Hillary Clinton es la candidata inevitable a la presidencia de EU

Analistas la consideran una segura contendiente en 2016 tras su distanciamiento con el Presidente, aunque desde ahora enfrenta el rechazo de algunos sectores

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18/08/2014 03:50 José Carreño Figueras/Enviado
Foto: AP

WASHINGTON, 18 de agosto.– Hillary Rodham Clinton aún está oficialmente indecisa sobre sus intenciones presidenciales, pero una reciente crítica a la política exterior del presidente Barack Obama es vista como una señal de que buscará la candidatura presidencial demócrata de 2016.

Es un extraño turno de eventos. Para muchos demócratas, está en duda de que la ex primera dama, exsenadora, ex secretaria de Estado busque una candidatura que se le negó hace ocho años. El alegato es que está cansada, que la izquierda demócrata no la quiere.

Puede ser. Pero hoy por hoy, la prensa especializada y los propios demócratas ven a Hillary Clinton casi como una candidata inevitable. Pero en política dos años son mucho tiempo.

En ese marco, el presunto distanciamiento con Obama –y su posterior esfuerzo para evitar que se viera como una ruptura–  a partir del conflicto entre Israel y Palestina resulta más bien una señal clara de sus intenciones, aunque la coloca en una curiosa situación.

De creer a Hillary y sus voceros, la búsqueda de la candidatura presidencial demócrata no estará a la vista sino en un año.

Y también, que su crítica no fue una crítica. De hecho, en declaraciones a la revista The
Atlantic
indicó respecto a Irak que no había que hacer tonterías y consider como error el no haber dado ayuda a los rebeldes en Siria desde un inicio.

Dos días después, ella llamó al Presidente el martes pasado para indicarle que no era un ataque y mucho menos algo personal. Cuatro días después, el matrimonio Obama y el matrimonio Clinton compartieron el pan y la sal en la casa vacacional de un común amigo, el abogado Vernon Walters, en la región de los Hampton, donde pasan sus vacaciones de verano.

No hacer tonterías, dijo un vocero de Rodham Clinton, es evitar la ocupación de Irak, de donde Obama sacó las tropas estadunidenses, pero donde parece volver a comprometerse, cautelosamente, ante el avance del Califato Islámico.

Y por supuesto, otros temas motivo de desacuerdo han sido discutidos, públicamente y en el libro Hard choices, de Rodham Clinton.

Todo aclarado. Obamas y Clintons disfrutaron la fiesta en casa de Walters, según se reportó.

De acuerdo con un análisis del portal especializado Politico.com, el punto es simple: Hillary “tiene derecho a sus propias opiniones y está en un problema: se le critica como demasiado calculadora o por ser demasiado sincera sobre lo que piensa”.

Pero es una situación clásica para los presuntos aspirantes presidenciales del partido en el poder. ¿Cuánto y en qué momento establecer las diferencias con el Presidente en turno?

Peor todavía: el Presidente en cuestión es uno que parece cada vez más impopular y que muchos consideran ya como un problema para los demócratas, a comenzar en las elecciones legislativas de 2014, en las que se cree que los republicanos  no sólo retendrán la mayoría en la Cámara de Representantes, sino pueden conquistar la mayoría en el Senado.

Para Clinton la situación es tanto más complicada: hace ocho años ella era –como ahora– la candidata del “aparato”, la “inevitable”. Hasta que llegó un joven candidato negro salido literalmente de ninguna parte...

Además, hay otro factor. “En la campaña de 2008, (Hillary) sufrió por parecer demasiado truculenta en comparación con (Obama), y él usó en contra su voto por autorizar el uso de la fuerza en Irak. Ahora ella se siente obligada a dejar en claro que es más truculenta que él y que su autorización para el uso de la fuerza en Irak puede tener repercusiones para su sucesor”, recordó Frank Bruni en The New York Times.

Hoy Obama está en la situación de lo que los políticos estadunidenses califican como de lame duck (pato inválido), como resultado de la pérdida de poder connatural al segundo término presidencial.

Al mismo tiempo, Obama enfrenta una creciente crítica por su política exterior, el tradicional refugio de un Presidente en busca de legado político y ya sin poder para imponerse en su relación con el Congreso, ni siquiera con la bancada de su propio partido.

Para empeorar las cosas, no sólo tiene un bajo nivel de popularidad sino que le ha tocado presidir un periodo de disminución real del poderío estadunidense.

Por lo demás, Hillary lucha con sus conocidas desventajas. Un tercio del electorado estadunidense, el más conservador o más apegado al Partido Republicano, no la acepta haga lo que haga o diga lo que diga. Es un “no” esperado.

Al mismo tiempo es considerada centrista, como su esposo William Clinton, quien como Presidente fue una continua decepción para la izquierda demócrata, que tampoco perdona a Rodham Clinton posturas de dureza en política exterior en el Senado ni sus intentos de ocupar el centro en política doméstica.

Nadie niega, sin embargo, el impacto que tendría como la primera mujer candidata a Presidente por uno de los mayores partidos políticos estadunidenses.

Pero su principal reto, aparentemente al menos, vendría de la propia izquierda demócrata , que sueña con la posibilidad de postular a una de sus componentes, la senadora Elizabeth Warren, de Massachussetts.

Está también el vicepresidente Joe Biden, y tal vez alguno más.

Hoy por hoy Hillary es vista como la candidata inevitable. Pero en 2008 también lo era.

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