Excélsior en la Historia: La guerra que marcó al siglo

Hoy se cumplen 75 años de la invasión nazi a Polonia que dio el inicio a la Segunda Guerra Mundial

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01/09/2014 07:19 Redacción y Carmen Álvarez

CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando el primero de septiembre de 1939 el führer Adolfo Hitler  lanzó a sus tropas sobre Polonia para el formal inicio de lo que hoy calificamos como Segunda Guerra Mundial, probablemente nunca pensó en las consecuencias.

Al cumplirse 75 años de que comenzara el conflicto más cruento de la historia, y con él culminara un proceso iniciado en la Primera, es de recordar que como ella,  también marcó el inicio de nuevas eras.

Ciertamente fue la última vez que la definición de “bueno” y “malo” tiene claridad, al menos para la mayor parte del mundo. De un lado, democracias capitalistas y gobiernos socialistas; del otro, Estados totalitarios con ideologías absolutas y racistas.

Fue una guerra que literalmente se desarrolló a lo largo de casi tres décadas, con un crescendo que acumuló poco a poco causas, desde la llegada del Fascismo a Italia a la inefectividad de una Liga de las Naciones debilitada; de la crisis económica alemana a la Guerra Civil española; de la creación del Manchukuo, el Estado títere de Japón en China, a la invasión de Etiopía...

Mas de 60 millones de muertos fueron testimonio de la dureza de un conflicto que revivió el concepto de “guerra total” e involucró como nunca a las poblaciones civiles y la estructura económica en el esfuerzo bélico.

Reclamaciones territoriales y reivindicaciones nacionalistas de países presuntamente ofendidos, humillados o menospreciados por sus rivales se sumaron a pretensiones de superioridad racial y ansias de imperio, frente a la relativa complacencia de una comunidad internacional sin forma y sin autoridad. Fue una receta para el desastre.

La debilidad de la Liga de las Naciones fue una lección para el mundo y al final de la guerra se creó la Organización de Naciones Unidas, con más poderes y mejor participación pero igualmente limitada por los intereses geopolíticos de las potencias victoriosas.

La historia de la Segunda Guerra Mundial no es bonita y brinda enormes vergüenzas para vencedores y vencidos.

La guerra terminó, de hecho, con los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, los primeros y hasta hoy los últimos en la historia. Y con ellos dio paso a dos nuevas etapas de la historia humana, la “Guerra Fria” y la “Era Atómica”, que  dieron marco a nuevas concepciones de la geopolítica y la lucha ideológica, amén de abrir la puerta a una nueva revolución tecnológica y la carrera espacial.

La guerra terminó también con el predominio europeo. Estados Unidos, primero, la Unión Soviética después, emergieron como líderes de dos bloques políticos y económicos que se disputaron el predominio mundial durante medio siglo, hasta que la URSS hizo implosión.

Al final de la Guerra, los juicios de Nuremberg introdujeron a la jurisprudencia toda una nueva concepción legal que incluyó los Delitos de Lesa Humanidad.

Ampliamente debatidos, los procesos  establecieron el precedente de que líderes y administradores  pueden ser considerados como responsables de acciones violatorias de normas internacionales de conducta.  

 

Crisis impulsó al führer

La Gran Depresión en Estados Unidos fue uno de los principales motivos del rápido ascenso al poder de Adolfo Hitler en Alemania.

Y es que para capitalizarse tras el desplome de Wall Street en 1929, Estados Unidos dio un plazo de apenas 90 días al todavía Imperio Alemán para que comenzara a pagar los millonarios préstamos que le otorgó en 1924 y 1929.

La extraoficialmente llamada República de Weimar no tuvo a quién recurrir para conseguir esos fondos. Francia y Gran Bretaña seguían recuperándose de la Primera Guerra Mundial y también fueron afectadas por el desplome de Wall Street. La URSS de Stalin estaba en condiciones desesperadas, y EU en bancarrota.

Empresas de todo el país comenzaron a quebrar, dejando a millones de personas sin empleo. En septiembre de 1928 había 650 mil desempleados en Alemania.

Para enero de 1933 ya eran 6 millones 100 mil desempleados, la gran mayoría resentidos, en primer lugar, con la República de Weimar, que fue impulsada por el canciller Gustav Stresemann, fallecido cuatro años antes, y por su sucesor, Gregor Strasser.

