Tumbando caña
Marcelino Perello
05/03/2013 02:00
Desde hace una semana las siglas EEG ya no designan en primer lugar un electroencefalograma. Los ecos de la campanada aún no se extinguen, y todavía no se precipita el cieno levantado. Las aguas siguen turbias. Y lo seguirán por mucho tiempo, me temo. Aún no se ve clara toda la dimensión y significación de lo ocurrido.
Ya le dije aquí mismo, perspicaz leyente, que a todas luces el presidente Peña arriba a tambor batiente. No habían transcurrido tres meses de su mandato cuando se decide a dar su primer golpe serio sobre la mesa. Elba… tacazo.
Las razones para defenestrar a EEG, la ya legendaria, poderosísima y hasta ese momento intocable cacique (¿cacica?) del magisterio mexicano, son evidentes y no merecen mayor discusión. Enunciarlas basta. Son tres.
En primer lugar la degradación acelerada de la calidad de la enseñanza elemental y media en nuestro país. Esa degradación no fue EEG quien la originó, ciertamente; ya venía en proceso desde tiempo atrás, pero sí fue su responsabilidad llevarla a niveles imprevisibles, alarmantes e insostenibles.
Si usted ha estado en contacto con alumnos de una escuela pública o si ha pasado por la nada recomendable experiencia de visitar el salón de clases en pleno funcionamiento, sabrá de lo que estoy hablando. Se trata de una auténtica catástrofe, cuyas verdaderas consecuencias no serán percibidas sino tiempo más adelante. Los profesores de educación superior ya las padecemos desde ahora, cuando tenemos que lidiar con las camadas de jóvenes iletrados que desembarcan tan campantes en las aulas universitarias.
Dicho desplome del nivel escolar es abonado por las pasmosas prebendas de que “gozan” los agremiados. Las inspecciones tan regulares como temidas hace 50 años, han desaparecido del todo. No existe control alguno ni de su capacidad docente ni del cumplimiento de sus obligaciones magisteriales.
Las plazas son vitalicias, negociables y heredables. Su único atenuante, que en realidad no lo es, reside en los irrisorios salarios que reciben los maestros, como retribución de no sé qué. Tal cual. Esa es la situación. El “futuro de México” está en manos de incompetentes, trácalas y holgazanes. Salvo las escasas, y por ello mismo tanto más honrosas, excepciones. Más vale no hacernos pendejos.
En segundo lugar, el liderazgo de EEG no era decimonónico, era paleolítico. Un escándalo intolerable, que sin embargo los regímenes panistas toleraron gustosos. La soberbia de la maestra (maestra únicamente en el arte y la ciencia del despotismo) había llegado a límites asombrosos. Dignos de un lugar de honor en el Guinness. No sé en qué sección. Y es esa soberbia, su altanería paroxística, la que la hundió. Más exactamente fue uno de los principales lastres de su naufragio.
Bajo su égida se produjeron desfalcos multikilomillonarios de los fondos de ese feudo medieval que por alguna razón muchos insisten en seguir llamando sindicato, y que dejan chicas las trapacerías del reinado de Jonguitud Barrios, que ya es decir. Acompañados por los desplantes ostentosos y desafiantes como los de las Hummer o de Tiffany’s, que se habían vuelto el pan de cada día.
Fíjese. Sin duda sabe usted de esa pirueta lingüística que se produce en inglés. Lo que aquí, y en todas las lenguas latinas, llamamos “Sindicato”, en el sentido de una asociación de trabajadores en defensa de sus derechos laborales (insisto: laborales), los gringos lo llaman Labor Union o simplemente Union. Y la palabra Syndicate la reservan en primer lugar para designar lo que aquí conocemos como “mafia”, organización criminal. Así que la directiva del SNTE lo único que hacía era recurrir a un préstamo idiomático. No hay fijón.
Normalmente los fraudes, malversaciones y peculados se asocian a prácticas ocultas, subrepticias. A la maestra EEG deberemos agradecerle la introducción de una nueva figura en el abanico de las conductas humanas: la del fraude ostentoso, obsceno.
Y en tercer lugar, last but not least, es preciso constatar que EEG y su imperio se habían convertido en un genuino poder paralelo. En un contrapoder, en un cacicazgo independiente del Estado. Gordillo, priista de cepa y que el presidente Salinas puso como cabeza del SNTE cuando hizo a un lado a Jonguitud, casi simultáneamente empezó a alejarse del Institucional. El PRI ya no le hacía falta. Su carrera como “disidente” la inició con el efímero y decepcionante Grupo San Ángel. Decepcionante excepto para aquellos a los que sirvió de trampolín para lanzarse de cabeza al foxismo.
La flamante dirigente sindical se mantuvo formalmente en el PRI, a pesar de su cercanía y complicidad inocultables con el presidente Fox. Los priistas, encogidos, no se atrevieron a echarla fuera, temerosos de su poder. No lo hicieron sino en 2006, cuando ya la situación se había tornado insostenible. Demasiado tarde. Su insidia explica en buena medida los fracasos electorales de 2000 y de 2006.
A pesar de estos tres elementos contundentes, aún hoy hay quien cuestiona la legalidad y pertinencia de su detención y consignación, alegando los principios de libertad y autonomía sindicales. Pero entendámonos. Tales principios no pueden ser erigidos en defensa de cierta extraterritorialidad feudal.
Debería ser obvio que si existen sospechas fundadas de la comisión de un delito mayor, el Estado, si quiere presentarse y actuar como tal, no puede ni debe cruzarse de brazos y seguir haciéndose de la vista gorda, como lo ha venido haciendo desde hace 18 años. Todo tiene un límite y los excesos cometidos por la dirigencia del SNTE ya lo rebasaron estrepitosamente. Su desacato no tiene nombre. O sí.
Prevaricaciones reiteradas indicaban voracidad insaciable luciendo en grotescas impudicias ofensivas. A menudo alteraron reportes auditados vaciando impunemente cuentas autorizadas, quisieron urdir el extenso latrocinio laberíntico al tramar envíos a mercados europeos, el sistema utilizado nunca logró una justificación oficiosa.
Aun si la actuación jurídico-ministerial parece indiscutible, queda por dirimir el aspecto político. La alternativa es si Peña Nieto va en serio y el albazo/elbazo se va a sostener y fungirá como ejemplo de su disposición ante otros transgresores impunes, o bien si se trata únicamente de un “tate quieto” negociable, con la sola pretensión de bajarle los humos a la altiva adversaria. Es muy temprano para decirlo.
Una evidencia más, sin embargo, sorprende y se impone: ya vimos que EEG tiene enemigos, ¿pero dónde estarán sus amigos? Sus colaboradores, beneficiados, seguidores y siervos, parecen haberse hecho humo. Terrible. La fragilidad de una fuerza aparentemente enorme, pero al fin y al cabo de pacotilla. Todo indica que los falsos incondicionales de repente se volvieron condicionales, y se arrugaron ante un adversario que parece, para bien o para mal, haber llegado tumbando caña.
*Matemático
bruixa@prodigy.net.mx
