Militarización de policía de EU genera violencia innecesaria

Las fuerzas armadas usan herramientas y tácticas hiperagresivas, alerta informe

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06/07/2014 03:41 María Fernanda Navarro

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de julio.- Bounkahm Phonesavanh dormía en su cuna cuando una granada aturdidora le fue lanzada por el equipo SWAT que irrumpió en la sala de la casa donde descansaban él y cinco integrantes de su familia.

Cuando estalló el dispositivo, utilizado para desorientar durante combates, el bebé de 19 meses —mejor conocido como Bou Bou— resultó con heridas en su rostro y pecho tan severas que fue necesario inducirlo en coma.

El equipo SWAT, que con armas largas en los brazos y gritos amenazantes irrumpió en la casa en la que se hospedaban los Phonesavanh, busca a un pariente de la familia sospechoso de traficar drogas al menudeo. Pero esa noche del pasado 28 de mayo lo único que los agentes se llevaron de la casa ubicada en Habersham, Colorado, fue al bebé de la familia, dejando atrás un enorme charco de sangre.

50 mmdd gastó en 2007 el gobierno de Estados Unidos en la fabricación de vehículos de combate blindados

El caso de Bou Bou, que abandonó hace unos días el hospital con sus padres Alecia y Bounkahm, puso en evidencia la progresiva militarización de las fuerzas policiacas en Estados Unidos, situación de la que han alertado diversas organizaciones y medios de comunicación de ese país.

Reportes de grupos de fuerzas especiales irrumpiendo en propiedades privadas de forma violenta o la compra de armamento utilizado por la milicia estadunidense en zonas de combate por departamentos policiacos de pueblos pequeños son cada vez más comunes.

De acuerdo con un estudio elaborado por la organización Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) “la actuación policial —en particular mediante el uso de equipos paramilitares— en Estados Unidos se ha vuelto excesivamente militarizada”.

79 por ciento de los despliegues de estos equipos militarizados es para llevar a cabo órdenes de registro

El reporte titulado War Comes Home: The Excessive Militarization of American Policing explica que la excesiva militarización se puede observar en el armamento que utilizan los grupos policiacos, que van desde armas largas y granadas aturdidoras hasta vehículos militares, así como el entrenamiento de corte militar al que se someten elementos de la policía.

Diversas investigaciones apuntan a los programas federales que estimulan la transferencia de armamento militar a los policías estatales y locales, uno de los más populares es el Programa 1033 del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En 2007, por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos gastó 50 mil millones de dólares en la producción de 27 mil vehículos de combate blindados, conocidos por las siglas MRAP, para desplegarlos en Irak y Afganistán y “ahora que no son necesarias en el extranjero, los MRAP han encontrado lugar en las comunidades locales”, alerta la ACLU.

Asimismo, el programa 1033 del Departamento de Defensa traspasó a las fuerzas del orden en Arizona un arsenal integrado por 712 rifles, 704 equipos de visión nocturna, 32 uniformes con protección antibombas, 17 helicópteros, 120 camiones para transportar material pesado, entre otros.

Si bien la compra o traspaso de armamento militar para departamentos policiacos, que de hecho se encuentran ubicados en zonas con baja tasa delincuencial, resulta innecesario de acuerdo con diversas organizaciones, ya que los procedimientos policiales son objeto de mayores críticas.

El entrenamiento agresivo y de carácter militar a equipos policiacos se atribuye a la necesidad de tener equipos preparados para combatir la guerra contra las drogas que estimula el gobierno federal desde la década de 1990.

Bajo este esquema la utilización de equipos SWAT es cada vez más común, sobre todo en inspecciones para encontrar narcóticos en propiedades privadas. Todo ello pese a que estos grupos fueron concebidos originalmente para contener situaciones violentas calificadas como amenazas inminentes como motines, obstrucciones, ataques de francotiradores y escenarios con rehenes.

En mayo pasado, The Economist dio a conocer que los tribunales estadunidenses también forman parte de este problema extendido permitiendo un gran número de redadas “a menudo basadas en órdenes de ‘no tocar’, que autorizan a la policía forzar la entrada a una casa sin anunciarse”.

De hecho, 79 por ciento de los despliegues de estos equipos es para llevar a cabo órdenes de registro.

De acuerdo con la publicación, la Suprema Corte de Justicia establece que elementos de la policía pueden entrar a una propiedad sin avisar si tienen sospechas razonables de hacerlo representa un peligro o permite a los sospechosos destruir la evidencia.

ACLU refiere que los equipos SWAT están entrenados para adoptar una actitud de “guerrero” y “ver como enemigos a las personas a las que supuestamente deberían proteger”.

Dejando muerte a su paso

Debido a la naturaleza de los registros, que transcurren entre amenazas y utilización de armas de grueso calibre, es común que además de arrestos e incautaciones de sustancias ilegales también ocurran pérdidas humanas.

Tarika Wilson, por ejemplo, falleció después de que un equipo SWAT abriera fuego en su contra mientras buscaban a su novio por sospecha de tráfico de drogas. La afroamericana, que llevaba en brazos a su bebé de 14 meses, falleció; el menor resultó herido.

El reporte de ACLU advierte que el uso de armas y tácticas paramilitares impacta principalmente a personas de color y que al menos 54 por ciento de los registros a propiedades privadas con órdenes de “no tocar” fueron a minorías raciales. También es común que se lleven a cabo registros en presencia de niños y ancianos sin que los equipos paramilitares tomen precauciones especiales en sus procedimientos.

Además del impacto a personas de color, el uso de grupos paramilitares “aumenta el riesgo de violencia y amenaza las libertades individuales”.

La organización con sede en Nueva York considera necesario poner un freno a los programas federales que estimulan a los policías locales entrenarse y armarse como milicia.

“Contener el flujo de fondos federales y equipos militares en los estados y municipios tendría un impacto significativo en el uso excesivo de tácticas hiperagresivas”, considera el estudio y sugiere a las legislaturas estatales y municipales imponer restricciones significativas al uso de los equipos SWAT.

 

 

 

 

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