Au Barça!
Marcelino Perello
Intrigan y amarran navajas, con la lamentable complicidad de algunos. 06/03/2013 00:33
A mi estimada Vica,culé apasionada e irredenta.
El legendario entrenador inglés Bobby Robson fue técnico del Barcelona hará unos 12 años. Solamente estuvo dos temporadas. Después de las cuales, y a pesar de que bajo su mando el equipo obtuvo algunos éxitos importantes, renunció. Al despedirse declaró textualmente: “Me voy, lamentablemente me tengo que ir. Yo de lo que sé es de futbol, y el Barcelona es un ejército, el ejército de Cataluña”. Robson tenía razón.
Treinta años antes, el entonces presidente de la entidad, Agustí Montal, en pleno franquismo, había venido a decir algo si no equivalente, similar, de manera mucho más velada, por supuesto. Su lapidaria y concisa consigna hizo fortuna y sigue siendo del todo vigente el día de hoy: “El Barça es más que un club”. Montal también tenía razón.
Desde su nacimiento mismo, el Barcelona fue constituido no como una empresa ni un negocio, sino como un club. Ahí nadie obtiene beneficios económicos. Todo el dinero que se recauda de las cuotas, entradas, venta de productos alusivos, derechos y regalías, se reinvierte en el propio club.
Cataluña es una nación especial, y el Barcelona no podía dejar de serlo. Y sin dejar de ser un club el Barça se convirtió en un símbolo con toda la gloria y las gratificaciones que ello comporta, pero también los inconvenientes, agresiones y hostigamientos inevitables y constantes. Cataluña es una colonia. Perdió una guerra y hoy sigue ocupada militarmente y sojuzgada políticamente. Es una de las pocas “colonias ricas” del mundo. Más rica que los opresores. Hay otras, como Escocia, Quebec o el País Vasco. El gran y malogrado periodista catalán Pep Cabanes se lamentaba así: “Qué triste a estas alturas ser una colonia. Y ni siquiera somos negros”.
Al no poder contar pues con una selección propia de futbol que los represente en las competiciones internacionales, con toda la importancia alegórica que ello significa, y que los mexicanos —como todo el mundo— conocemos bien, el Barça se convirtió automáticamente en su substituto.
Además de la cuestión nacional, en el Barça se concentran los valores libertarios, progresistas y republicanos, que contrastan flagrantemente con el conservadurismo franquista, monárquico y retrógrado de los merengues. Al iniciarse la mal llamada guerra civil, el presidente del Barcelona, Josep Suñol, fue capturado y fusilado por los fascistas. Podría relatarle una recua de episodios a cual más indignante e ilustrativo que pueblan la emocionante trayectoria de este auténtico fenómeno. Ya tendremos oportunidad, usted y yo, de recordarlos más adelante. Hoy es de otra cosa, que no deja de ser la misma, de lo que quiero hablar.
El Barça atraviesa horas bajas. No es la primera vez. Pero el hecho nunca había atraído tanto la atención mundial. Por dos motivos. El primero, esencialmente deportivo, es que las opiniones acerca del club están divididas: unos lo juzgan actualmente el mejor equipo del mundo, mientras que otros lo consideran el mejor equipo de la historia. De manera que las noticias recientes en los medios deportivos —y en los no deportivos— no son tanto que ganó el Milan o que ganó el Real Madrid. La noticia es que perdió el Barça. Los triunfos del Milan o del Madrid quedaron en segundo plano.
El segundo de los motivos es que desde septiembre pasado se produce en Cataluña el alzamiento popular en pos de la independencia y que lleva al Parlamento Catalán a promulgar la “Declaración de Soberanía” hace apenas un mes, y que desembocará el año que viene, en el referéndum nacional por la Independencia.
Así pues los tiznadazos por parte de los españoles —no sólo de la monarquía y del gobierno— no tardaron en dejarse venir. De momento bajo la forma de calumnias, amenazas y denuestos mediáticos, políticos y judiciales. Pero no son pocas las voces, algunas de ellas desde la cúpula del ejército, exigiendo la intervención militar. Hasta ese punto. Así están las cosas. De manera que no es nada sorprendente que el Barça, emblema nacional, se convierta en blanco privilegiado. Intrigan y amarran navajas, con la lamentable complicidad de algunos quintacolumnistas, que nunca faltan, ay. Ello ha creado un cierto desasosiego en las filas culés.
No hubiera sido grave si a ello no se hubiera añadido un hecho repentino y desolador. Al joven y brillantísimo, nuevo técnico del primer equipo, el ya entrañable Tito Vilanova, le descubren un cáncer especialmente agresivo en la glándula parótida, y se ve obligado a dejar el banquillo. Imagine, pues, caro lector, aficionado o no al futbol, culé o no, el clima y el ánimo que debe reinar en ese vestidor, cuando su jefe y amigo, la figura simbólica del padre, se encuentra en ese terrible trance.
Nuestro Barça atraviesa por una crisis grave, sí. Pero esa crisis no es deportiva. No lo es en primer lugar. Es política y nacional. Nadie espera que el tránsito a la libertad sea fácil e indoloro. Pero a ello se suma un genuino drama humano, que encoge los corazones y amarra las manos, frente al cual hay pocos paliativos y linimentos. ¿Le daría usted las gracias a Tito y, compungido, lo despediría para traer otro técnico de primer nivel? En el Barça esas cosas no se hacen. No es el estilo de la casa. Hay algo más importante que las copas y la posición en la tabla.
Es el momento de sacar fuerzas de flaqueza. De recurrir a la historia gloriosa, plagada de obstáculos, que nos antecede y encontrar en ella los recursos que permitan sobrepasar los tiempos duros en los que se encuentra y los más duros aún que se avecinan. No será fácil.
Pero el recuerdo de esas repetidas magníficas epopeyas estimulará nuevamente una serena también entusiasta disposición. Jamás una nación tuvo otro adalid ungido sobre terrenos específicamente deportivos. Victorias espléndidas rezuman optimismo no importando cuántos atracos miserables intenten armar.
Saben navegar en aguas procelosas y con viento de cara, aunque ahora les pese, son los propios abyectos los que los han curtido y obligado a aprenderlo. Volveremos a padecer, volveremos a enfrentarnos a adversarios y adversidades. Volveremos a triunfar. Au Barça!
