Pido amparo a Miguel Ángel Mancera

María Luisa Mendoza

23/03/2013 01:28

Pido amparo a Miguel Ángel Mancera

Le llamo darle vueltas al canasto de la ropa limpia… a ese titubeo en donde no sabes cómo empezar o por dónde. Lo por escribir debe de ser muy bien hecho, elocuente, preciso, nada sentimental ni emocional, aunque sean dos características personales que mucho me favorecen y más me critican y de las cuales huyo a veces no tan rápido. Lo tratado hoy me toca el corazón, si no inclemente, sí estorboso: es un asunto personal (lo cual si se me lee es correspondiente a como mi nombre lo indica…), es mi casa, “mi pobre casa”, como dicen mis coterráneos bajienses, mi único bien además de mi computadora y un abrigo de pieles que me regalaron en China y no me pongo por vergüenza. Creé mi casa hasta para la hora de mi muerte, rehíce su vejez que arrastra desde principios del siglo XX, allá en la Revolución, construida por alemanes frente a un jardín fabuloso, subdividido en tres y reducido a dos, el mío con una jacaranda casi agonizante por lo maltratada, que me cubre de alborozo anualmente, luz plumbago de mi vida, suave estar en la tierra llena de azul —alfombra de Dios—. Debo aclarar que la rama mayor cubre un pedazo del terreno de junto y cuya vida (de la jacaranda) ya fue amenazada con serrucharla. Y por fin llegué al meollo en lugar de andar por caminos de Úbeda:

La casa de junto a la mía vendióse a una de esas empresas codiciosas que arrasan con lo verde y tiran, hacen agujeros enormes, levantan una casa de apartamentos con cuartos como casitas de perro o clósets… Sin permiso de tres pisos planean diez, cuando la ley dice que tres son suficientes y ni uno más. Vivo en la calle del general Juan Cano 63, las ruinas que usted ve, señor jefe de Gobierno, don Miguel Mancera, es el 65. Pase por aquí tal un servicio para una ciudadana cumplidora de sus obligaciones y quien ha entregado la vida al servicio de mi país desde mi oficio de periodista y escritora. Va a ver lo que es cajeta: visualizar la rama primigenia de la jacaranda y el montón de basura y desgracia. Yo, muy seria, trato de escribir, leer, oír música, ver tele y dormir. Imposible. ¿Y qué importa?.. San Miguel Chapultepec, ayer colonia residencial, se ha vuelto mercancía “para incentivar la vivienda de interés popular” y eso significa el ampararse en la norma 26, inventada por una izquierda voluminosa que permite de tres a 20 pisos aunque en las “alcobas” no quepa ni una mesa, “al fin no saben escribir”. Pero yo sí, Jefe de la Ciudad, para mí, jefe de Gobierno Mancera (cuyo antepasado, juro, inventó el divino juego de taza y plato pegados para beber chocolate durante las funciones de teatro en la Colonia). Por favor, no pido un milagro, sólo una construcción digna de tres pisos y respetando los dos árboles centenarios que bordean las susodichas ruinas y mi propiedad: un pinote y otro colosal árbol altísimo, amén de mí de mi, digo, jacaranda, que esparce su belleza en el terreno adquirido por la ambición de volver colonia en barrio populachero de ruido, basura y, claro, privación de sol —mi casa solariega, tornasolada—, mi aire —cuatro vientos—, mi día y noche silenciosos —es un decir—. Por favor, señor Mancera, ayúdeme a vivir lo que me queda de respiración… Protéjame, ampáreme, que la ambición no me mate. Le insisto: es un único bien. ¡Ah!, y mis perritos guardianes junto al ángel que me cuida.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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