Les llueve a los meteorólogos

En México, país azotado por huracanes, sólo hay 60 profesionistas especialistas en clima

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01/01/2014 05:51 Wilbert Torre
68 ciclones  azotaron al país entre  2012 y 2013, mientras de 1970 a 2011 fueron 186.
68 ciclones azotaron al país entre 2012 y 2013, mientras de 1970 a 2011 fueron 186.

CIUDAD DE MÉXICO, 1 de enero.-  “Somos tan pocos que debemos hacer tres cosas a la vez”, manifiesta el ingeniero Alberto Hernández Unzón, jefe de Meteorología del Servicio Meteorológico Nacional (SMN): sus ojos desfilan sobre seis monitores que proyectan mapas de diferentes regiones del país. Si filosóficamente no somos nada en el universo, los meteorólogos son menos que nada en México: 60 en un país de 120 millones de habitantes. Un experto en el estudio del tiempo por cada dos millones de mexicanos.

Es un martes de diciembre y Hernández Unzón está muy ocupado. Contempla los mapas como si se tratara de una obra de Picasso y se asoma al cielo de avenida Observatorio para observar las nubes y las palomas que revolotean cerca: escudriña señales que le permitan interpretar el tiempo. Cuando una paloma se saca las plumas, se aceita el cuerpo para sortear la lluvia.

“No sé cómo haremos para no desfallecer antes de que el año termine”, manifiesta Hernández Unzón y se reclina sobre el escritorio copado por pósters de huracanes y los 27 tipos de nubes existentes; escribe el nombre de los meteorólogos que montarán guardia los últimos días de diciembre.

Sólo 34 trabajan en el SMN, dedicados a la tarea delicada —y monumental— de alertar a millones de personas sobre la llegada de fenómenos climatológicos que pueden ser devastadores.

El cansancio de Hernández Unzón y su pequeño ejército de meteorólogos es comprensible: en 2013 azotaron al país nueve huracanes intensos —un récord histórico poco envidiable—, varias tormentas tropicales, y en noviembre comenzaron a llegar los frentes fríos. Todo eso les ha exigido trabajar sin descanso en los últimos cinco meses.

La tarea de un meteorólogo en México es extenuante y también puede ser una misión incomprendida y con frecuencia pasa inadvertida.

Cuando uno piensa en el estado del tiempo quizá la primera imagen evocable es una de esas chicas en un vestido ceñido que posan ante un mapa en la televisión para recitar si Mérida estará soleado o si lloverá en Hermosillo.

La meteorología es un campo mucho más vasto y profundo, una disciplina que requiere de observación y el estudio metódico de imágenes de satélite, información captada por globos en la atmósfera y datos transmitidos por radares para anticipar el clima de las próximas horas. Y desde luego, de la experiencia acumulada en el transcurrir de muchos años.

¿Quién no ha escuchado un chiste a costillas de los meteorólogos? En el imaginario colectivo cometen pifias y sus pronósticos casi siempre resultan fallidos.

Hernández asevera que al margen de los chistes y la fama popular de que jamás le atinan al tiempo por venir, hay una tendencia a frivolizar su trabajo.

“Hay quienes piensan que cualquiera puede ser meteorólogo y pronosticar el clima”, se queja. Debe rondar los 50 años, tiene una melena negra y los ojos rasgados. Hace algún tiempo dos medios de comunicación enviaron a su oficina a varias conductoras de televisión con una petición: que las entrenara para ser meteorólogas.

“Son ocurrencias que banalizan la tarea de un meteorólogo y que contribuyen a acentuar la idea errónea de que todo el tiempo nos equivocamos, porque el estado del tiempo puede anunciarlo cualquier persona”, afirma Hernández Unzón y sacude la cabeza: “Tampoco somos Nostradamus o adivinos”.

Ser meteorólogo en México es traducir a la realidad ese aforismo según el cual ninguna ciencia es exacta. Aquí, uno de los países más agobiados por el paso de tormentas y huracanes, no existe la carrera de meteorología, a diferencia de otros con alta tecnología y estudios avanzados en el tema como Estados Unidos y la mayor parte de Europa.

Los especialistas mexicanos en el estado del tiempo son geógrafos, geofísicos, matemáticos o ingenieros en computación. Autodidactas con estudios de meteorología en universidades y centros de estudio internacionales.

La importancia de observar

El Servicio Meteorológico Nacional en avenida Observatorio es una singular fusión entre un museo –se asienta en un hermoso palacio habitado por el arzobispo y virrey Juan Antonio de Vizarrón en el Siglo XVI– y una replica en miniatura de una firma financiera, con habitaciones repletas de súper computadoras y monitores.

Cuando uno enciende el televisor y alrededor de las 8 de la mañana la señorita encargada de la sección del clima se planta ante un mapa digital y anuncia si estará soleado, nublado o frío, varios días atrás los meteorólogos han trabajado en un ciclo complejo e inextinguible cuyo objetivo es presentar pronósticos que se depuran todo el tiempo.

Para hacer pronósticos, dice Hernández Unzón, un meteorólogo debe aprender primero a observar el cielo.

—No podríamos hacer un pronóstico certero del tiempo apoyados sólo en la imagen del satélite. Yo les digo a los jóvenes meteorólogos: “¡No se claven en el monitor!” Hoy cualquiera puede pronosticar con un monitor, pero hay que saber leer las nubes.

