Ven riesgos en creación de un Califato islámico

Su instauración eliminaría las fronteras y demanda la lealtad de todos los musulmanes hacia su líder Al Bahgdadi

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05/07/2014 05:05 José Carreño Figueras

CIUDAD DE MÉXICO, 5 de julio.- La anunciada creación de un Califato islámico por el grupo extremista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) es una medida tan arriesgada y ambiciosa como divisiva.

La promulgación del Califato anuncia la eliminación de las fronteras tal como fueron delineadas al final de la Primera Guerra Mundial y demanda la lealtad de todos los musulmanes hacia un califa, Abu Bakr al Baghdadi, hasta ahora simplemente líder de un grupo que se escindió de Al-Qaeda, pero rebautizado y autoproclamado ya como califa Ibrahim.

El territorio inicial del Califato es el compuesto por los trozos de Irak y Siria que ha logrado ocupar los últimos meses, y donde ahora busca solidificar su control con llamados que suenan atractivos para algunos, pero también huecos para otros.

“Es importante que todos los musulmanes prometan su obediencia al Califa Ibrahim (Al Baghdadi) y lo apoyen. La legalidad de todos los emiratos, grupos, estados y organizaciones queda inválida por la expansión de la autoridad del Califato y la llegada de sus tropas a sus áreas”, indicó el anuncio.

De hecho, aún sin acabar de establecer su autoridad, el Califato esta semana “ordenó” a otros grupos sunitas rebeldes en Irak y Siria deponer sus armas y jurar lealtad al nuevo “país” y su régimen. En alguna medida, ya había usado esa táctica en los territorios de Siria que controla, con un relativo éxito. Pero si se considera que el Califato se origina en una división de Al-Qaeda, que a su vez evolucionó de otros grupos militantes, las oportunidades de acatamiento no parecen muchas.

Peor aún, el que sus principales aliados pertenezcan a la rama sunita del Islam lo hace un enemigo casi automático de otros grupos, en especial los chiitas que son mayoría en Irak e Irán.

La idea aparente es restaurar las glorias que vivió el Islam durante su máxima expansión, en el siglo VII, bajo las dinastías de los Omeyas y los Hassanidas, cuando los dominios islámicos iban de lo que es hoy Irán hasta los Pirineos, en la actual frontera entre España y Francia, pero los mapas que manejan los partidarios del Califa Ibrahim van mucho más allá.

Pero si el anuncio es simplemente hipérbole de un jefe guerrillero que “perdió el piso” ante sus éxitos o un momento histórico es algo sujeto a cuestionamiento.

“En dos aspectos no puede ser ignorado: es una declaración de realidad; las fronteras coloniales existentes entre Irak y Siria han hecho colapso y más ampliamente, un rediseño del mapa de la región está cerca (...) segundo, que sólo puede exacerbar el conflicto sectario entre chiitas y sunitas que la guerra civil en Siria, ampliada ahora también a Irak, está desatando”, editorializó el diario británico The Independent.

Para Robin Simcox, de la  Henry Jackson Society de Londres, el EIIL “es agresivo, expansionista y un peligro real. Puede tener su atención puesta por ahora en Irak, pero sus ambiciones son mucho mayores”.

De hecho, dos o tres días después del anuncio de la proclamación del Califato, un segundo llamado convocó a los musulmanes a migrar hacia el territorio del EIIL para vivir ahí bajo al menos una versión de la tradicional ley musulmana Sharia, con el Califa Ibrahim como suprema autoridad religiosa.

Podría dudarse que muchas familias o profesionistas acataran el llamado, pero la pregunta en medios occidentales, especialmente entre los familiarizados con temas de inteligencia y terrorismo, se refiere más bien al tipo de personas que pueden escuchar una convocatoria que evoca glorias pasadas, pero también promete esperanzas para el futuro.

“Es probable que atraiga cientos de reclutas frescos a su nuevo refugio en Irak”, aseguró Simcox en un artículo reproducido en el portal de internet de la prestigiosa Foreign Affairs.

Y tan indefinibles como sea, o parezcan, por lo pronto, el grupo extremista parece querer ser considerado como un ejército terrorista. Va no sólo de reivindicar ataques en Jordania o Líbano a inspirarlos, por lo menos, en Suecia o en Francia.

