Las FARC marcan la diferencia en propuestas de candidatos presidenciales

Cada aspirante propone rutas opuestas para abordar el futuro de la guerrilla. Óscar Iván Zuluaga (izq.) suspende-ría el diálogo, mientras que Juan Manuel Santos (der.), actual mandatario, mantendría el proceso de paz

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15/06/2014 04:21 María Fernanda Navarro

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de junio.-  En medio de las elecciones de Colombia, calificadas por diversos expertos como una guerra sucia carente de propuestas, está un elemento presentado como estandarte de campaña por los dos polos que se disputan la Presidencia del país: las negociaciones de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Los medios de comunicación del país sudamericano lo señalaron como “el tema decisivo” de estas elecciones, sobre todo desde el arranque de la segunda vuelta de votaciones en las que se enfrentan el actual presidente, Juan Manuel Santos, un centro-conservador, y el vencedor de la primera vuelta, Óscar Iván Zuluaga, un conservador de línea dura, apoyado por el expresidente Álvaro Uribe.

Cada uno de los candidatos planea trazar rutas totalmente opuestas para abordar el futuro de la guerrilla. Santos desea continuar con el proceso de diálogo que inició en su gobierno y que se está llevando a cabo entre autoridades y líderes de las FARC en La Habana, en tanto que Zuluaga ha dejado en claro que suspendería los diálogos hasta que la guerrilla decrete un alto al fuego unilateral.

Las perspectivas antagónicas de los candidatos presidenciales representan, en gran medida, las dominantes en la sociedad colombiana, que se divide entre quienes apoyan el proceso de paz y “otro gran sector de la sociedad que no está dispuesto a aceptar que con las negociaciones los guerrilleros no vayan a la cárcel”, consideró Miguel Silva Moyano, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Para un buen número de colombianos el hecho de que Juan Manuel Santos, candidato por la Unidad Nacional haya hecho de las negociaciones con las FARC su principal bandera política no es una sorpresa.

“Era la única carta que tenía para buscar la reelección, más allá de la gestión en su gobierno, el cual fue muy mal evaluado y eso lo demuestra su derrota en la primera vuelta electoral”, dijo Silva, en entrevista telefónica con Excélsior.

Con lo anterior coincide Sandra Hincapié Jiménez, doctora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), quien explicó que la estrategia emprendida por Santos era la única forma para atraer a los sectores de centro y centroizquierda: “porque de otro modo no representa otra cosa diferente del proyecto económico que hasta hoy se desarrolló en su primer mandato”.

De hecho, Ingrid Betancourt, exrehén de las FARC y excandidata presidencial, manifestó su respaldo a Santos a través de una columna publicada en el periódico colombiano El Tiempo en donde consideró que es la mejor opción para alcanzar un acuerdo de paz con la guerrilla.

Pero la tan anhelada paz colombiana es vista como capital político, sobre todo en momentos que parece más palpable desde la conformación de las FARC en 1964.

Ello ha provocado reacciones negativas tanto de la sociedad colombiana como de los más involucrados en el proceso.

De hecho, el pasado 27 de mayo el jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, publicó un comunicado en el que acusó a Santos de presentar las elecciones presidenciales como un referéndum para definir si la mayoría de los colombianos se inclinan por la continuación del conflicto armado a través de la elección de Zuluaga, o poner fin a la guerrilla, al otorgarle la mayoría de los votos a Santos.

En el comunicado Londoño dejó claro que tal disyuntiva no corresponde con la realidad: “el mentado plebiscito no es más que una farsa, un escenario mediático que pretende trasladar a la inmensa mayoría de colombianos, la responsabilidad por una guerra de la que los únicos responsables son las dos facciones políticas (…) que se disputan hoy el control del Estado en Colombia.

Recordó que mientras Santos  fungió como ministro estrella del segundo gobierno de Álvaro Uribe “ordenó el asesinato del comandante Alfonso Cano mientras intercambiaban mensajes en torno a un posible proceso de conversaciones, y quien incluso reconoció haber llorado de felicidad al conocer la noticia”. Asimismo invitó a los colombianos a votar en blanco por representar una opción para deslegitimar a las dos opciones “neoliberales”.

Hincapié Jiménez aseveró que las posturas antagónicas de los dos candidatos respecto a las FARC, son precisamente aquello que los distingue: “en los otros temas no hay mayores diferencias. El candidato Zuluaga representa la vía militar, la cual se ha implementado de manera infructuosa durante las últimas décadas, y la otra es la salida negociada”.

Pese a que Óscar Iván Zuluaga ha sido señalado como la opción que prolongaría la guerra en Colombia, sobre todo porque ha planteado suspender las negociaciones en caso de ocupar la Presidencia, el candidato por el Centro Democrático ha dejado claro que se inclina por negociar la paz “sin condiciones”. Al tiempo que ha señalado a las FARC como grupo terrorista y principal cártel del narcotráfico del mundo.

Sin embargo, Silva Moyano dijo que de resultar ganador Zuluaga tendría poco margen de maniobra en las negociaciones con esa guerrilla: “esto por varias razones: hay una gran presión internacional alrededor del proceso lo que haría que las negociaciones continuaran.

“El segundo elemento es, casualmente lo que más se ha criticado es que se está negociando en medio de la guerra y que no haya un cese de fuego bilateral, lo que impone un ritmo al proceso. El tercero es la desventaja militar de las FARC, es la que nos tiene sentados aquí”, explicó Moyano.

En entrevista con este rotativo, Hincapié Jiménez coincidió con Moyano: “a diferencia de las décadas anteriores la guerrilla es mucho más consciente de que ésta es una de las últimas oportunidades que hay para una negociación política en la que puedan reivindicar muchos de sus programas y peticiones”.

Luego de que la guerrilla y las autoridades colombianas reconocieron de manera conjunta la corresponsabilidad con las víctimas del conflicto armado y aseguraron que compartirían la obligación de reparar los daños, diversos expertos opinaron que el proceso de paz se encontraba en su recta final.

Desde que iniciaron las negociaciones de paz en octubre de 2012, el gobierno colombiano y la guerrilla han llegado a varios acuerdos respecto al reparto de tierras para agricultores, la participación de los guerrilleros en la política del país y el tratamiento de las actividades ilícitas del narcotráfico vinculadas a las FARC.

“Eso refuerza el hecho de quien gane no va a poder omitir lo que se ha logrado en La Habana”, afirmó Hincapié Jiménez

Se suma el ELN

La discusión sobre la paz o la guerra en el marco de las elecciones presidenciales alcanzó su punto más elevado la semana pasada cuando el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno de Colombia anunciaron que se están llevando a cabo charlas exploratorias para iniciar un diálogo de paz.

“El anuncio del ELN ha hecho que se relacione aún más el asunto de la paz como un asunto de la reelección. Es lamentable que este proceso, que si bien se recibió con entusiasmo, termine contaminado por el interés particular del Presidente”, opinó Silva Moyano.

En contraste, Hincapié Jiménez expresó que si bien el proceso de paz que se vive en La Habana divide la opinión y voto en Colombia, las elecciones pusieron el foco de la atención pública en los diálogos: “eso es algo bueno en el sentido de que la posibilidad de terminar con el conflicto armado en Colombia pasa a ser un tema prioritario en la agenda del país”.

 

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