Una nube de tormenta, por ejemplo, es semejante a una coliflor. El satélite deja ver el tope de la nube, pero sólo la observación del meteorólogo permite conocer su naturaleza. Si la parte alta es muy brillante significa que tiene menos temperatura y es más fría, y por lo tanto puede ser una nube de lluvia o una nube de tormenta.

Durante la entrevista, los meteorólogos a cargo de Hernández Unzón trabajan en la construcción de escenarios sobre un frente frío en el norte del país.

Es mediodía están en el Centro Nacional de Previsión del Tiempo, un salón amplio con monitores y computadoras donde tiene lugar una reunión diaria en la que se discuten y consensuan posiciones sobre lo que los meteorólogos ven en los mapas digitales.

Lo que cualquier persona observa a simple vista —la geografía del país en tonos azules, verdes y grises— dista mucho de la lectura de un especialista habituado a revisar los indicadores de temperatura de las nubes en las imágenes, y analizar no sólo la dirección, sino el comportamiento del viento en una región.

Todos esos y otros factores pueden alertar sobre la formación de una tormenta.

Hoy dicta el futuro inmediato del estado del tiempo un joven meteorólogo. A sus espaldas se alza un enorme monitor con un mapa del país. Habla de una densa nubosidad en la costa de Belice y predice la llegada del frente frío número 19.

Hernández preside la reunión, y atrás de él están otros ocho meteorólogos que se clasifican en categorías como si se tratara de velocistas: hay expertos en distancias más largas como Graciela Elizabeth Ramos, la líder de los estudiosos del tiempo dedicados a pronosticar fenómenos que se desarrollan en 96 horas, y los “tormenteros”, cuya misión es predecir el arribo de tormentas a gran velocidad.

—Baja California, dice el joven meteorólogo,  estará fría el 20 de diciembre. Un día después el frente frío se desplazará al sureste y se integrará a otro.

La meteoróloga Ramos interviene y corrige. Dice que se quedará uno solo como el frente número 20, porque los dos frentes se fusionarán.

Otro meteorólogo que está atrás dice que el lunes previo a la Navidad habrá un descenso de temperatura en la Ciudad de México: el frente frío se combinará con una tormenta invernal.

Esta es una pequeña discusión al mediodía que precede a otra otra más grande, a las 5 de la tarde, todos los días, en la que por medio de videoconferencias, los meteorólogos del SMN hacen consenso con las estaciones regionales y los órganos de cuenca para hacer pronósticos en cada estado y región del país.

El acuerdo de los meteorólogos es el siguiente: “Ayer lunes 16 de diciembre se formó un frente frío que arrojó lluvias sobre Chiapas y Tabasco. Un día después el fenómeno se desplazaría a Yucatán”.

“Estamos en contacto con distintas autoridades de gobierno para alertar sobre todos estos fenómenos”, dice Hernández Unzón antes de retirarse a su oficina. Debe escribir un texto que enviará al gobierno de Yucatán para alertar sobre la llegada de una corriente de lluvias intensas.

La autonomía, una batalla

El matemático Carlos Cario está de pie ante una computadora. En la pantalla aparece la imagen satelital de un mapa dividido en colores y líneas transversales.

“Esta es la principal herramienta de un meteorólogo: los ojos que le permiten estudiar la evolución de un huracán, por ejemplo, desde que se genera hasta que termina”, dice Cario, que ha trabajado 20 años en el SMN.

Lo flanquean Marco Antonio Díaz Piña, ingeniero en comunicaciones y electrónica y Fausto Miguel Sánchez González, ingeniero en sistemas computacionales. Los tres tienen estudios de meteorología y trabajan en un búnker congelado: el área de tecnología del SMN.

Cario es el encargado de desarrollar modelos numéricos para emular la atmósfera por medio de ecuaciones.  Su trabajo permite a los meteorólogos avistar e interpretar mapas claros de regiones específicas del país.

“Nosotros estamos detrás de cámaras. El que da la cara es el meteorólogo”, dice Cario. Sin los modelos numéricos, los mapas que revisan los especialistas para predecir el tiempo se verían como la imagen que aparece ahora en un monitor: una mancha gris, inescrutable, incierta.

Los modelos se actualizan cada seis horas, por medio de tres clústers, unos monstruos metálicos con el poder de 60 computadoras. El SMN está conectado a la región IV de la Organización Meteorológica Mundial con sede en Washington DC, en donde se captura y preserva la información de EU Canadá, Centroamérica, México y El Caribe.

En un escritorio vecino trabaja Armando Ramírez, encargado de la red nacional de 13 radares cuya tarea es seguir el paso puntual de los huracanes. Dice que este año el trabajo los agobió. Sus compañeros asienten.

Arrastramos un déficit de personal hace años —afirma  el matemático Cario— y hacer pronósticos y alertar sobre la llegada de huracanes y tormentas es cada vez más complicado.

Alertar: este año los expertos del SMN anticiparon la llegada de las tormentas y huracanes que azotaron al país. Pese a ello, no se ordenaron las acciones necesarias, o no se hizo a tiempo, y hubo muertos.

En México los meteorólogos pueden pronosticar un huracán, pero otra parte vital no pasa por sus escritorios: la autonomía que han peleado largos años para el Servicio Meteorológico Nacional es una batalla que hasta ahora se les ha escapado como lluvia entre las manos.

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