¿A quién ha servido la Revolución?

Luz Emilia Aguilar Z

07/03/2013 00:30

¿A quién ha servido la Revolución?

A cien años de la Revolución Mexicana, que costó una cifra que suele redondearse en 900 mil muertos, el campo mexicano está asolado por el crimen y la impunidad, en México no tenemos suficiencia alimentaria ni energética, y el signo de la política es la imposición, el abuso y la demagogia.

Volver la mirada un siglo atrás, a ese periodo de confrontaciones armadas, de esperanza y traiciones, nos enfrenta al triste reconocimiento de que la equidad, la democracia y la paz social están lejos. La guerra parece que no acaba nunca. Transcurre por momentos a la vista de todos, en otros soterrada como la llamada guerra sucia. México es el infierno y paraíso donde un solo hombre acumula la fortuna más grande del mundo, mientras 52 millones de personas están sumidas en la miseria. En estos tiempos de restauración, si la justicia sirve para algo no es para castigar el crimen, sino la desobediencia. La corrupción es bienvenida, siempre y cuando sea con la cabeza baja.

En la dramaturgia mexicana contemporánea son contados los autores que se interesan por los temas históricos. Martín López Brie, egresado de la Carrera de Literatura Dramática y Teatro, de la UNAM, emprende con su obra El culebra un ejercicio de memoria cargado de ironía, agudeza crítica, ingenio y sentido del humor.

Los personajes son un soldado anónimo que aspira conquistar su estatua de bronce en el panteón de los héroes, la mujer a quien se robó e “hizo suya” y por consecuencia lo sigue, y un periodista estadunidense, de ascendencia mexicana, que vino a nuestras tierras para entender su origen y en busca de una historia para hacerse famoso. El trío de infortunados recorre los montes siguiendo los mensajes de un tal Martín López, quien supuestamente los guía hacia un tesoro. En el viaje se enredan en sus recuerdos, mentiras, deseos y traiciones.

La obra tiene rigurosos planteamientos, nudo y desenlace, una trama sencilla transcurre cronológicamente y mantiene la atención del espectador con un hábil desarrollo de tensiones, en el escarnio del vicioso y una imaginativa conjugación del lenguaje. La estructura y los recursos de esta obra van más en busca de eficiencia comunicativa, de claridad y el ejercicio de un sólido oficio, que de renovación o experimentación con las técnicas en boga.

Para esta ficción delimita el autor, director e iluminador López Brie un rectángulo en el teatro El Granero, rodeado de butacas en tres costados. El piso en el que reclaman, divagan y desvarían los personajes es una cama de maíz, que llena el ojo de luz y aporta una carga simbólica. La utilería consiste en cuatro o cinco huacales rústicos, dos pistolas, una carabina, un gastado molcajete, una pieza de maíz morado y una jícara para agua. El vestuario, por el que lleva crédito Marina Meza, luce deliberadamente polvoriento, luido, en referencia efectiva y un tanto satírica al desgarramiento de esas vidas, en aquellos confines del tiempo. En el paso de escena a escena, en el tejido del ritmo, de los contrastes, el uso de arreglos de La cucaracha y otras composiciones, está presente una asimilación del sketch. Una aliada eficaz es la iluminación, por la que también lleva crédito el director, que deja ver con presencia discreta y coadyuva en la configuración de las atmósferas.

En el papel de Ausencia, Sofía Beatriz López ofrece un desarrollo dosificado de tonalidades. Encarna la mujer sometida en apariencia y capaz de tramar maquiavélicas estrategias para liberarse. Hay en su mirada y sus gestos ternura, violencia, rebeldía y desolación. Como Rotundo Canijo El culebra, Alejandro Morales tiene presencia, imaginación, relieve y gracia. Y como Mr. Brice, Óscar Serrano Cotán, quien acaba de asumir este papel apenas el lunes pasado, brinda un aventurero con acento norteamericano, en principio convincente, pero al que falta desarrollar contraste. El conjunto logra un trabajo que el público, que casi llenó completamente el teatro en la función a la que asistí, agradeció con risas continuas y un largo y efusivo aplauso al final.

Con esta obra Martín López Brie aborda los estereotipos del heroísmo revolucionario, el machismo, la lealtad de las soldaderas, las hazañas del periodismo de guerra y la pureza de los ideales libertarios para mostrarnos su reverso: la comicidad es aquí un recurso desmitificador. El culebra, que ha tenido una exitosa trayectoria en Teatro Escolar, termina su temporada en El Granero, Xavier Rojas, el siguiente lunes 11 de marzo. La función es a las 20:00 horas.

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