Impotencia, ignorancia y calentura
Miguel Gurwitz
La bronca se pudo haber evitado si la calentura no hubiera llegado a la cabeza de Luis Alfonso Cruz. 12/03/2013 00:30
Todo eso se conjugó para que México se despidiera de forma temprana y sorpresiva del Clásico Mundial de Beisbol.
Nada más ignorante que decir que México perdió con equipos de escasas capacidades. Tanto canadienses como italianos tienen jugadores de relevancia en Grandes Ligas, así como en AAA. Aunque esto no debe ser nunca un pretexto, ya que México tiene peloteros del mismo nivel, y dos derrotas en esta primera etapa no estaban en el presupuesto de nadie. Pero se presentan cuando los peloteros no salen en un buen día; cuando al mánager no le asisten las ideas y un poco de sentido común. Se presentan cuando un infielder es mandado al jardín izquierdo; cuando el coach de tercera o el bateador en turno no le avisan a su compañero que tiene que tocar home después de un encontronazo con el catcher en el que el umpire no había marcado nada.
Y de la derrota nos vamos al mal desahogo de la impotencia.
En el beisbol existe un código no escrito que indica que equipo que tiene ventaja considerable en la última entrada no debe tocar la pelota, ya que esto se puede interpretar como una burla. Esto en un partido normal, pero resulta que el Clásico Mundial de Beisbol no es un juego de pelota “normal”. Hay muchas reglas que modifican varios aspectos del juego, y una de ellas es el “carreraje”, y tiene dos sentidos: uno, que el equipo que logre sacar ventaja de 10 carreras gana el juego en automático (se le llama knock out), dos: las carreras anotadas y recibidas resultan un factor de desempate, lo que comúnmente no sucede en el beisbol.
Canadá había perdido por “knock out” ante Italia, de tal forma necesitaba generar el mayor número de carreras para recuperar esa desventaja, así que tocar la pelota en esas circunstancias nada tiene que ver con el famoso código.
La bronca se pudo haber evitado si la calentura no hubiera llegado a la cabeza de Luis Alfonso Cruz, tercera base mexicano que le solicitó a su pitcher golpear al siguiente bateador. Pudo haberse evitado si el mánager mexicano, Rich Rentería, hubiera tenido la capacidad de razonamiento (como la tuvimos todos los que nos gusta este deporte), para saber lo que pasaría después del toque de bola. Él tenía la obligación de pedir tiempo para juntarse con sus peloteros en la lomita para pedirles tranquilidad. Pero no, no hubo el mínimo de capacidad.
Y cuando estos tres componentes los metemos en la misma cazuela, el resultado no puede ser otro que el vergonzoso fracaso del equipo mexicano.
Y a los dirigentes lo que les toca, nadie puede olvidar que este equipo se armó con altísimas dosis de grilla.
