EU conserva armas nucleares en Europa

El presidente de EU, Barack Obama, incumplió la promesa que hizo en Praga en 2009 de un mundo sin armamento atómico, que tienen muy presente en el Viejo Continente

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23/08/2014 04:07 Enrique Müller/ESPECIAL

BERLÍN, 23 de agosto.— La más reciente derrota diplomática que sufrió Alemania ante Estados Unidos, su principal aliado en el mundo, fue aceptada casi en silencio y con resignación e impotencia, pero tuvo la magia de confirmar, por primera vez, la existencia de una base secreta estadunidense ubicada en un idílico pueblo renano, donde la primera potencia militar del mundo aún mantiene estacionadas unas 20 bombas atómicas de gravedad del tipo B-61 con un poder destructivo 13 veces mayor que las que destruyeron Nagasaki e Hiroshima.

Cinco años después del anuncio hecho por el presidente estadunidense, Barack Obama, que prometió un mundo sin armas atómicas en un discurso pronunciado en abril de 2009 en Praga, y que aún se recuerda en Europa, el gobierno federal alemán admitió que Estados Unidos había puesto en marcha un programa para modernizar su arsenal atómico, el llamado “programa de extensión de la vida útil del arsenal atómico” y que esta decisión había sido adoptada sin consultar a Berlín.

El programa, según el secretario de Estado del Ministerio de Defensa, Ralf Brauksiepe, en una carta respuesta a una pregunta oficial del grupo parlamentario de los Verdes,  tiene la “meta de garantizar la seguridad y la fiabilidad de todas las armas nucleares que abarca el programa y garantizar con ello la credibilidad de la disuasión nuclear”.

La importancia de la respuesta del funcionario, que indignó a los Verdes, tenía una importancia crucial. Por primera vez, un alto funcionario del gobierno germano reconocía, aunque indirectamente, que Estados Unidos aún tiene estacionado armamento nuclear en territorio alemán, una realidad que Washington y Berlín nunca quisieron admitir públicamente y que convirtió a la base del Escuadrón 33 de la Fuerza Aérea alemana, ubicado en Büchel, en el último santuario alemán que alberga armamento nuclear que desplegó el Pentágono cuando imperaba en el Viejo Continente el fantasma de la guerra fría.

“El gobierno de gran coalición lleva a cabo una política hipócrita con el tema de las armas nucleares”, dijo Agnieszka Bruger, portavoz de la Verdes en asuntos de Defensa, cuando leyó la respuesta del alto funcionario del Ministerio de Defensa. “Por una parte, el gobierno de gran coalición desea impulsar el desarme nuclear y apostar por una visión de un mundo sin bombas atómicas, pero, al mismo tiempo, admite la existe del armamento nuclear y renuncia a exigir la retirada de ese armamento. Esa política es vergonzosa, pero también irresponsable”, dijo la diputada.

La crítica formulada por los Verdes no es gratuita. El estacionamiento de las bombas atómicas estadunidenses en Büchel es un secreto a voces y cuya existencia nunca ha sido confirmada por Berlín. Pero en el documento que permitió la formación del nuevo gobierno de gran coalición, los líderes de las tres formaciones políticas que integran el gobierno (CDU, CSU de Baviera y SPD)  prometieron que se esforzarían para obtener la retirada de las “armas nucleares tácticas” estacionadas en Alemania y Europa, una medida con la cual había soñado en 2009, el entonces ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, cuando leyó el discurso pronunciado por Obama en Praga.

 “Declaro claramente y con convicción el compromiso de Estados Unidos de buscar la paz la seguridad en un mundo sin armas nucleares”, dijo el Presidente en un pasaje de su discurso que fue recibido con una ovación. “Como potencia nuclear, como el único poder nuclear que ha hecho  uso del arma atómica, Estados Unidos tiene la responsabilidad de actuar”, añadió.

La visión de Obama de un mundo sin armas nucleares, una  promesa que ya habia formulado en Berlín cuando era candidato a la Casa Blanca,  cautivó a Steinmeier, quien, gracias a las jugarretas del destino, ahora ocupa nuevamente la misma cartera. Sin pensarlo dos veces y tampoco sin consultarlo con la canciller Angela Merkel, el político socialdemócrata anunció que activaría una delicada negociación con la Casa Blanca destinada a retirar las reliquias atómicas de la guerra fría del territorio germano.

“Desde un punto de vista militar, esas armas están obsoletas”, dijo Steinmeier en abril de 2009, al sugerir que las reliquias atómicas ya no servían a ningún propósito militar desde el final de la Guerra Fría y que representaban un riesgo para la seguridad debido a la posibilidad de un atentado terrorista.

Cinco años después, el escuadrón de caza-bombarderos 33 de la Luftwaffe, ubicado en  Büchel, sigue cumpliendo la misión que le encomendó el Ministerio de Defensa y que, según la página oficial de la Fuerza Aérea alemana que se puede leer en internet, es la de asegurar, junto con los aliados de Alemania, la paz en Europa y vigilar desde el aire las instalaciones militares que aún posee Estados Unidos en el país.

Pero la Luftwaffe todavía se niega a mencionar  la existencia de un moderno depósito subterráneo construido por el hombre a comienzos de los años noventa y cuyo acceso está vigilado electrónicamente las 24 horas del dia. En este lugar secreto y protegido por unos 100 especialistas llegados de Estados Unidos, descansan unas 20 bombas atómicas estadunidenses del tipo B-61, que pueden ser transportadas por los aviones de combate alemanes.

Peor aún, el “programa de extensión de la vida útil del arsenal nuclear, prevé dotar las bombas B-61 de alas caudales que las convertirán en mortíferas armas guiadas por rayos laser que podrán ser lanzadas por los bombarderos F35 Stealth, La decisión también obligará a la Luftwaffe alemana a modernizar sus aviones de combate Tornado para poder transportar las nuevas B 61 mk 12, armas de 50 kilotones.

“Será una mejora significativa en la capacidad nuclear de Estados Unidos que podrá tener bombas guiadas”, dijo un experto militar consultado por Excélsior.

El nuevo programa que le costará al contribuyente estadunidense unos 12 mil millones de dólares también afectara a Bélgica, Holanda, Italia y Turquía, cuatro países miembros de la OTAN y donde aún se encuentran estacionadas varias decenas de bombas nucleares.

La base italiana de Aviano, por ejemplo, alberga unas 50 bombas y en Guido Torri, también en Italia, habría 40 bombas. Las bases de Volkel en Holanda y Klein-Brogel en Bélgica, con un total de entre 20 y 40 bombas, gozan del raro privilegio de estar amparadas por un interesado manto de silencio.

Turquía, en cambio, representa un caso especial. Aunque la presencia de armas nucleares en la base militar ubicada en Inçirlik, que alberga unas 50 bombas, es bastante impopular en el país, la elite militar turca la considera un componente importante de su relación con Estados Unidos.

El número total de armas nucleares que Estados Unidos tiene desplegadas en el Viejo Continente, una información clasificada como secreta, puede variar entre 150 y 350 y todas se encuentran bajo control norteamericano, aun cuando el armamento sea transportado por aviones militares europeos.

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