Violencia detona cirugías de rostro

Si bien la mayoría de los pacientes que llegan con heridas en la cara son policías, no hay grupo de edad que no incluya los ataques armados como causa de muerte, incluso niños.

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15/12/2013 03:00 Claudia Solera

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de diciembre.- Debido a las guerras —que han sido un gran motor para el progreso de la medicina—, la reconstrucción de rostro por impacto de bala se ha desarrollado a gran velocidad desde la Primera Guerra Mundial en varios países, incluido México.

Por esa razón, dado que la violencia comenzó a escalar en el país desde hace dos décadas, este tipo de cirugía tiene los estándares de cualquier nación de vanguardia, como Estados Unidos, de acuerdo con el cirujano Arturo Gómez, miembro del Consejo Mexicano de Cirugía Oral y Maxilofacial.

Hace 27 años, cuando estudiaba la especialidad en el Hospital Adolfo Lopéz Mateos del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), para el entonces residente Arturo Gómez era impensable dirigir una cirugía en la que se presentara un paciente con la cara desfigurada por un proyectil.

“Era muy raro ver heridas por arma de fuego. Al año nos tocaba ver a uno que otro baleado, aunque con una perforación en un brazo, no en el rostro. La agresión no era tan directa, pues alguien que te dispara a la cara es porque te quiere matar”, comentó a Excélsior el cirujano.

Pero a casi tres décadas de haber concluido su residencia y ya con un México en el sitio 14 a nivel mundial en homicidios por arma de fuego, según un estudio de la Red Internacional de Acción sobre Armas Pequeñas (IANSA), el doctor Gómez encabeza hasta tres cirugías por mes para reconstruir el rostro de personas heridas.

“El ISSSTE tiene una gran capacidad de respuesta para atender este tipo de lesiones, porque ahí aprendimos a tratarlas y a convivir de manera multidisciplinaria con otras especialidades”, dijo.

Así como en la Primera Guerra Mundial el Hospital Queen Mary’s fue crucial para la evolución de la cirugía plástica, porque ahí se realizaron miles de intervenciones a soldados por desfiguraciones como consecuencia del combate, el ISSSTE ha sido un eje central para el desarrollo de la cirugías de reconstrucción de rostro en las que trabajan en conjunto especialistas maxilofaciales, cirujanos plásticos, oftalmólogos, anestesiólogos, otorrinolanringólogos y neurocirujanos.

Los pacientes que llegan más a las salas de urgencias por este tipo de lesiones son policías de todos los órdenes de gobierno heridos en cumplimiento de sus funciones, y ya sea que el cirujano Gómez los intervenga en el ISSSTE o si son efectivos federales en alguna institución privada.

“Lo que más tengo son policías, que en muchas ocasiones no les dan armas y son sujetos de emboscadas y agresiones”, comentó.

Por ejemplo, entre los casos clínicos que expone a los residentes médicos en clase está el de un policía que, al momento de ingresar a una casa de seguridad para rescatar a una víctima de secuestro, recibió un inesperado disparo en la cara, porque el delincuente se escondía debajo de la cama.

Después de los policías, la mayoría de pacientes que atiende Arturo Gómez son víctimas que se resistieron a un asalto. De hecho, de acuerdo en cifras del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad (ICESI), en más de la mitad de los delitos en los estuvo presente un arma, ésta fue una de fuego.

En cirugía, las balas que más se retiran de los rostros heridos se dispararon de los revólveres calibre 38 y 45 milímetros.

Como un meteorito

El médico cirujano también comentó que en ocasiones las reconstrucciones llegan a ser demasiado complejas, porque los rostros quedan tan destruidos que es como si se enfrentara al armado de un rompecabezas, donde no sabe qué pedazo de piel pertenece a qué lugar.

Un caso clínico que Gómez constantemente recuerda, por su complejidad, es el de un funcionario federal a quien le cumplieron una amenaza de muerte.

“En el postoperatorio se le había detenido el corazón, y de hecho alguien allá afuera ya estaba celebrando su muerte”, contó Arturo Gómez.

Cuando el cirujano estaba interviniendo a ese funcionario, lo único que podía observar al principio en lugar de una mejilla derecha eran sólo jirones de piel empapados de sangre.

Pero el peligro de una bala en el rostro no se delimita a que esa zona sea el antifaz del cerebro y, por lo tanto, una de las partes más vulnerables del ser humano, sino que un proyectil por sí mismo simboliza la destrucción, porque la probabilidad de morir ante una agresión con arma de fuego es 12 veces mayor que por cualquier otra arma, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Las heridas son catastróficas en muchos sentidos, pues por más que hagamos reconstrucción en el paciente nada en la zona afectada vuelve a ser igual”, acepta Gómez.

Y es que la trayectoria de la bala deja una onda de destrucción como si fuera meteorito cayendo en tierra y provoca un daño instantáneo.

“En pocos milisegundos el tamaño de la destrucción es un diámetro de 30 o 40 veces el diámetro de un proyectil”, explicó.

Por ejemplo, por un impacto de bala en el rostro con un revólver de 45 milímetros, como los que en su mayoría atiende el doctor, hay que reconstruir al menos 13.5 centímetros de herida.

Ni los niños se salvan

También una lesión de bala siempre se va a considerar contaminada, porque el proyectil tiene diferentes bacterias, dependiendo de cómo la manipularon: estreptococos, gram negativas, gram positivas, etcétera.

“El poder de contaminación de una bala es terrible. Al momento del impacto hay 100 bacterias; a las 12 horas, un millón de bacterias. Y después de 24 horas hay diez millones de bacterias”, aseguró el cirujano.

Aunque es atroz el daño provocado por los proyectiles, en México no existe un grupo de edad en el que el homicidio por arma de fuego no esté entre las primeras diez causas de muertes externas, según una investigación de Mario Arroyo, del ICESI.

Ni siquiera los niños se salvan de ser atacados por un proyectil de bala. Sólo en el Hospital Central Militar se encamaron diez menores con herida por arma de fuego de enero de 2006 a diciembre de 2011; mientras que en el mismo periodo, en el Hospital Universitario de Nuevo León, en Monterrey, se atendieron 37 casos pediátricos.

En la lista de pacientes del cirujano Arturo Gómez también han estado bebés. Incluso una  pequeña de un año y medio, a quién le tuvo que reconstruir la mejilla, después de que fue víctima de una bala perdida.

“Es muy triste sobre todo cuando tienes un caso así, donde sucedió una tragedia.

“A uno le da una empatía mucho más franca y piensas: ‘Cómo no la voy a sacar adelante’, y me digo ‘la sacamos porque la sacamos’”, confesó.

Si bien la reconstrucción de rostro por bala alcanza mejores estándares, debido a la proliferación de armas de fuego y ola de violencia que padece el país, lo cual le da satisfacción al médico cirujano, esto trae consigo más preocupación, por el daño al tejido social.

Actualmente Arturo Gómez tiene dos casos de policías con quienes intenta cumplir su principal meta profesional: volver a construir los rasgos faciales que los pacientes tenían antes de sufrir la agresión.

 

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