Pero también enfocaron su ira hacia Estados Unidos y sus aliados por la enorme carga financiera impuesta al país tras su derrota en la Primera Guerra Mundial.

Ese resentimiento llevó a la mayoría de los desempleados a simpatizar con las agrupaciones políticas más extremistas del país: el partido nazi y los comunistas.

Pero fue el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán el que mejor aprovechó este resentimiento. Apenas en 1928 se encontraba en quiebra y estaba prácticamente excluido de la política.

Sin embargo, comenzó a ganar simpatizantes al mismo ritmo que crecía el desempleo. Para las elecciones parlamentarias de 1930 consiguió 143 asientos en el Reichstag, pese a que Adolfo Hitler apenas esperaba obtener entre 50 y 60 asientos.

Dos años después, en las elecciones de julio de 1932, el partido nazi consiguió 230 escaños y se convirtió en la agrupación política más grande del Reichstag, con lo que comenzó el ascenso de Hi-tler hacia la Cancillería alemana.

 

—De la Redacción

 

La resistencia judía a los nazis

Las políticas de opresión y genocidio alimentaron la resistencia judía contra los nazis con el fin de evitar su exterminio.

Miles de ellos no se resignaron a morir a manos de los soldados alemanes de Adolfo Hitler y decidieron luchar durante la Segunda Guerra Mundial.

Hubo muchos intentos de resistencia. Se gestó más de un centenar de levantamientos judíos armados. La resistencia armada organizada fue la forma más potente de oposición.

La sublevación más grande de ese tipo fue la del Ghetto de Varsovia durante abril y mayo de 1943, que inició por rumores de que los nazis iban a deportar del Ghetto al campo de exterminio de Treblinka en Polonia.

Según da cuenta la Enciclopedia del Holocausto, mientras las fuerzas alemanas entraban al Ghetto, los miembros de la Organización Judía de Combate lanzaban a los tanques alemanes granadas de mano. Les llevó a los nazis 27 días destrozar el Ghetto y sofocar la última resistencia.

Sin embargo, no fue el único lugar de lucha; hubo sublevaciones en Vilna y Bialystok y en varios otros Ghettos. Muchos sabían que esa resistencia de unos pocos no podía salvar a las masas judías de la destrucción.

También en tres campos de exterminio se rebelaron. En Sobibor y Treblinka, prisioneros con armas robadas atacaron. La mayoría de ellos fueron fusilados, aunque docenas de prisioneros lograron escapar. En Auschwitz, cuatro mujeres judías ayudaron a algunos hombres de su misma religión a volar uno de los crematorios, donde ellos trabajaban. Las cuatro fueron asesinadas.

Ésos que lograron escapar de los ghettos huyeron hacia los bosques donde se juntaron con los partisanos y otros decidieron irse a Francia y formar el l’Armee Juive o ejército judío.

Otros tantos lucharon en los movimientos nacionales de resistencia en Bélgica, Francia, Italia, Polonia y otros países de la Europa oriental.

Pero el de las armas no fue el único camino de la resistencia, los judíos también respondieron a la opresión nazi con la creación de instituciones culturales, la continuación de prácticas religiosas y contando su historia, como una manera de frenar los esfuerzos nazis de erradicar a los judíos de la memoria humana.

—De la Redacción

 

México apostó a negociar

Nuestro país contribuyó con su diplomacia y un escuadrón aéreo en el conflicto armado más grande del siglo Xx

La intervención de México en la conflagración bélica más importante del siglo XX comenzó mucho antes que los nazis hicieran estallar la Segunda Guerra Mundial con la invasión a Polonia el 1 de septiembre de 1939.

Sin disparar un solo proyectil y sin gastar nada más que lo mínimo, la diplomacia mexicana logró dos victorias: la primera fue que ayudó a dar el tiro de gracia a la Liga de las Naciones, creada al final de la Primera Guerra Mundial, por no cumplir su misión de ayudar a “prevenir la guerra”. La segunda fue rescatar a más de 40 mil judíos y perseguidos del Holocausto.

La delegación mexicana ante la Liga de las Naciones, encabezada por Narciso Bassols, rechazó la invasión de Benito Mussolini a Etiopía, que pasó a la historia como un crimen de lesa humanidad por el uso de gas mostaza contra la población, significó la agonía de dicho organismo internacional, que ya había demostrado su ineficacia con la invasión de Japón a China en 1931.

