Por una nueva educación
Mario Luis Fuentes
El secretario Chuayffet tiene enfrente la tarea de transformar un sistema educativo fracturado... 11/03/2013 02:32
De que al Estado le compete ejercer la rectoría sobre la educación, no hay duda alguna. Tal es el espíritu de la Constitución, desde su promulgación en 1917 hasta la última reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el pasado 26 de febrero de 2013.
En su carácter programático, la Constitución no sólo establece la garantía del derecho a la educación, sino que, además, en el párrafo segundo establece que: “La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”.
Más adelante, en el inciso a) de este artículo constitucional, se consigna que la educación será democrática, entendiendo a ésta no sólo como un régimen político sino sobre todo “como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
El contenido de este artículo tiene alcances mayores. En un reciente texto publicado en la revista México Social, la filósofa española Adela Cortina —alumna de Habermas y Apel—, sostiene que la democracia tiene como propósito esencial educar al pueblo a fin de que éste cuente con las capacidades de reproducir los valores y las garantías de un sistema constitucional para la justicia.
Lo anterior, de asumirse a cabalidad exigiría, pensando en Werner Jeager, de una nueva Paideia; es decir, de un nuevo sistema educativo capaz de transmitir conocimientos para la formación de lo que hoy se conoce bajo la categoría de “capacidades”, pero lo más importante, asumir el rol pedagógico para la formación de una nueva generación de ciudadanos, capaces de asumir como principios de vida la defensa de la dignidad y la libertad, como los elementos fundantes de una vida en civilidad.
Lo que necesitamos, pues, pensando en el ideal civilizatorio griego, es una renovada arquitectura educativa, entendiendo por esto el significado histórico del concepto del arché, es decir, un orden racional que dé pleno sentido a la organización de la sociedad y su acción.
Construir ciudadanía es el mayor reto que puede asumir cualquier Estado, y por ello es exigible a sus instituciones diseñar las estrategias requeridas para dar pleno cumplimiento al mandato constitucional, pues debe entenderse, de una vez por todas, que si algo puede generar cohesión social y, por lo tanto, un sentido compartido de nación y de proyecto, es precisamente una educación crítica.
Para el secretario Chuayffet el reto es mayúsculo; tiene enfrente la tarea de transformar un sistema educativo fracturado en uno que sea un eficaz instrumento “igualador” en nuestra sociedad.
Educar para la paz, para comprender la complejidad del siglo XXI y para darle viabilidad a un proyecto democrático de largo aliento va a requerir de toda una nueva lógica en los planes de estudio, en los cuales deberá colocarse a las humanidades y las artes, al mismo nivel que la formación científica y tecnológica, pues sin cultivar al espíritu jamás podremos darle fortaleza moral a nuestras acciones.
Ante tal reto, el gobierno federal tiene la responsabilidad de impulsar una nueva política educativa, en aras de edificar una ciudadanía plena, capaz de exigir, para todas y todos, el pleno cumplimiento de los derechos económicos, sociales, ambientales y culturales.
*Director del CEIDAS, A. C.
