Excélsior en la Historia: Villa ganó Ojinaga hace 100 años

Historiadores definen esta batalla como definitoria para el triunfo de la Revolución en 1914. Los tres poderes de Chihuahua se instalaron ahí ayer

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11/01/2014 05:18 Carlos Coria Rivas/Corresponsal

Los gritos y los disparos de fusiles quebraban el aire y el olor a pólvora y a muerte se quedaron para siempre en esta frontera que había librado una de las batallas decisivas para el triunfo de la Revolución Mexicana

CHIHUAHUA, Chih. 11 de enero.— Los tres poderes del gobierno de Chihuahua se instalaron ayer viernes en la ciudad de Ojinaga, en la frontera con Estados Unidos, para conmemorar el centenario de la Batalla de Ojinaga, considerada por historiadores como fundamental para el triunfo de la Revolución Mexicana.

Para el historiador mexicano Arturo Medrano es fundamental para la historia del país recordar esta batalla, porque fue quizá la segunda más meritoria para el triunfo de la Revolución.

Sin embargo, tras reconocer el esfuerzo de las autoridades para darle la relevancia debida al hecho histórico, Medrano reprocha que otra batalla, más importante que ésta, la de Tierra Blanca en Ciudad Juárez, fue totalmente olvidada por las autoridades de Chihuahua, incluso por las militares, a pesar de que en noviembre también cumplió 100 años de consumada.

Esa batalla fue quizá más importante que la de Ojinaga, pues fue ahí donde Francisco Villa derrotó a las fuerzas huertistas que pretendían atacar Ciudad Juárez, pero fueron sorprendidas antes de su intento por las fuerzas villistas. Esta batalla convirtió a Francisco Villa en el estratega de la victoria, ya que con el entusiasmo que esto les provocó, llegaron con suficiente fuerza moral para dar el triunfo final a la Revolución Mexicana sobre la dictadura porfirista, con el triunfo en la Batalla de Ojinaga”, opinó.

A esta victoria, la Secretaría de la Defensa Nacional también le da suma importancia; redactó en las efemérides revolucionarias que, después de haber sido nombrado jefe del movimiento revolucionario, Villa tomó Chihuahua, por lo que el general Salvador Mercado, al salir para Ojinaga, “rehusaba entablar combate con los villistas, previendo que si Villa lo perseguía hasta la frontera sería ayudado por los estadunidenses y así podría regresar a la capital del país.

“Perseguido de cerca por los generales villistas Toribio Ortega y Maclovio Herrera, el general Mercado fue atacado en Ojinaga el 10 de enero de 1914. El combate se prolongó por horas, los federales resistieron el empuje de los villistas; ya entrada la noche, el general Mercado dispuso evacuar la plaza cruzando la línea fronteriza, donde sus tropas fueron aprehendidas por los estadunidenses. Con la toma de Ojinaga la lucha constitucionalista pudo asegurar la frontera norte centrando su lucha hacía el interior del país”.

Al respecto, el cronista de la Ciudad de Ojinaga, profesor Raúl Juventino Juárez, escribió en sus narraciones históricas la Batalla de Ojinaga, una serie de crónicas destacando algunos pasajes sumamente ilustrativos del ánimo de las fuerzas villistas y de la importancia de la citada refriega.

“De un salto Francisco Villa bajó del caballo, cortó una rama seca de zacate y se sentó en una prominente raíz que le sirvió de asiento. Hizo llamar a Toribio Ortega y a Pánfilo Natera, que ni cuenta se habían dado de que Villa ya estaba ahí, a unos cuantos pasos de la Hacienda. Nerviosos y con bastante temor, aprisa llegaron a donde Villa se encontraba. Cuando estuvieron ante la presencia del Centauro, vieron cómo masticaba una caña de alguna hierba, observaron cómo de un mordisco había trozado una parte de la planta y con saña masticaba como si fuera caña amarga pero necesaria, señal inequívoca de que estaba enojado.

“Levantó la vista y a quemarropa les espetó —Así que me tienen malas cuentas, muchachitos—, pero no les dio tiempo a que se justificaran. Inmediatamente les dijo –No hicieron las cosas como les indiqué, empezaron a discutir entre ustedes y descuidaron el ataque. No es posible que en tantos días no hayan podido tomar Ojinaga. ¿No recuerdan lo qué les dije cuando salieron de Chihuahua..? Pero no se preocupen, aquí está Pancho Villa que viene a decirles cómo se hace una batalla.”

