El reto, mover al elefante republicano

Los diputados Kevin McCarthy y Steven Scalise, nuevo líder y coordinador de los republicanos en la Cámara de Representantes deben de buscar nuevas estrategias para unir a su partido, que atraviesa por una crisis de fortaleza

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23/06/2014 02:58 José Carreño Figueras

CIUDAD DE MÉXICO.- Frescos de su elección como líder y coordinador de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes del Congreso estadunidense, los diputados Kevin McCarthy y Steven Scalise fueron rápidamente señalados como unificadores de un partido dividido.

Y aunque algunos podrían ver a los dos relativamente jóvenes legisladores como cercanos a los Partidos del Té, podrían más bien ser vistos como conservadores más cercanos al molde tradicional republicano que al “revolucionarismo” de aquellos.

De creer a Mark Shields, comentarista político del programa NewsHour de la Televisión Pública (PBS), la elección de los nuevos líderes republicanos “hace la vida más fácil” del también republicano John Boehner, presidente (Speaker) de la Cámara baja.

McCarthy y Scaise han sido presentados como interlocutores viables tanto con la derecha como con los sectores tradicionales de los 235 miembros que componen actualmente la bancada republicana.

Cuando Eric Cantor, el republicano que fue líder de la mayoría desde 2011, perdió la primaria (elección interna) republicana en su distrito congresional de Virginia, no tuvo problema alguno en pedir que su sucesor fuera Kevin McCarhy, hasta ese momento coordinador de la mayoría.

Cantor perdió su candidatura en lo que se consideró como una “chica” política asombrosa ante el economista Dave Brat, favorecido por los Partidos del Té, una organización no-estructurada de grupos críticos del gasto público y partidarios de reducir el papel del gobierno en el país.

Pero si bien la victoria de Brat mostró el atractivo de los Partidos del Té para un sector republicano, uno que en las elecciones legislativas de 2012 logró imponer a casi una tercera parte de los diputados de la mayoría y con ello ganó una considerable influencia, también provocó una reacción del aparato político tradicional.

McCarthy, el nuevo líder de la mayoría, tiene 49 años de edad y llegó al Congreso Federal en 2007, por el 23 Distrito de California, uno sitio en la región central, al noreste de Los Ángeles, en el Valle de San Joaquín, cuya mayor industria es la petrolera.

De acuerdo con el semanario especializado National Journal, cuando McCarthy fue cuestionado por la prensa respecto a la posible preocupación de los conservadores por sus antecedentes californianos, uno de los estados más liberales del país, el nuevo líder recordó que sus correligionarios habían elegido al nieto de un ganadero y al hijo de un bombero. Sólo en Estados Unidos se tiene esa oportunidad.

Considerado como un trabajador de equipo y un negociador nato que busca puntos de contacto con sus colegas, McCarthy parecería ideal para lidiar con un Congreso donde su propia mayoría puede convertirse en su principal problema, dividida como está entre un grupo percibido como “extremista” y rígido y otro que aquellos considera como conformista y blando.

Por lo pronto, nadie podría darle negociaciones de frugalidad: McCarthy vive literalmente en su oficina cuando está en Washington.

De acuerdo con analistas uno de los principales problemas políticos estadunidenses es la inmovilidad en que ha caído el gobierno norteamericano debido a la creciente pugna ideológica entre republicanos y demócratas, empujados cada uno de ellos por sus extremas: la derecha en uno y la izquierdo el otro.

Apenas la semana pasada, una encuesta consignó que los índices de confianza pública en el Congreso se encuentran en siete por ciento, uno de los niveles mas bajos, si no el mas bajo, de la historia.

Y esa es una parte del problema republicano, toda vez que una buena parte de los estadunidenses los percibe como los responsables de la obstrucción y de las dificultades para el gobierno.

Para algunos expertos, en un sistema de gobierno donde la negociación y la transacción con los rivales políticos e ideológicos es indispensable para gobernar los extremos, y notablemente los llamados Partidos del Té, aparecen con una postura de rigidez y oposición al compromiso que afecta a los republicanos.

