Los retos del rey Felipe VI

El referéndum catalán y el reclamo de que el país sea una república son dos de los problemas que le esperan a Felipe de Borbón, quien será proclamado el jueves

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16/06/2014 05:00 Patricia Godoy/Corresponsal

BARCELONA, 16 de junio.– El próximo jueves, España tendrá un nuevo jefe de Estado. Felipe VI asumirá el relevo de su padre Juan Carlos y se embarcará en una travesía repleta de dificultades e incertidumbres.

Y es que hoy en España las aguas están revueltas y la navegación es peligrosa, sobre todo para la monarquía, que en los últimos cinco años ha dejado de ser la institución más respetada del país y hasta se ha puesto en duda su futuro.

Una vez en el trono –el próximo 19 de junio será su proclamación–, Felipe VI se enfrentará a múltiples y complejos desafíos que requerirán una gran habilidad y lo mejor de su inteligencia. Por eso, los medios en España especulan sobre cómo será el plan con el que el nuevo monarca tratará de recuperar el prestigio de la institución.

Según el artículo 56 de la Constitución española, las tareas del rey como jefe del Estado son las de “arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones”. Es decir, el titular de la Corona no gobierna ni tiene poder Ejecutivo, Legislativo o Judicial. Imaginen al rey como un árbitro de futbol que tiene que ayudar al tranquilo discurrir de un partido, pero no puede sacar tarjetas ni sancionar las acciones de los jugadores, en este caso de legisladores, políticos o jueces. Eso sí, los gestos del rey son simbólicos, pero muy relevantes.

Al ocupar el trono, se espera que los primeros pasos del nuevo rey sean muy diferentes a los que dio su padre hace 39 años. La coyuntura histórica, social y política de España no tiene nada que ver con la de hace cuatro decenios, cuando Juan Carlos de Borbón  colaboró en el proceso que condujo a España de la dictadura franquista a una joven democracia.

Para el periodista español Fernando Ónega, el heredero tiene un “enorme” reto de inicio: suceder a su padre. “Parecería una tontería, pero no es sencillo ocupar el sitio de un hombre al que los españoles nos hemos acostumbrado a lo largo de casi 40 años”, asegura.

“Un rey –continúa Ónega– que a pesar de todos los problemas, mantiene un altísimo carisma y las comparaciones serán inevitables.”

Además de enfrentarse a las constantes y de seguro odiosas comparaciones con su padre, Felipe deberá afrontar, al menos, cuatro grandes retos.

Desafío soberanista catalán

El reclamo de una parte importante de la sociedad de Cataluña que desea votar en una consulta la permanencia o no de esta región dentro de España será uno de los asuntos a los que Felipe VI deberá prestar mucha atención.

En el último año, el desafío soberanista planteado por el presidente catalán Artur Mas se ha intensificado y eso lo sabe muy bien el todavía príncipe de Asturias. En su primer discurso público tras la abdicación de su padre aseguró que como nuevo rey servirá a una España “unida y diversa”, en alusión directa a los deseos independentistas catalanes.

En este caso, Felipe VI podría propiciar un dialogo, hoy inexistente, entre los gobiernos de Artur Mas y Mariano Rajoy y así lograr que la llamada “cuestión catalana” salga del aparente callejón sin salida en el que se encuentra. Y de paso, demostraría que la monarquía sigue siendo un cimiento básico en la construcción de la actual sociedad española.

Caso Urdangarin

Además del reto catalán, el futuro monarca deberá trabajar para regenerar la muy deteriorada imagen de la institución que representa, afectada sobre todo por el caso Urdangarin, apellido del marido de la infanta Cristina, hermana del próximo rey.

El juez José Castro decidirá en las próximas semanas si sienta en el banquillo de los acusados a Iñaki Urdangarin. Y aunque es casi seguro que así sucederá, lo que no está tan claro es el destino de la infanta Cristina, también imputada en este caso de corrupción y fraude fiscal.

Cristina de Borbón y su esposo fueron apartados de todas las actividades de la Casa Real española hace tres años cuando estalló el escándalo. Queda por ver cómo Felipe VI gestionará públicamente este asunto tan complicado ya que incorpora relaciones familiares y que aún dará mucho de qué hablar en los próximos meses.

