Poca paga no desanima a maestros comunitarios

Los instructores ganan menos que un profesor de la CNTE; critican los plantones y desatención de los niños

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22/08/2013 02:09 Lilian Hernández/ enviada

ALMOLOYA DE JUÁREZ, Méx., 22 de agosto.— Sin libros, gises y sin materiales básicos como pegamento, cartulinas, plastilina o plumones fue como iniciaron el ciclo escolar las tres aulas que conforman las escuelas de preescolar, primaria y secundaria del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) de la comunidad del Paredón Centro, ubicada en este municipio.

Pese a las carencias con las que iniciaron las clases, los cuatro maestros de ese sistema educativo coincidieron en que los paros magisteriales perjudican a los alumnos, pues en vez de resolver los conflictos de la educación, sólo profundizan el rezago y agudizan las deficiencias de aprendizaje.

Sumergidos en una localidad que en esta época se pinta de verde, donde las casas se ocultan entre las milpas y la lluvia arrasa con lo que se interpone en su camino, los cuatro instructores asignados a la comunidad del Paredón Centro, Almoloya de Juárez, iniciaron el ciclo escolar 2013-2014 con entusiasmo, aun cuando los libros y cuadernos de trabajo siguen ausentes en sus salones de clases.

Sin importar las dificultades que implica llevar cuatro días sin libros de texto y sin cuadernos de trabajo, los profesores comentaron que eso no es pretexto para suspender actividades, porque recurrieron a cuadernos de trabajo del año pasado para no perder ni una sola clase de las 200 que marca el calendario escolar.

A la instructora Karina Uribe, de 18 años, y quien los sábados cursa el bachillerato de las 7:00 a las 13:00 horas en el centro de Toluca, el problema con el que se enfrentó en este inicio de clases fue que tres cuartas partes del pizarrón están oxidadas; sin embargo, ello no ha impedido que dé sus clases.

“Sí necesitamos material suficiente para trabajar todo el ciclo escolar. Hace falta papel, rotafolio, pegamento, colores, cinta para pegar los trabajos. El pizarrón está oxidado y como que sí es incómodo trabajar así”, reveló.

A pesar de las condiciones en las que encontró el salón del jardín de niños Francisco I. Madero, la profesora Karina no desistió y acudió puntual a enseñar a los cinco alumnos que tiene en su aula.

“Siempre digo que quiero ser educadora. Me gusta convivir con los niños. Terminé la secundaria y estoy estudiando el bachillerato en Toluca los sábados de siete a una de la tarde, pero quiero convertirme en maestra, porque aprendo mucho de los niños”, relató.

Aunque labora en medio de severas carencias, que duerme en un catre que casi pega al suelo y comparte la habitación con tres profesores varones, la instructora está convencida que dar clases es el camino para que las comunidades mejoren.

Afirmó que los paros en Oaxaca y Michoacán sólo perjudican a los niños, de modo que desaprueba las acciones que han emprendido los profesores de la CNTE para manifestar su rechazo a las leyes secundarias de la reforma educativa.

“Está mal porque uno está para enseñar a los niños; yo siento que si estudiamos para eso hay que echarle las ganas con los niños, porque es el futuro y sí está mal hacer plantones. No es un buen ejemplo que se les dan a los niños”, aseveró.

Durante un recorrido por las escuelas en la comunidad del Paredón Centro, Excélsior pudo constatar que a cuatro días de que inició el ciclo escolar los niños de preescolar, primaria y secundaria no cuentan con libros ni materiales básicos para las clases.

Contrario a lo informado por la SEP hace dos semanas, al señalar que para el inicio de clases todos los estudiantes tendrían sus libros, en las escuelas del Paredón Centro no han llegado esos textos.

Sin embargo, la lista interminable de carencias no merma el entusiasmo con el que los profesores han iniciado las clases, pues aunque apenas se están adaptando a compartir el mismo techo entre cuatro personas, a que las familias les llevan las comidas a destiempo o que incluso han tenido que caminar más de seis kilómetros y mojarse para poder probar sus alimentos, los profesores están motivados para enseñar a los niños.