Algunos creen que al margen del celo religioso de los seguidores del Califa Ibrahim y lo atractivo de su convocatoria la situación en el siglo XXI es esencialmente distinta.

Dependen de las estrategias

La situación del EIIL estaría apoyada en buena medida por el éxito de sus tácticas de guerrilla en Siria y la dureza de sus combatientes: se estima que entre Irak y Siria no tiene más de 15 mil hombres armados.

La población en las áreas que ahora parecer controlar el grupo es de unos 18 millones de personas y se le atribuye tener una tesorería con dos mil millones de dólares, producto sobre todo de los depósitos en los bancos de Mosul. Su reciente ocupación de un campo petrolero en Siria le abre la posibilidad de obtener otros recursos.

Pero la proclamación tiene una parte de extrema audacia. Por un lado, es dudoso que los actuales países árabes simplemente acaten la autoridad de un personaje que hasta hace unos meses era considerado como apenas poco más que el jefe de un grupo terrorista; por otra parte, ante las pretensiones del Califato no son pocos los países de la región que se le puedan oponer, incluso Rusia y China, donde hay minorías musulmanas ya inquietas.

Y para algunos, supone ser un grupo potencialmente más peligroso que Al-Qaeda, la organización de la que se separó en enero pasado. De entrada, no sólo parece más duro sino con la proclamación del Califato llegó más lejos que lo que Al-Qaeda haya hecho jamás.

La declaración del Califato incluye implícitamente la instauración de la tradicional ley musulmana Sharia y con ello, ciertamente, tensiones en la relación con otros grupos religiosos, islámicos y no.

De hecho, según la versión inglesa del portal arábigo Al-shorfa —financiado por el Departamento de Defensa estadunidense—, las opiniones de clérigos y académicos islámicos no dan legitimidad al reclamo del EIIL.

Más complicado aún, el EIIL tiene sus principales vínculos con los sunitas, que constituyen la mayoría de los musulmanes, pero sus más inmediatos adversarios —Irak e Irán— tienen mayorías chiitas, y los más extremistas en los dos grupos consideran a los otros como apóstatas.

Y en Irak, clérigos chiitas rechazan sin dudar la propuesta de EIIL. Chiitas y sunitas han luchado por más de mil años, y por tanto la creación de un Califato bajo auspicio sunita no entusiasma mucho a los chiitas en Irak, en Irán o a los moderados sunitas o sectas de origen sunita en ningún otro lado.

De creer a organizaciones como Stratfor, la pura idea es una exageración. “Ninguna cantidad de nuevos nombres cambiará el hecho de que geografía, ideología política y religiosa, diferencias culturales y étnicas, prevendrán la emergencia de una entidad política singular capaz de gobernar el gran Oriente Medio”, apuntó.

Otros analistas difieren. El británico Crispin Cuss afirmó en la cadena de noticias árabe Al Jazeera que la anunciada fundación del Califato da una idea “de los motivos y la ambición” del EIIL.

De acuerdo con la emisora británica BBC, el EIIL inició en Irak un proceso de monopolización de armas y autoridad, aun a riesgo de enemistarse con los grupos sunitas iraquíes —antiguos aliados de Saddam Hussein— con los que se vinculó para su actual éxito, pero que no necesariamente comparten su idea de un estado islámico. Y para complicar más las cosas, buena parte del éxito de EIIL ahora se debe a esas alianzas.

“En Tikrit, el ejército Naqshbandi es la principal fuerza combatiente. Sus metas han sido claras desde el principio: cambio de régimen en Irak. Los otros rebeldes sunitas tienen metas similares. Ésta es una guerra contra (Nuri al) Maliki —el primer ministro iraquí—, dicen, no una guerra santa internacional”, consignó por ejemplo el periodista Imran Khan en la cadena de televisión árabe Al Jazeera.

El anuncio es también una relativa ingenuidad. ¿Qué tipo de servicios proporcionará a sus ciudadanos? Ésa es una pregunta que se plantean algunos politólogos, pero no sería la primera vez que el EIIL sorprendiera: todavía el 16 de junio los expertos opinaban que no tenía posibilidades de retener el territorio ocupado.

Pero por lo pronto, analistas como Simcox opinan que ese “paraíso terrorista” que Estados Unidos y sus aliados lucharon por terminar en Afganistán “está emergiendo en Irak; las ambiciones de EIIL no terminan en las fronteras de Irak o de Siria”.

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