Pero lo más relevante es saber si el futuro rey dará más pasos en el camino hacía una mayor transparencia de la monarquía, que hasta hace poco se ha caracterizado por la opacidad en sus cuentas.

El primer intento por acabar con esa imagen negativa se hizo en 2011, al calor del “tsunami” desatado por el caso Urdangarin. Por primera vez en 36 años, la institución publicó sus finanzas y explicó en qué se gasta los 8 millones 434 mil 280 euros (unos 79 millones de pesos) que recibe al año.

Monarquía vs. república

Pocas horas después de que el rey Juan Carlos anunciara que abdicaba el pasado 2 de junio, grupos de ciudadanos decidieron convocar concentraciones en favor de la república en diversas ciudades españolas.

Pero no solo el descontento de estos ciudadanos es un problema para el nuevo rey. Hoy en España, las opciones políticas que defienden este modelo de Estado han conseguido cierta notoriedad pública, tras haber logrado más de 4 millones de votos en las últimas elecciones europeas.

Todas estas voces críticas han abierto un debate que durante muchos años fue un tabú en la política española y que hoy se comienza a tratar con cierta naturalidad: ¿Los españoles deberían votar para elegir su forma de Estado entre monarquía y república?

Frente a este escenario, se espera que Felipe VI asuma la tarea de convencer a los españoles de que es capaz de llevar a cabo una modernización de una institución tan antigua como es la monarquía.

Según las encuestas más recientes publicadas en los medios de comunicación españoles, 49 por ciento de los españoles se inclina por una monarquía con el príncipe Felipe como rey, frente a 36 por ciento que preferiría una república.

Si hacemos caso a estos sondeos de opinión, la opción monárquica ganaría sobre la republicana en un hipotético referéndum que desde el gobierno español ya se ha rechazado.

El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Santiago de Compostela, Antón Losada, escribía hace unos días que “tras 30 años de monopolio monárquico, la inercia de la corona tira más que la expectativa republicana entre una opinión pública que tiene muchas cosas de qué preocuparse”.

Añadía que “no parece descabellado afirmar que en este momento la monarquía ganaría sin apuros cualquier votación contra la república”. Y enviaba un mensaje a Felipe VI: “Anímese excelencia, todo son ventajas y sus hijas se lo agradecerán. Se lo dice un republicano leal”.

Generar ilusión

Otro de los grandes retos de Felipe VI será el de responder a las expectativas y devolverle a los españoles la ilusión que la crisis económica y los múltiples casos de corrupción política han destruido. No será tarea fácil. Hoy gran parte de la sociedad española es profundamente escéptica respecto a sus dirigentes.

Aunque hay algunas señales de una tímida recuperación –al menos en términos macroeconómicos–, la crisis que vive este país desde hace seis años continúa. Y el desempleo, una de sus peores caras, se mantiene en torno a 26 por ciento.

El rey Juan Carlos afirmó en su mensaje de abdicación que dejaba el trono para dar paso “a una generación más joven”, con más energía. Felipe VI la necesitará y mucho, pues deberá también demostrar que es capaz de trazar su propio camino y que tiene suficiente personalidad para estar a la altura de las exigencias de un mundo moderno marcado por la tecnología y las redes sociales y al mismo tiempo cumplir con el papel  de “embajador” de España como lo hizo su padre.

Cuentan los cronistas que le han acompañado en sus viajes de Estado que Juan Carlos de Borbón siempre demostró una gran capacidad de comunicación y empatía que utilizaba en todos los contextos y que le hizo ganar el aprecio y respeto internacional. Incluso, el expresidente venezolano Hugo Chavez afirmó, tras el famoso incidente del “¿por qué no te callas?” que el rey es “un tipazo”. Otro ejemplo. En 1997, el rey, aprovechando su buena relación con el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, le invitó a navegar en su yate junto al exmandatario español José María Aznar para resolver algunos conflictos encallados entre los dos países.

¿Podrá Felipe cumplir ese mismo papel de mediador entre mandatarios que tuvo su padre? Ésta y muchas preguntas quedan en el aire. Sólo el tiempo y su capacidad de gestión dirán si el nuevo monarca español, Felipe VI, podrá capitanear con éxito un barco hoy repleto de fugas de agua llamado España.

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