblador.

Había dueños de huertas que acudían a este poblado para buscar quien les recuperara hasta cobros de medio millón de pesos. Los sicarios, con la autorización del Tucán, cobraban al deudor 600 mil pesos, de tal manera que de antemano ya tenían ganados cien mil pesos. Al dueño del dinero le pedían, además, 10 por ciento de la deuda.

“El problema surgió cuando los sicarios comenzaron a quedarse con todo el cobro. Entonces se negaban a pagar dinero alguno a los dueños e incluso comenzaron  a ser secuestrados los ganaderos”, cuenta el vecino de esta población.

La gente ya no iba a contratarlos y corría el rumor de que hasta acá vendrían los grupos de autodefensas, que venían por el Tucán y estaban armados. Entonces Los Templarios obligaron al pueblo a bloquear las carreteras y levantar cartelones ajenos que decían: “¡No queremos a los comunitarios en Antúnez!”, además de “Fausto es un incompetente”.

Lo que se dice por acá es que Antúnez es un poblado estratégico para el crimen organizado, debido a que tiene caminos y brechas que los sacan para Apatzingán, Tancítaro, Lombardía, Uruapan y Múgica.

“Cuando se asoma el Ejército, ellos podían huir”.

Cuenta el morador que acá todos los abogados tenían que pedir permiso al Tucán antes de tocar cualquier caso.

“Murieron muchos abogados.

Uno fue descuartizado y enmaletado, y la cabeza de otro apareció rumbo a Aguililla”.

El video sigue su curso, el grupo norteño código se mira en un templado, en una fiesta nocturna en la que hombres y mujeres cantan la tonadita.

Aquí nos dice el compa que “apenas llegaron los comunitarios armados y el Tucán y su gente huyó de inmediato”.

El corrido del Tucán templario termina así: “Aquí les voy con mi despedida, saludos a toda mi raza querida/ y por si algún día me quieren buscar, soy de mero Antúnez y soy el Tucán”.

Y, aunque dicen que en Antúnez ya no hay sicarios, en este poblado continúan los funerales y entierros. El último muertito fue un hombre de 37 años llamado Javier González Juárez, jornalero que regresaba a su casa y fue ultimado a tiros por el crimen organizado”.

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