¿Potencia turística?
Luis F. Lozano Olivares
23/03/2013 01:22
Un anhelo histórico de los gobiernos mexicanos ha sido convertirnos en una verdadera potencia turística. El gobierno de Felipe Calderón, mediante un acuerdo nacional, se puso la meta de estar dentro de los cinco primeros destinos turísticos del mundo y el gobierno actual tiene pretensiones similares. No es gratis, verdaderamente tenemos un país excepcional; fuera del esquí en nieve y algunos deportes de invierno, este país tiene todo.
Durante los últimos 40 años, la política del gobierno federal se ha centrado en el turismo de playa. Hemos desarrollado ciudades enteras con infraestructura local y servicios de primer mundo y nos hemos colocado dentro de las mejores opciones del mundo para dicho segmento. Sin embargo, hace falta una política turística de Estado que incluya otros tipos de turismo para convertirnos en una potencia.
Estamos en el momento en que España vivía en los sesentas. En ese entonces, España estaba consolidada como la playa de Europa. El reto entonces, era cómo atraer a otro tipo de turismo. Fue cuando el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, definió una estrategia para meter a la gente de las playas a los pueblos y a las ciudades culturales. Ese modelo debería ser estudiado por las autoridades de turismo, porque tenemos una riqueza cultural mínimamente aprovechada internamente y desperdiciada frente al turismo exterior.
Por eso estoy de acuerdo en que el Tianguis Turístico sea itinerante, porque da la posibilidad de que operadores de turismo mundial visiten ciudades como Puebla, que tiene mucho que enseñar.
Sin embargo, existen dos retos elementales y esenciales para lograr ese crecimiento y ninguno de los dos se soluciona con una política de comunicación más efectiva o con mercadotecnia.
El primero es el de la seguridad. Cualquier turista busca como principal atributo de un destino que éste sea seguro. Nadie paga por sentirse inseguro y México hoy no garantiza la seguridad de nacionales y extranjeros por más política de comunicación que se tenga. Las carreteras no son seguras y muchas de las ciudades turísticas donde la gente ha vivido del turismo durante décadas son muy inseguras. Esto nos recuerda que no por dejar de hablar de la inseguridad, ésta va a desaparecer o va a solucionar el problema real de la irresponsabilidad de las autoridades locales para poner orden en sus territorios. Vea lo que pasa en Mazatlán y Acapulco como ejemplos de infraestructura colocada, pero en tierra de nadie y con autoridades locales coludidas o rebasadas.
El segundo reto es el del establecimiento de infraestructura para llegar y para estar en un destino. Falta comunicación, señalización y seguridad en las carreteras. Un canadiense me decía que él viaja con su mujer en un camper que se convierte en su casa durante meses y que le encantaría dedicarle meses al sureste mexicano, pero que no puede porque tendría que cruzar todo el país para ello y no cree que sea seguro. Tiene razón.
La infraestructura ferroviaria, que ha sido fundamental para el crecimiento del turismo en Europa y España, fue abandonada por décadas. Difícilmente podremos desarrollar nuestras ciudades coloniales o nuestro patrimonio prehispánico si no facilitamos al turista nacional e internacional su llegada a dicho destino y si no garantizamos su seguridad durante el traslado y estancia. Los objetivos planteados para convertirnos en una potencia son realizables gracias a lo que tenemos, pero debemos empezar por aceptar lo que está mal para plantear una estrategia real de cómo llegaremos a dicha meta. Lo demás es humo.
*Abogado y opinante
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