México rechazó la propuesta brasileña de que los países latinoamericanos “se desentendieran” del conflicto italo-etíope por ser un asunto de política afro-europea (Historia de las relaciones internacionales de México, 1821-2010. SRE, 2011). La delegación contaba con Marte R. Gómez como embajador de México ante la Liga de las Naciones y Vicente Estrada Cajigal como delegado permanente de la Secretaría de la Defensa.

Testigos de la amistad entre México y esa nación africana son la estación Etiopía del Metro de la Ciudad de México y la Plaza México, en Addis Abeba, para recordar los esfuerzos del gobierno mexicano por reestablecer al gobierno de Etiopía cuando aquel país era invadido por el ejército italiano.

Burlaron a los Nazis

En 1943, cuando la derrota bélica de los nazis estaba cercana, Gilberto Bosques, el cónsul de México en Marsella, fue detenido por la policía secreta nazi, junto con su esposa, sus tres hijos y 40 miembros de su misión diplomática, y enviado a prisión cerca de Bonn.

Para entonces, tanto Bosques como su equipo habían librado de los campos de exterminio a unos 40 mil judíos, republicanos españoles, gitanos e “indeseables” con un visado que trajo a México a una pléyade de artistas e intelectuales que revolucionaron la vida académica y cultural del país.

El escuadrón 201

Aunque las batallas decisivas de México se dieron en el frente diplomático, el país fue arrastrado a la guerra armada cuando dos buques de Pemex, Potrero del Llano y Faja de Oro, que cubrían las rutas de Tampico a Nueva York y de Tampico a Marcus Hook, Pensilvania, fueron alcanzados por submarinos nazis el 14 y el 21 de mayo de 1942.

Luego de recibir entrenamiento en Estados Unidos, 33 pilotos mexicanos del Escuadrón 201 participaron en la Batalla de Luzón, cerca de la capital filipina de Manila, del 4 de junio al 15 de agosto de 1945, días después del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

 

 

Hitler resistió a atentados

Uno de los aspectos menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial es que hubo tantos como 15 atentados contra la vida de Adolfo Hitler.

Los ataques no fueron de audaces agentes aliados. Fueron el trabajo de alemanes, de mayor o menor nivel, pero alemanes.

La resistencia inicial contra Hitler y los nazis surgió de la izquierda política, sobre todo de socialdemócratas y comunistas. Pero no fueron los únicos, y a medida que avanzó el tiempo hubo otros, hasta llegar a la famosa Operación Valkiria del 20 de junio de 1944, cuyos principales protagonistas fueron el coronel Claus von Stauffenberg apoyado por el mariscal Erwin Rommel.

Para ellos, la evidente irracionalidad de las órdenes de Hitler eran ya un peligro para Alemania.

Pero hubo personas como Georg Elser, un campesino y carpintero que trató de matar a Hitler con una bomba plantada bajo el podio donde hablaría en un mitin el 8 de noviembre de 1939. Pero como en el otro y mas célebre caso, la suerte estuvo del lado del dictador y estalló 13 minutos después de que dejara el sitio.

Elser parecía convencido de que la muerte de Hitler evitaría la guerra. Pero terminó como prisionero personal de Hitler hasta 1945, cuando fue ejecutado en Dachau.

Otros, como el Círculo de Kreisau, creían más bien en una derrota total de Alemania. Dos de los miembros eran los aristócratas Adam von Trott zu Solz and Helmuth James Graf von Moltke.

Las aventuras y desventuras de grupos como la Rosa Blanca o los Piratas Edelweiss han sido incluso motivos de románticas películas, igual que su fin a manos de los nazis. Los opositores desafiaban leyes que protegían al Estado pero no al individuo.

Una fotografía de 1936 durante un mítin nazi en Hamburgo muestra a un hombre con los brazos cruzados entre una multitud que hacía el saludo nazi.

La imagen es chocante. ¿Quién en Alemania osaría resistir a Adolfo Hitler y sus nacionalsocialistas en la cúspide de su poder? El hombre, un trabajador de astillero, se llamó August Landmesser, que siendo militante nazi se casó con Irma Eckler y acabó por ser declarado “una desgracia para la raza”. Encarcelado junto con su esposa, sus hijos fueron enviados a un orfanato. En 1941 fue enviado al ejército y se le declaró muerto en acción.