Para el profesor Macedonio Salazar de la secundaria comunitaria Frida Kahlo Calderón, lo más difícil no es compartir un mismo hogar con otros tres maestros, sino tener que separarse de su hijo de apenas dos años nueve meses, a quien sólo ve los sábados por las tardes y los domingos.

El maestro de 30 años recibe un apoyo económico de tres mil 700 pesos al mes, la mitad de lo que percibe un profesor afiliado al SNTE con uno de los sueldos más bajos del magisterio nacional, y aunque comentó que “debe estirarlo para mantener a su hijo”, está convencido que enseñar en una escuela del Conafe es una buena oportunidad para desenvolverse y crecer como ser humano.

Esa mínima ayuda económica que recibe es su único ingreso y aunque le gustaría tener más libros en la biblioteca del salón, quiere ver que sus alumnos mejoren la redacción y la ortografía.

Sobre la tardanza de los materiales comentó que desconoce cuándo llegarán, pero por el momento, “tenemos poquito resistol, no tenemos marcadores, el mobiliario es suficiente, pero no tenemos gises para anotar las actividades”, reveló.

Al hacer una revisión de las carencias en su salón, donde da clases a 14 estudiantes de primero, segundo y tercero de secundaria, el profesor Macedonio agregó que también necesita una computadora que sirva, porque la que tiene en su escritorio prende, pero no inicia la sesión.

“Falta mejorar el piso, tener un mejor pizarrón, una grabadora para hacer los honores a la bandera, porque la grabadora que tenemos está quemada y la computadora tiene bastantes virus”, señaló tras agregar que la biblioteca de esa secundaria apenas tiene 20 libros.

Aun cuando las condiciones en las que imparte sus clases son muy adversas, consideró que las evaluaciones a los maestros son “buenas propuestas para tener mejores alumnos, porque lo que se necesita hoy en día son personas más preparadas”.

Al respecto, los maestros de la primaria comunitaria Emiliano Zapata, Raymundo Benítez y Uriel Ortega, quienes se reparten el trabajo para atender a 25 niños de los seis grados, compartieron la visión del maestro Salazar y la profesora Uribe, al señalar que los paros que iniciaron los docentes de Oaxaca y Michoacán no tienen razón de ser.

“No saben en qué lugar están, porque ellos no se perjudican, están perjudicando a los niños, y pues nos gusten las reformas o no nos gusten las reformas, nosotros tenemos que seguir enseñando, así hasta cuando nos digan en este mes no se les va a pagar, se les tiene que enseñar, de una u otra hay que sacarlos adelante y hay que seguirle”, afirmó el profesor Uriel, quien a sus 16 años considera que los niños de bajos recursos también tienen derecho a aprender.

En tanto, el maestro Raymundo opinó que las leyes secundarias de la reforma educativa sí afectan a los maestros, porque “los que saben se quedarán, y los que no, se irán, pero aquí lo primordial es que como maestros no descuidemos a los niños, porque la finalidad de un paro es perder tiempo”, concluyó.

Nada los detiene

Excélsior publicó que los instructores comunitarios, en Guerrero, han enfrentado amenazas del crimen.

Los instructores y asesores del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) han enfrentado amenazas y extorsiones por parte de grupos delictivos, denunció la directora general de la dependencia, Carolina Viggiano Austria.

Dijo que en Guerrero han recibido amenazas de cobro por derecho de piso, lo cual pone en riesgo el trabajo educativo en las localidades marginadas.

No obstante, aclaró que el servicio nunca se ha suspendido, pero sí hay más riesgo de que los instructores deserten del servicio, debido al temor por la situación en la que asisten a dar clases.

La funcionaria reconoció: “No hemos tenido incidentes o accidentes relacionados con la inseguridad, salvo el caso de Guerrero que es donde a veces nuestros jóvenes o nuestros funcionarios y trabajadores reciben amenazas o exigencias de cobros indebidos.”

Datos recientes del Conafe indican que la tasa de deserción promedio de los instructores es de 20%; es decir, que por cada 10 instructores, dos no concluyen su labor.

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