Velan en Antúnez a dos autodefensas

Afirman que a uno de ellos lo alcanzó una bala perdida; familiares del otro occiso demandan “dejar trabajar” a los comunitarios

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15/01/2014 07:29 Julio Ramírez/ enviado

PARÁCUARO, 15 de enero.— Antúnez es un pueblo de jornaleros que se dedican al corte de limón, toronja, plátano y pepino. Cuando la gente se muere ponen limones partidos debajo del ataúd y eso ayuda, según la creencia, a que no se consuma rápido el cuerpo con el calor.

En Antúnez, ayer velaron a dos personas: Rodrigo Benítez Pérez y Mario Pérez. Eran conocidos.

Los dos son jornaleros que bajaron a la vía principal de la comunidad ejidal en respaldo a las autodefensas ante un presunto desarme del Ejército.

El cuerpo de Rodrigo Benítez Pérez (27 años) yace en un ataúd gris metálico en el patio de tierra de su casa de madera. Era jornalero, ganaba 100 pesos diarios y estaba harto de que el cártel de Los Caballeros Templarios le desapareciera a sus conocidos.

Sus amigos, quienes lo conocían como Wachi-Wachi lloran alrededor del ataúd. En el rezo, los dolientes piden porque termine la violencia en la región: “Madre santísima, que no haya tanta violencia en este pueblo. Guárdanos, señor”.

La madre de Rodrigo, Juana Pérez Avilés, dice que no guarda rencor y no quiere venganza. Quiere que haya paz y trabajo.

“Yo no denuncio a nadie, yo lo único que quiero es que ya se les ablande su corazón y que dejen tranquila a la gente inocente y que ya pongan trabajo digno y que dejen vivir a los que van para arriba, porque uno pues ya está viejo, pero pues todos los jóvenes, que los enseñen a trabajar”, dijo.

Cuenta que a su hijo lo mató una bala que supuestamente los militares dispararon al montón.

Primero dispararon al aire, luego le dieron: “Fuimos, todo el pueblo nos unimos en un sitio a la salida, para pedir paz, la mayoría del pueblo fue saliendo de El  Ceñidor, de allá de El Jabalí y los muchachos allá andaban y para que no anduvieran solos pues me fui. Uno me dijo, éste (el difunto) me dijo, ‘mamá, yo voy acá a buscar a mi hermano’. Le dije ‘ándale, pues’ y ya lo encontró, le dio agua que le habían regalado y él se fue a buscar a un compañero y cuando dio la vuelta fue cuando le cayó la bala, pero fue bala perdida. Nadie le tiró directamente’”.

“Primero tiraron al viento, después no sé qué pasaría. Al qué le tiraron sí cayó, llegó a donde lo atendieron, pero de todas maneras falleció. Está tendido acá abajo”, dijo la mujer que ahora se queda a cargo de ocho menores —entre hijas y sobrinas— y sólo se quedará con el respaldo de otro hijo. Ella vende tortillas echas a mano para sobrevivir.

El otro funeral

La familia de Mario Pérez, quien falleció a los 56 años, sí exige justicia y que “dejen trabajar” a los grupos de autodefensa, pues, contrario a las operaciones del Ejército, éstas se mantienen y están al pendiente las 24 horas.

Mario también se dedicaba al corte de limón, recibía 45 pesos por caja y con las acciones del crimen en la región se veía afectada su economía; por eso salió de su casa en apoyo de los grupos de autodefensa.

“Querían recibir 200 pesos a la semana y a nosotros nos pagan a 45 y hacemos tres cajas al día. Les cobran también a los que venden las tortillas, la carne y por eso son cada vez más caras. Mejor que dejen a los comunitarios”, externó una de sus familiares.

Don Mario deja tres hijos, dos de ellos en Estados Unidos, donde se fue por un tiempo a trabajar en el campo y desde hace unos años se regresó a Antúnez para estar con su madre, quien no puede caminar y está en una casa de cartón que le faltan dos paredes.

Ahí, en ese mismo cuarto, postrada en su cama, está velando a su hijo, que un día antes  salió con piedras y palos en apoyo de los comunitarios.

“Se fue a apoyar, dijeron que les querían quitar las armas, salió todo el pueblo y lo mataron”, aseguró uno de sus tíos.

En la avenida principal, la única del poblado que tiene pavimento, pasan los rondines de las guardias de autodefensa que vigilan el poblado.

Entre la terracería pasa una camioneta blanca llena de comunitarios, traen las armas en alto y viajan en la caja. Con una mano agarran la R-15 y con la otra sujetan las coronas.

Ayer, dos familias que no tienen dinero ni para solventar los gastos de los modestos funerales amanecieron con la noticia de una desgracia en Antúnez.

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