Un día aterrorizante, con Papa y todo

María Luisa Mendoza

No puedo proseguir la entrevista porque descubro horrorizada que me corren las lágrimas por los cachetes… 16/03/2013 02:09

Un día aterrorizante, con Papa y todo

Lo siento, no puedo huir de mi circunstancia, del cuerpo que habito, de los años finales. Lo siento, puesto que mis colegas insisten en que aguante  por mi culpa, por mi culpa. Pero háganme el favor: amanezco igual de taranta por dormir poco; en seguida llegan los periódicos espeluznantes con muertes y lápidas por todos lados. El llamado desayuno sabe a nada, ni siquiera a un granito de sal. Me apresuro al baño porque el agua es un reto o hierve como té de abuela  o se vuelve milimétricos trozos de hielo y tú con la cabeza enjabonada y ni quién te haga caso. Continúan las prisas aceleradas con la vestida a la trompa talega, pues sabes que va a llegar Ángeles González Gámio y su troupe de televisión para entrevistarte, no intuyes  sobre qué diablos. Pero antes se aparece el maestro Héctor Gómez, quien milagrosamente enseñóte a escribir en la computadora, venciendo mi pavor y culpa por no saber hacerlo hace años… hoy viene a limpiar la máquina y a instruirte sobre recibir emails y devolverlos. Mésome la melena porque en ese momento aparece Ángeles (un montón de ángeles) con nutrido equipo… oigo a lo lejos los gritos en la tele de que ya tenemos Papa, los perros ladran tal coro de Viena, Jila me pide un dineral para pagarles a los del gas, que están cargando mi tanque y yo me siento a llorar porque ya no puede usar mi jardín para la tele, dado su estado de empolvamiento de la madre de todos los ataques en el desierto ( tiraron al fin la casa de junto y después de la batalla campal de golpes, los dos árboles: un pino enorme y un gigante verde a su lado; simplemente esperan la muerte decretada por los miserables comerciantes de San Miguel Chapultepec).

“¡Ya tenemos Papa!” berrean los anunciadores teledueños de ti y de mí… Yo hablo a la cámara de mi época en Mascarones, con los grandes maestros y los guapos refugiados de la República Española que nos veían, tomando café con “las polveaditas” como si fuéramos perros de la calle. Mis inteligentísimos compañeros ni los pelaban, sólo nosotras, las muchachas de antes, suspirábamos. Era la gran época de las tres hermosas de filosofía: Norma Wanles, Michel Alban y Lorenza Martínez Sotomayor (entre los varones bellos sólo Tomás Segovia y Luis Rius… a mis amigas les consta). Yo sigo contestándole a mi Ángeles mientras capto cómo apaciguan y se llevan a mis perros… miro a mi hermano Xavier pendiente del teléfono ¡Habemus Papam!.. gritos, sombrerazos, a nadie se le ocurre apagar la televisión… Vuelvo la cara a mi ex jardín y descubro atónita que mi jacaranda ha florecido y pienso quizá por última vez, dado que los miserables del al lado ya me advirtieron que van a serrucharla para construir los veinte y tantos departamentos de tamaño casita de perro. No puedo proseguir la entrevista porque descubro horrorizada que me corren las lágrimas por los cachetes… y nadie lo nota… y me estoy muriendo como en el falso poema de Borges. Pero tenemos Papa…

                Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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