Próximo Presidente de Brasil tendrá reto económico

Hallará un país con inflación persistente y un débil crecimiento económico, además de las duras críticas por no haber acabado ni la mitad de las obras públicas prometidas antes del Mundial

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03/08/2014 03:20 Anna Veciana/Especial
Foto: Especial

BRASILIA, 3 de agosto.— El nuevo Presidente de Brasil que será elegido en las urnas el próximo 5 de octubre se encontrará con una situación nada fácil de liderar, un país con una inflación persistente y un débil crecimiento económico, además de las duras críticas por no haber acabado ni la mitad de las obras públicas prometidas antes del Mundial.

Pero por muchas soluciones que presenten los candidatos, los resultados de estas elecciones vienen marcados por el desencanto político expresado en las protestas de junio de 2013 durante la Copa Confederaciones, que comenzaron exigiendo la disminución del precio del pasaje de autobús y acabaron protestando por la precariedad de recursos destinados a la educación o la sanidad públicas en contraste con el enorme gasto estatal destinado a los grandes eventos. En su momento se criticó la falta de consenso y homogeneidad en los temas, pero una idea tenían clara: la política que se ha venido haciendo hasta ahora no les satisface.

“Existe una crisis de representatividad política en Brasil, debido al enorme distanciamiento entre los partidos y la población”, comentó Luiz Werneck Vianna, sociólogo de la Universidad Pontificia Católica de Río de Janeiro en entrevista con la revista Época.

Y esa gran verdad se evidencia en algunas encuestas como la de Datafolha que consta que 74% de los entrevistados quiere cambiar el rumbo del país. Además, el sondeo realizado por el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE) sobre la popularidad de Dilma Rousseff también revela que 50% de los encuestados desaprueba a la Presidenta. Y si hablamos de confianza política, en el último año, ella ha pasado de 63 a 42 puntos en una escala del 0 al 100.

Otra investigación entre los electores señala que un gran porcentaje pretende votar en blanco o nulo, si en las elecciones de 2002 este segmento no llegaba a 10%, en mayo de este año representaba 24%, y esa última semana la misma encuesta acumuló 27%. El ciudadano, que cada vez está más informado, percibe que está en una democracia formal, pero ni representativa ni participativa. Hace un año Rousseff parecía que caminaba hacia una victoria tranquila, tal vez hasta la primera vuelta, pero hoy en día se demuestra que una segunda vuelta es lo más probable.

Era evidente que delante de estos resultados desalentadores los candidatos dieran un giro de 180 grados en su campaña electoral y articularan el discurso de las reformas. Hablan de “novedad” y “renovación”, aunque ese no es motivo suficiente como para demostrar que han entendido el mensaje de la población.

Dilma y el futbol

Antes de la derrota del 7 a 1, todo el mundo auguraba que si la selección no ganaba la copa el malestar social se reflejaría tres meses después en el resultado de las elecciones. Y tampoco hace falta ser visionario para saber que tal vejación histórica no pasará desapercibida en los próximos años.

Desde hace tiempo, los brasileños empezaron a discernir entre la política y el futbol a pesar de que por su carácter siempre han mezclado ambos conceptos. En cambio, en ese Mundial, Dilma ha tenido la férrea voluntad de asociar la acción de gobierno (Partido Trabajador) con la Selección Brasileña. Empezó en Confederaciones, cuando Brasil levantó la copa y ella pronunció: “Nuestro gobierno es padrón Felipão”, en el sentido de que seguía la misma disciplina y mano dura que el técnico Felipe Escolari.

Rousseff tampoco quiso pasar desapercibida en la lesión de Neymar y se unió al mensaje de apoyo con una fotografía que imitaba uno de los gestos típicos del crack brasileño e incluía una carta personalizada: “Sé que como todos los brasileños no desistes nunca y volverás más rápido de lo que te imaginas, llenando nuestra alma de alegría y nuestra historia de éxitos”.

Mandó otra carta a la selección antes del partido de Alemania contra Brasil en la que les decía que Brasil ya se sentía victorioso “porque además de estar realizando la Copa de las Copas tenemos la selección más bella y guerrera de todas”.

Estas y otras actitudes de la mandataria hicieron renacer el mito que estaba enterrado desde hace décadas, hizo que la población tuviera alguien en quién creer y confiar y que todo fuera gracias al gobierno actual. Pero las cosas se complican cuando el equipo no está preparado para soportar tal presión. Sucedió algo parecido en 1962 y en 1970 cuando los cracks de aquella generación, como Garrincha o Pelé, tenían una presión política muy fuerte, pero ellos eran fuertes y supieron superarla. Sin embargo, cuando la selección es técnicamente mediocre y sicológicamente débil, este tipo de asociaciones son indeseables.

 

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