Berlín corre a un jefe de inteligencia de EU

La canciller alemana calificó como una “pérdida de energía” espiar a países aliados. Y señaló que “deberíamos centrarnos en las cosas importantes”

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11/07/2014 01:19 Enrique Müller/ Especial
Sede de la embajada de Estados Unidos en Alemania. Foto: Reuters
Sede de la embajada de Estados Unidos en Alemania. Foto: Reuters

BERLÍN, 11 de julio.– En una dramática acción que sólo augura nuevos problemas en las tensas relaciones que existen entre Berlín y Washington, el gobierno alemán pidió al jefe de los servicios de inteligencia de la embajada de Estados Unidos en Berlín que abandone el país como represalia al descubrimiento de dos topos alemanes reclutados por la CIA en territorio germano.

La afrenta diplomática dirigida al principal aliado de Alemania en el mundo es la más reciente señal de la furia que invadió al gobierno federal alemán desde que se descubriera que el país había sido sometido sistemáticamente a una labor de espionaje, primero por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), que llegó incluso a espiar el celular de la canciller, Angela Merkel y, más recientemente la existencia de un topo alemán incrustado en la Agencia Federal de Inteligencia (BND, por sus siglas en alemán).

Se ha solicitado al representante de los servicios de inteligencia de Estados Unidos en la embajada estadunidense a abandonar Alemania”, señaló el portavoz del gobierno federal, Steffen Seibert, al confirmar de forma oficial la drástica medida. “La solicitud se hizo a la luz de la investigación que lleva a cabo el fiscal general, así como por los meses transcurridos sin obtener respuesta sobre las actividades de los servicios secretos de Estados Unidos en Alemania”, añadió el portavoz.

La medida fue adoptada durante una conferencia telefónica en la que participaron el ministro de la Cancillería, Peter Altmaier, y sus colegas de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier y de Interior, Thomas de Maizière. Después de obtener la luz verde de la canciller, el embajador estadunidense en Berlin y el jefe de los espías fueron informados de la poca amistosa medida.

En el curso de la mañana, Berlín fue un hervidero de rumores a causa de una versión que fue desmentida oficialmente por el propio gobierno. Varios despachos informativos señalaban que el gobierno había decidido “expulsar” al jefe de los espías. El gobierno no tardó en señalar que la medida sólo “exigía” la salida, una fórmula más diplomática para declarar “persona non grata” al jefe de la CIA en Berlín.

Pero la decisión de exigir la salida del jefe de los espías estadunidenses en Alemania, es desde un punto de vista diplomático, un verdadero terremoto y que en el pasado sólo había sido adoptada contra estados enemigos como Corea del Norte o Irán. En el curso de la jornada, la embajada estadunidense admitió conocer la decisión, declinó hacer comentarios y señaló que la “alianza de seguridad” con Alemania era importante y debía continuar.

Pero los ministros Altmaier, Steinmeier y de Maizière pensaban diferente. Durante la conferencia telefónica los tres altos funcionarios expresaron su decepción ante la poca falta de interés de Washington en aclarar el escándalo de espionaje y acordaron que había llegado la hora de reaccionar y poner fin a la larga fase de moderación que marco la reacción del gobierno germano desde que Edward Snowden revelara el espionaje que llevó a cabo la NSA en Alemania.

Aunque el ministro del Interior, Thomas de Maizière, no quiso hacer comentarios sobre lo discutido durante la conferencia telefónica sostenida con sus colegas, avanzó que Alemania estaba decidida a fortalecer la protección de sus comunicaciones y las labores de contrainteligencia, “una medida esencial”, dijo, para la defensa de la democracia.

La canciller Angela Merkel expresó su disgusto a su manera y aunque medio Berlín ardía con la noticia de la “expulsión” del jefe de la CIA, la canciller aprovechó una rueda de prensa para calificar como una “pérdida de energía” espiar a países aliados. “Tenemos muchos problemas y deberíamos centrarnos en las cosas más importantes. La Guerra Fría ha concluido y en estos tiempos lo decisivo es mantener la confianza entre aliados que comparten los mismos valores”, añadió.

El inédito acto de protesta alemán contra la arrogancia de la primera potencia mundial fue adoptado tan sólo 24 horas después de que Berlín conociera un nuevo escándalo de espionaje, esta vez, relacionado con un funcionario del ministerio de Defensa, que supuestamente había sustraído informes confidenciales. Aunque el funcionario, que estaba bajo vigilancia desde hace cuatro años, aún no ha sido detenido, la noticia al parecer fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de la canciller.

La fiscalía ya realizó un registro en su vivienda y en su despacho en el ministerio, pero aún no tiene pruebas de que el supuesto espía haya entregado realmente información a su contacto en la embajada de Estados Unidos en Berlín, a quien había conocido hace años en Kosovo.

Aun así, la existencia del supuesto segundo topo alemán provocó una serie de reacciones en Berlín, todas en contra de Estados Unidos. La más llamativa fue hecha por el actual ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien calificó las labores de espionaje estadunidense como una “estupidez”. “El hecho de que Alemania no hubiera podido protegerse de numerosas amenazas terroristas sin la alianza con los servicios secretos estadunidenses no quiere decir que puedan reclutar gente entre nosotros. Eso es algo estúpido y ante tanta estupidez sólo dan ganas de llorar”, dijo.

La decisión de exigir la salida del jefe de los espías ya había sido mencionada hace una semana en Berlín, cuando la élite política alemana y la prensa se enteraron de   que un topo alemán espiaba para los servicios de inteligencia estadunidense. Durante una reunión con un exclusivo grupo de parlamentarios, que se ocupan de monitorear los entresijos de las actividades de los servicios de inteligencia germano, el coordinador de los servicios secretos en la Cancillería, Klaus-Dieter Fritsche señaló que el gobierno estaba estudiando la posibilidad, como una primera represalia, de expulsar a los agentes estadunidenses con cobertura diplomática, si se confirma y se demuestra que han realizado labores de espionaje en territorio alemán.

La medida, que fue practicada con profusión durante los años turbios de la Guerra Fría a ambos lados del telón de acero, se hizo realidad ayer y algo raro en el mundo político germano, fue elogiada por unanimidad por los medios alemanes. “Obama y su gente tendrán que darse cuenta de que ya no pueden permitirse el lujo de hacer lo que se les dé la gana en Alemania”, señaló el periódico Süddeutsche Zeitung.

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