En ese marco la elección de McCarthy y del segundo en la jerarquía republicana en la cámara, Steven Scalise, parecería un gesto hacia la derecha republicana y un reconocimiento de su impacto, pero no necesariamente de que su influencia haya crecido.

McCarthy, conservador como es, se vió cuestionado por uno de los principales representantes de los Partidos del Té en el grupo republicano, el latino Raul Labrador, de Idaho.

Scalise, representante de un distrito de Louisiana, por su parte, hizo una audaz campaña que le permitió comprometer el voto de la mitad de los republicanos antes siquiera de que sus competidores comenzaran sus respectivas campañas.

Para analistas como Joshua Green, de la organización Bloomberg, “Scalise es una figura curiosa”, toda vez que está clasificado como el cuarto representante mas conservador en la cámara baja pero no afiliado a los Partidos del Té. Más aún, agregó Green, “la mayoría de los Partidos del Té no ven a Scalise como uno de ellos, porque se ha acercado” a la estructura tradicional del partido.

En términos geopolíticos, si se quiere, Scalise asegura la representación de los conservadores de estados republicanos en un liderazgo dominado ahora por republicanos procedentes de estados bajo control demócrata, como el presidente cameral Boehner, de Ohio, y el propio McCarthy, de California.

Pero el nuevo equipo dirigente tiene apenas unos cuantos meses para probarse antes de que en enero próximo deba enfrentar una nueva elección, que puede o no ratificarlos. Y esta vez no habrá sorpresas...

De hecho, los próximos meses van a ser una prueba mayor. Por un lado el presidente Barack Obama, odiado por los Partidos del Té, tratará de empujar iniciativas que algunos consideran como urgentes –la reforma migratoria sería una de ellas–, pero la derecha republicana rechaza de entrada.

Boehner, McCarthy y Scalise deberán caminar una fina línea entre la necesidad de hacer algo y aún dialogar o colaborar con el Presidente para evitar que Obama se lleve todos los méritos; pero también con la necesidad de apaciguar a su grupo más extremo.

Tienen cinco meses para convencer a sus posibles adversarios.

La carta de Barack Obama a Castro

La noticia de que Barack Obama envió una carta a Raúl Castro, en la que expresa su voluntad para iniciar un diálogo político entre ambos países y que fue publicada por un medio  uruguayo, fue reproducida por diversos medios alrededor del mundo, incluido un blog cubano que integra al diario Granma.

La nota publicada el pasado 20 de junio por el semanario Búsqueda explica, a través de un extenso reportaje, que el mensaje fue confiado al presidente Uruguayo, José Mujica, para entregarlo a Castro con la intención de que los mandatarios de Estados Unidos y Cuba aborden temas diversos, entre ellos el embargo comercial a la isla.

De acuerdo con un análisis del servicio de análisis de inteligencia global, Stratfor, este podría ser el avistamiento de un avance en las relaciones entre ambos países.

 “Si el reporte es cierto, la transición podría ser el primer paso hacia la reconciliación”, advirtió Stratfor.

El análisis observó que ambos países se beneficiarían de la normalización de los lazos.

Cuba depende, en gran medida, de las exportaciones de petróleo de Venezuela, sin embargo el país sudamericano se encuentra en medio de una crisis política y económica, por lo que no existe certeza sobre el futuro del abastecimiento energético en la isla.

“Dada la situación de Venezuela, Castro podría exigir que se levante el embargo en cualquier negociación”, consideró Stratfor.

Respeto a la nación del norte, Stratfor, explicó que en estos momentos busca evitar que Rusia se acerque a países de América Latina, con el objetivo de establecer una presencia fuerte en la región, todo esto, “pese a que la Guerra Fría ha terminado”.

Agregó que la opinión pública en Estados Unidos apoya la finalización del embargo y Cuba ha liberalizado poco a poco su economía, ambos factores podrían facilitar las pláticas.

–Por María Fernanda Navarro

 

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