Paz y desarme posibles
Luis Gutiérrez Esparza
Se ha generalizado el criterio de que es posible lograr un tratado para la eliminación definitiva de las armas nucleares. 13/03/2013 00:30
GANTE, Bélgica.— El movimiento por la paz en el mundo vive durante 2013 un fortalecimiento notable, que implica avances en la gestión del desarme y en la acotación del militarismo (con su secuela de gasto excesivo en detrimento de lo social). En Gante, Bélgica, una de las organizaciones señeras de la sociedad civil global, la Red Internacional No a la Guerra-No a la OTAN, llevó a cabo el fin de semana último, la reunión anual de su Comité Coordinador Internacional (CCI) y abrió las puertas para una mayor presencia en América Latina y en África.
Unos días antes, en Oslo, durante el Foro de la Sociedad Civil organizado por la Campaña Internacional para la Eliminación de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) y en la Conferencia Internacional sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, auspiciada por el gobierno de Noruega, se logró un consenso gubernamental y social para avanzar hacia la desaparición de la amenaza nuclear, que pende cotidianamente sobre el género humano y puede ser la causa de su extinción.
“El desarme nuclear debe servir como la punta de lanza de un movimiento global para la desmilitarización y el reencauzamiento de los recursos disponibles, a fin de que sean dedicados a la satisfacción de las necesidades humanas básicas y al restablecimiento del equilibrio del medio ambiente”, sostuvo el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), con sede en México, tanto en la reunión anual del CCI en Gante, como en el Foro de la Sociedad Civil en Oslo.
¿Por qué deben preocuparnos las actividades de la OTAN, presente cada vez en más regiones del planeta; así como su expansión global? En primer lugar, porque esa alianza, al servicio de Estados Unidos y sus aliados europeos occidentales, significa más guerras. Nunca ha sido, ni será, una organización para la protección y la seguridad.
La OTAN no es el proveedor de seguridad internacional que dice ser. No es un socio de la Organización de las Naciones Unidas, a la que ha eclipsado y mutilado y pretende someter; ni de ninguna otra organización internacional o regional. Tampoco desempeña el papel de base o cimiento para una “alianza de las democracias”.
La OTAN es un pacto ofensivo, sin ley y asesino, que se reserva de forma unilateral el derecho de realizar operaciones militares de toda envergadura en el mundo entero. Es una amenaza para la humanidad; y América Latina la tiene a su lado: los más de tres mil kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos, son la frontera de América Latina con la OTAN.
El gobierno de México ofreció en Oslo ser anfitrión de una segunda conferencia internacional sobre el impacto humanitario de las armas nucleares. La propuesta mexicana fue recibida con beneplácito y una aclamación generalizada; pero más allá de los acuerdos intergubernamentales, cuidadosa y muchas veces dificultosamente logrados, se ha generalizado el criterio de que es posible avanzar hacia un tratado o una convención para la prohibición total y eliminación definitiva de las armas nucleares.
Dos objeciones fundamentales han sido planteadas al respecto: en primer lugar, que el énfasis humanitario soslaya la ilegalidad de las armas nucleares en el marco del derecho internacional. No es así. Se trata de un recurso que sí puede sensibilizar a la sociedad civil, llegar al conocimiento de los pueblos, como lo subrayó la brillante negociadora mexicana María Antonieta Jáquez, directora general adjunta para Desarme de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
La otra es que la ausencia de las potencias nucleares vuelve inútiles los esfuerzos del resto del mundo. Ésta es una afirmación torpe, además de malintencionada. Si el resto del mundo logra acordar y aprobar el tratado o convención de referencia, esa ínfima minoría quedará acorralada y no tendrá más remedio que aceptar los resultados… o subir al tren del desarme nuclear antes de que la deje atrás.
En cuanto a la Red Internacional No a la Guerra-No a la OTAN, copresidida ahora por la francesa Claire Chastain y el alemán Lucas Wirl, pronto dará de qué hablar en todo el mundo.
GANTE, Bélgica.— El movimiento por la paz en el mundo vive durante 2013 un fortalecimiento notable, que implica avances en la gestión del desarme y en la acotación del militarismo (con su secuela de gasto excesivo en detrimento de lo social). En Gante, Bélgica, una de las organizaciones señeras de la sociedad civil global, la Red Internacional No a la Guerra-No a la OTAN, llevó a cabo el fin de semana último, la reunión anual de su Comité Coordinador Internacional (CCI) y abrió las puertas para una mayor presencia en América Latina y en África.
Unos días antes, en Oslo, durante el Foro de la Sociedad Civil organizado por la Campaña Internacional para la Eliminación de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) y en la Conferencia Internacional sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, auspiciada por el gobierno de Noruega, se logró un consenso gubernamental y social para avanzar hacia la desaparición de la amenaza nuclear, que pende cotidianamente sobre el género humano y puede ser la causa de su extinción.
“El desarme nuclear debe servir como la punta de lanza de un movimiento global para la desmilitarización y el reencauzamiento de los recursos disponibles, a fin de que sean dedicados a la satisfacción de las necesidades humanas básicas y al restablecimiento del equilibrio del medio ambiente”, sostuvo el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), con sede en México, tanto en la reunión anual del CCI en Gante, como en el Foro de la Sociedad Civil en Oslo.
¿Por qué deben preocuparnos las actividades de la OTAN, presente cada vez en más regiones del planeta; así como su expansión global? En primer lugar, porque esa alianza, al servicio de Estados Unidos y sus aliados europeos occidentales, significa más guerras. Nunca ha sido, ni será, una organización para la protección y la seguridad.
La OTAN no es el proveedor de seguridad internacional que dice ser. No es un socio de la Organización de las Naciones Unidas, a la que ha eclipsado y mutilado y pretende someter; ni de ninguna otra organización internacional o regional. Tampoco desempeña el papel de base o cimiento para una “alianza de las democracias”.
La OTAN es un pacto ofensivo, sin ley y asesino, que se reserva de forma unilateral el derecho de realizar operaciones militares de toda envergadura en el mundo entero. Es una amenaza para la humanidad; y América Latina la tiene a su lado: los más de tres mil kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos, son la frontera de América Latina con la OTAN.
El gobierno de México ofreció en Oslo ser anfitrión de una segunda conferencia internacional sobre el impacto humanitario de las armas nucleares. La propuesta mexicana fue recibida con beneplácito y una aclamación generalizada; pero más allá de los acuerdos intergubernamentales, cuidadosa y muchas veces dificultosamente logrados, se ha generalizado el criterio de que es posible avanzar hacia un tratado o una convención para la prohibición total y eliminación definitiva de las armas nucleares.
Dos objeciones fundamentales han sido planteadas al respecto: en primer lugar, que el énfasis humanitario soslaya la ilegalidad de las armas nucleares en el marco del derecho internacional. No es así. Se trata de un recurso que sí puede sensibilizar a la sociedad civil, llegar al conocimiento de los pueblos, como lo subrayó la brillante negociadora mexicana María Antonieta Jáquez, directora general adjunta para Desarme de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
La otra es que la ausencia de las potencias nucleares vuelve inútiles los esfuerzos del resto del mundo. Ésta es una afirmación torpe, además de malintencionada. Si el resto del mundo logra acordar y aprobar el tratado o convención de referencia, esa ínfima minoría quedará acorralada y no tendrá más remedio que aceptar los resultados… o subir al tren del desarme nuclear antes de que la deje atrás.
En cuanto a la Red Internacional No a la Guerra-No a la OTAN, copresidida ahora por la francesa Claire Chastain y el alemán Lucas Wirl, pronto dará de qué hablar en todo el mundo.
