Analizan expulsar de Alemania a los agentes de EU

El Parlamento estudia varias opciones de respuesta tras la detención de un alemán que espiaba para Washington

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08/07/2014 02:08 Enrique Müller/Especial
El agente alemán que trabajaba para Estados Unidos informaba sobre el comité parlamentario que investiga el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional. Foto: AP

BERLÍN, 8 de julio.– Un halo de guerra fría recorre estos días Berlín, la antigua y recuperada capital de Alemania, pero a diferencia de lo que vivió la ciudad antes de la caída del Muro, cuando los enemigos estaban ubicados al otro lado del telón de acero, esta vez los protagonistas del nuevo conflicto provienen de dos países aliados: Alemania y Estados Unidos.

Desde el jueves pasado, cuando la élite política alemana y la prensa se enteraron de que un topo alemán espiaba para los servicios de inteligencia estadunidenses, Berlín casi no respira y busca con ansiedad la mejor manera de reaccionar al más reciente escándalo de espionaje que acabó con la frágil paz que imperaba en las relaciones entre Alemania y su principal aliado transatlántico.

Se trata de un asunto muy serio”, admitió ayer en Pekín la canciller, Angela Merkel, durante una rueda de prensa conjunta con el primer ministro chino, Li Keqiang, en la primera referencia personal de la jefa del gobierno germano al más reciente escándalo de espionaje. “Se trata, a mi entender, de una evidente contradicción con lo que considero una cooperación de total confianza entre agencias y países socios”, añadió.

En Berlín, en cambio, ya se está diseñando la estrategia para responder a la afrenta planificada desde la embajada de Estados Unidos en Berlín, que logró incrustar un topo en el seno del Servicio Federal de Inteligencia (BND, por sus siglas en alemán).

Durante una reunión con un exclusivo grupo de parlamentarios, que se ocupa de monitorear los entresijos de las actividades de los servicios de inteligencia germano, el coordinador de los servicios secretos en la cancilleria, Klaus-Dieter Fritsche, señaló que el gobierno estaba estudiando la posibilidad, como una primera represalia, de expulsar a los agentes estadunidenses con cobertura diplomática, si se confirma y se demuestra que han realizado labores de espionaje en territorio alemán.

La drástica medida que fue practicada con profusión durante los años turbios de la guerra fría a ambos lados del telón de acero, aunque está amparada por las leyes alemanas, se podría convertir en una explosiva bomba de tiempo en las relaciones.

No sería la primera vez que Alemania expulsa a un diplomático estadunidense, ya que lo hizo en 1997, cuando un agente intentó reclutar a un funcionario del Ministerio de Economía.

La hipotética medida recibió el apoyo de varios distinguidos parlamentarios de la gran coalición, que ven con preocupación que el principal aliado transatlántico de Alemania, además de mentirles, llevó a cabo un sistemático trabajo de espionaje en suelo alemán.

Con este escándalo surge le pregunta de si los americanos consideran al BND como un socio o como una meta de espionaje. Ambas cosas al mismo tiempo es inaceptable”, dijo Wolfgang Bosbach, un influyente diputado democratacristiano, al manifestarse a favor de adoptar medidas enérgicas. “Se trata de un masivo abuso de confianza que no podemos aceptar sólo con un movimiento de cabeza”.

Los líderes del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) fueron más directos y exigieron la expulsión del agente que logró reclutar al tipo alemán. “Los responsables deben ser procesados y expulsados del país”, señalo la secretaria general del SPD, Yasmin Fahimi en Berlín. “Sería una señal muy importante y necesaria porque demostraría que Alemania es un Estado soberano”.

“Los americanos están llevando a cabo una vigilancia demencial”, sentenció el ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, mientras que su colega, el ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, exigió a Washington una “rápida aclaración”. “Esto no debe repetirse”, sentenció el ministro.

Aunque el más reciente escándalo de espionaje estalló hace sólo un par de días, el gobierno alemán tiene claro que deberá enviar una respuesta categórica a Washington para impedir que en la opinión pública vuelva a nacer una vieja sospecha y que apunta a la impunidad que goza EU en Alemania. Pero la pregunta que está en boca de todos es saber de qué forma reaccionará el gobierno.

Berlín tiene varios ases escondidos debajo de la mesa, pero todos, aunque garantizan un hipotético triunfo, también esconden consecuencias diplomáticas peligrosas. El ministro del Interior, Thomas de Maziére, dejó saber que el gobierno estudia la posibilidad de crear una red de espías alemanes en EU.

Otra alternativa que se maneja en Berlín es dar luz verde a un viaje de Edward Snowden a Berlín para que declare ante una comisión parlamentaria, una medida que haría posible que el ex agente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) solicite asilo político en Alemania, una posibilidad que alegraría la vida a millones de alemanes.

La medida más radical sería si Merkel se decidiera a declarar a los agentes de la CIA y la NSA como enemigos de Alemania. El castigo lógico será la expulsión, una medida que no quedaría sin respuesta por parte de Washington.

El último recurso de Merkel sería congelar las negociaciones de la Unión Europea para dar vida a un Tratado de Libre Comercio, medida que irritaría a Barack Obama, pero también a los socios europeos de Alemania que ven en la firma de Tratado una vía para inyectar aire  fresco en las maltrechas economías comunitarias.

 

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