Cita que luego se dirigió a la tropa, con un mensaje histórico: “Jefes y soldados de la libertad: he venido a cumplir con mi deber, vengo a que tomemos Ojinaga. Traigo la Brigada Hernández y la Brigada Herrera, y espero que ustedes cumplan con las órdenes que les voy a dictar aquí, a grito abierto, para que todos las oigan, y nadie se equivoque”.

Añade que “Poco a poco cada jefe fue reuniendo a su gente. Las Brigadas Villa y Cuauhtémoc fueron las primeras en estar listas para emprender la travesía hasta Ojinaga. Después estuvieron listas las Brigadas Morelos y la Brigada Juárez. De pronto los llanos blancos de El Ancón se cubrieron de villistas. Enormes filas de revolucionarios caminaban en perfecta formación rumbo a Ojinaga. Pasando la ranchería de El Ancón, unos pocos subieron por unos cerros que por el lado oriente mostraban unos bellos paredones de formas caprichosas que le dan un aspecto muy peculiar al paisaje desértico. Desde lo alto se divisaba perfectamente la ciudad de Ojinaga. No se necesitaban binoculares para darse cuenta de lo que allá sucedía. A escasos metros, el río Conchos se deslizaba mansamente con muy poca agua a unos dos kilómetros de la orilla de la ciudad.

No sería una batalla abierta, con el pecho descubierto y el corazón por delante. No. Ésta sería una batalla de inteligencia, de estrategia militar, de sembrar el terror en corto tiempo para obligar al enemigo a rendirse. O a huir hacia Presidio, Texas, en caso de que cundiera el pánico.

“En su recorrido revisando las brigadas, Pancho Villa emparejó su caballo al de Toribio Ortega, que revisaba a los valientes de Cuchillo Parado que le eran fieles a morir; se acercó y mirándolo de frente le dijo: —amiguito, no quiero que vuelva a fallarme.”

El Cronista de la Ciudad de Ojinaga asegura que Francisco Villa sabía perfectamente que de la batalla de Ojinaga dependía el destino de la Revolución.

“Con la toma de Ciudad Juárez, sus bonos se habían ido al cielo. Ya no era el bandido incorporado a la Revolución por accidente. Ya tenía bien firmes los ideales que defendía y cómo conseguirlos. Ya no era el segundón de la Revolución. No. Para nada. Era ya todo un personaje cuya figura se extendía más allá de las fronteras e inclusive de los mares. Su foto aparecía ya en los principales diarios del mundo. Ya lo asediaban constantemente los reporteros, los fotógrafos y hasta las incipientes compañías cinematográficas”.

Prosigue su crónica: “Serían como las 9 de aquella fría noche del 10 de enero de 1914, cuando empezó la gran Batalla de Ojinaga... En medio de la confusión, Chico Lares, un jovencito de 16 años que ya había dado muestras de valor a tan temprana edad, se desprendió de la columna que recorría la ciudad revisando el campo de batalla, se dirigió en veloz carrera a la iglesia y echó al vuelo las campanas en señal de que el pueblo había quedado libre de huertistas y que la Batalla de Ojinaga se había ganado...

“Los gritos y los disparos de fusiles quebraban el aire y el olor a pólvora y a muerte se quedaron para siempre en esta frontera que había librado una de las batallas decisivas para el triunfo de la Revolución Mexicana”.

Incluso, una de las fotografías más representativas de Francisco Villa fue tomada en la Batalla de Ojinaga, donde se ve a Francisco Villa cabalgando la famosa yegua La Muñeca, conocida popularmente como Siete Leguas, frente a la columna revolucionaria, y al lado unas tapias, las descritas por el cronista Raúl Juventino Juárez Acosta.

En Chihuahua el espíritu patriótico ha crecido a tal grado por el recuerdo de las hazañas y victorias de Francisco Villa que, por ejemplo, el poblado de Cuchillo Parado ha sido nombrado por el Congreso del estado como Cuna de la Revolución Mexicana.

El gobierno estatal ha utilizado su figura como atractivo turístico, que lo ha llevado a realizar algunas acciones consideradas como excesivas y descabelladas por historiadores locales, como el pretender mover el mausoleo que José Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido como Francisco Villa, mandó edificar en el parque de la Regla, al centro histórico de Chihuahua.

Al fracasar en su intento por mover el histórico edificio o mausoleo villista al centro de la capital de Chihuahua, el gobernador César Duarte Jáquez mandó construir e instaló hace dos semanas una escultura o friso en la Plaza de la Grandeza.

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