—De la Redacción

 

La fallida Liga de las Naciones

Lo que hoy es la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nació bajo la sombra del fracaso de un organismo que nunca tuvo las condiciones necesarias para evitar la Segunda Guerra Mundial: la Liga de las Naciones.

El conflicto dejó en evidencia muchas de las debilidades políticas a nivel internacional y una muy notable fue la incapacidad que tuvo la Liga para evitar la guerra, al verse imposibilitada de resolver otros: del Manchukuo en China a la conquista de Etiopía por Italia.

Con el fin de la guerra se hizo evidente que la Liga había fracasado en su objetivo de mantener la paz, resalta un artículo de Naciones Unidas.

El organismo surgió después del final de la Primera Guerra Mundial y su misión era relativamente simple: debía asegurar que la guerra nunca volviera a estallar, pero esa meta se quedó limitada.

El Tratado de Versalles, que el 28 de junio de 1919 marcó el fin de la Gran Guerra, puso sobre la Liga de las Naciones las esperanzas del mundo ante una nueva pérdida de vidas de esa magnitud.

Pero al estallar la Segunda Guerra Mundial, la Liga no tenía poder militar propio, dependía de las contribuciones de sus miembros y sus integrantes no estaban dispuestos a utilizar las sanciones, la autoridad económica o militar. La autoridad moral no era suficiente.

El pacto de la Liga de las Naciones establece que: “el organismo se forma con el fin de promover la cooperación internacional y de lograr la paz y la seguridad internacional mediante la aceptación de las obligaciones de no recurrir a la guerra, por la prescripción de abiertas, justas y honorables relaciones entre las naciones, por el firme establecimiento de los acuerdos de derecho internacional como la Estado actual de conducta entre los gobiernos, y por el mantenimiento de la justicia y el respeto escrupuloso de todas las obligaciones de los tratados en las relaciones de los pueblos organizados entre sí”.

Mientras se desarrollaba el conflicto, los líderes de Gran Bretaña, China, EU y la URSS, bajo la intensa presión de la prensa y el público, discutieron los detalles de una organización de la posguerra.

Aunque la Liga fue abandonada, la mayor parte de sus ideales y parte de su estructura fue mantenida por la ONU y establecida en su estatuto.

—De la Redacción

 

Nace la era atómica

La Segunda Guerra Mundial provocó la caída de la influencia mundial de Europa y vio florecer a Estados Unidos y a la desaparecida Unión Soviética como las dos superpotencias mundiales y junto con ellas trajo el inicio de la era atómica.

La Agencia Internacional de Energía Atómica marcó, el 2 de diciembre de 1942, como el punto de partida de la era atómica. Ese día alcanzó criticidad (reacción en cadena) la “pila” atómica de Enrico Fermi.

En términos militares la reacción nuclear en cadena sigue dominando el mundo, pero a lo largo de este tiempo el átomo ha adquirido también importancia como fuente de energía pacífica, señaló en un artículo The Seattle Times.

Pero la misma Segunda Guerra Mundial provocó que el primer uso de esta energía fuera con fines bélicos, el presidente de Estados Unidos, Harry Truman, anunció el 6 de agosto de 1945 el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, entonces el mundo descubrió cuál era el secreto que rodeaba a la planta de ingeniería Hanford Engineering Works en el centro-sur de Washington.

La mayoría de los 17 mil trabajadores del enorme complejo en Columbia también descubrieron que estaban fabricando plutonio, ingrediente clave en la fabricación de las bombas más potentes de 20 mil toneladas de TNT.

Como padres orgullosos, los residentes de la ciudad construida por el gobierno federal estadunidense en Richland se maravillaron por su papel en la creación de un arma que podría traer un final rápido a la guerra con Japón, pero sin tomar en consideración las consecuencias de la radiactividad que hoy en día sigue afectado a los habitantes de Hiroshima.

Como preámbulo de la naciente rivalidad entre dos potencias, los estadunidenses se sorprendieron por la noticia de que los soviéticos también habían explotado su propia arma atómica en septiembre de 1949, aunque el gobierno minimizó el peligro para su seguridad nacional.

Pero el científico estadunidense Harold Urey, ganador del Nobel de Química, resumió el pensamiento popular diciendo: “Sólo hay una cosa peor que una nación tenga la bomba atómica. Eso es que dos naciones la tengan”.

–De la Redacción

 

Naciones que surgieron

Un hecho curioso de la Segunda Guerra Mundial fue que Alemania, Italia y Japón, los integrantes del “Eje”, eran naciones jóvenes surgidas en la segunda mitad del siglo XIX.

El gobierno de Adolfo Hitler en Alemania  se hizo llamar Tercer Reich, pero el segundo fue la Alemania unificada por Bismarck alrededor de Prusia, en 1870 y que duró hasta el final de la I Guerra Mundial.

El primero fue el Sacro Imperio Romano, creado hacia el año 970 y que según los historiadores no era sagrado, ni imperio, ni romano, y duró en diversas formas hasta principios de siglo XIX.

Pero esa historia dio a Hitler la idea para el reich de mil años.

Italia es otro caso. “Vuela pensamiento...” dice el Coro de los Esclavos en Nabucco, la ópera de Giuseppe Verdi, que a mediados del siglo XIX  sirvió como centro de un renacimiento patriótico y nacionalista para los italianos. “VERDI” se convirtió en acrónimo para “Viva Vittorio Emanuele Re d’Italia”, una nación que se se unificó en 1861 bajo la égida de Víctor Manuel, entonces Rey de Sicilia.

En la Primera Guerra Mundial Italia, aunque parte de la Triple Alianza, con Alemania y el Imperio AustroHúngaro, acabó por participar del lado de los Aliados. Con su participación menospreciada al final y con una crisis económica, abrió la puerta al autoritario partido fascista de Benito Mussolini.

Japón, por su parte, se vio obligado a abrirse al mundo en 1854, luego de una forzada visita del comodoro Mathew Perry y una flotilla de barcos de guerra estadunidenses.

Los años siguientes una serie de luchas entre facciones más que nada entre aquellos que deseaban una modernización para que Japón pudiera enfrentar a los extranjeros y aquellos que deseaban mantener las cosas como hasta entonces. El obvio desenlace en 1867 fortaleció la imagen del gobierno imperial.

En la Primera Guerra, Japón fue aliado de Gran Bretaña, pero ganaron poco por sus esfuerzos. La crisis económica y el resentimiento los llevaron a aliarse con Alemania e invadir a China.  Una guerra con la Unión Soviética en 1939 fue evitada por la alianza de Hitler y Stalin, que llevó a Tokio hacia el sur y el sureste asiáticos.

–De la Redacción

 

Los procesos Nuremberg

Una conocida anécdota relata que cuando Herman Goering, el jefe de la Fuerza Aérea Alemana, recibió una copia de las acusaciones en su contra durante los procesos en Nuremberg, escribió en el margen que “los vencedores siempre serán los jueces y los vencidos los acusados”.

Aunque la idea de quiénes fueron los héroes y quiénes los villanos era muy clara en aquel momento, ya en noviembre de 1945, los juicios de Nuremberg estaban envueltos en la controversia, menos por sus resultados que por el concepto mismo.

De hecho, los 24 procesos contra los líderes sobrevivientes del régimen de Adolfo Hitler causaron controversia porque, como lo consignó la revista The Atlantic en 1946, estaban entre la promesa de ser el primer reconocimiento para una ley internacional de castigo a malefactores que inician guerras o las desarrollan brutalmente, y la negación de principios considerados como el corazón de cualesquier sistema legal.

Los juicios a los nazis continuaron en Alemania y en otros países. Simon Wiesenthal, un cazador de nazis, ubicó a Adolf Eichmann en Argentina. Eichmann, que había ayudado en la planificación y la realización de las deportaciones de millones de judíos, fue llevado a juicio a Israel. El testimonio de los cientos de testigos, muchos de ellos sobrevivientes, fue seguido en todo el mundo. Eichmann fue hallado culpable y ejecutado en 1962.

A final de cuentas, sin embargo, los procesos de Nuremberg dejaron una serie de precedentes de enorme importancia.

Cuando fueron iniciados, apenas unos meses después del final de la guerra, la concepción de crímenes de Lesa Humanidad era más entelequia que realidad.

Pero el que tal vez sea el mayor precedente es haber eliminado la obediencia de órdenes superiores como una excusa para la comisión de atrocidades.

Tan sólo ese principio alteró para siempre la jurisprudencia.

–De la Redacción

 

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