Retrato hablado: Felipe de Borbón, el flojo pasado del futuro rey

El Príncipe de Asturias quien asume la Corona española el 19 de junio, de joven fue malo para la escuela, impuntual y caprichoso. Se corrigió en un colegio militar

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08/06/2014 03:22 Patricia Godoy/Corresponsal
ilustración: Julio Grimaldo

BARCELONA, 8 de junio.– Unos meses antes del verano de 1984, el rey Juan Carlos y la reina Sofía estaban muy preocupados por su hijo, un joven Felipe que con 16 años era “pachorro y parsimonioso, flojo en sus estudios, impuntual y perezoso”, según recordaba en 2010 su tutor de aquellos días, José Antonio Alcina.

El que el próximo 19 de junio se convertirá en el nuevo rey de España, había optado por una vida fácil y sin esfuerzo alguno. “Entre todos lo habíamos malcriado. Le gustaba dormir mucho y madrugar poco, tendía al capricho, a hacer lo que le daba la gana, a salirse con la suya... Por eso convenía exigirle”. Así lo recordaba la reina Sofía en una entrevista con la periodista Pilar Urbano, autora del libro La reina muy de cerca. Los reyes decidieron enviar a aquel joven díscolo a Canadá para estudiar un año en un colegio militar de donde “volvió hecho un hombre”, contó después la reina.

Treinta años después, Felipe de Borbón recibe adjetivos totalmente opuestos a los de su juventud. Quienes lo conocen los describen como: “inteligente, discreto, serio, responsable y bien formado intelectualmente”.

El futuro monarca ha llevado una vida observada de cerca por todos y analizada con lupa desde el momento en que su padre anunció su nacimiento la fría mañana del 30 de enero de 1968. La llegada del tercer hijo de los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía era la mejor noticia posible. Tras el nacimiento de las dos infantas, Elena y Cristina, era necesario un varón que garantizara la continuidad dinástica de los Borbones. 

Juan Carlos de Borbón estaba exultante. La primera llamada que hizo desde la habitación 604 del sanatorio Loreto de Madrid fue al Palacio El Pardo para darle la noticia al dictador Francisco Franco.

–¿Ha sido machote?– preguntó Franco desde el otro lado del teléfono.

–¡Sí, mucho, mi general, como su padre!– contestó Juan Carlos sonriendo.

Esta escena, que fue narrada por el periodista José Apezarena en su libro El príncipe. Cómo es el futuro Felipe VI, describe el ansia del rey Juan Carlos por tener un varón. El bebé nació grande –pesó 4.3 kg y midió 55 cm–, rubio y con ojos azules. Dos días después, el orgulloso padre dejó que los periodistas le tomaran fotos en la habitación del hospital.

El especialista en la Casa Real española, Jaime Peñafiel recuerda que Juan Carlos “brindó con sidra con los reporteros que estábamos en la clínica” y les dijo, con su habitual sentido del humor:  “A la tercera tenía que ser la vencida”.

Desde aquel momento, la vida de ese bebé comenzó a planearse: desde el más mínimo detalle hasta los aspectos más relevantes como su educación, su carrera militar, sus amistades, sus responsabilidades y actividades deportivas, sociales; sus discursos e, incluso, sus parejas sentimentales.

Desde niño, el príncipe Felipe ha sido educado para reinar y suceder algún día a su padre. Es el primer heredero a la corona española con título universitario. Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. Antes de ingresar a la universidad, recibió durante tres años formación militar, una estricta instrucción que, según dicen, le sirvió mucho para adquirir disciplina y combatir uno de sus principales problemas: despertarse temprano.

Finalmente, el futuro rey viajó a Washington, tras terminar su carrera de Derecho, para iniciar una maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown. Durante dos años (entre 1993 y 1995), Felipe vive su época de mayor libertad. Estaba lejos de casa y la prensa lo dejó respirar un poco. “El tiempo que estuvo allí paseaba en bicicleta por la ciudad, iba de compras, salía de copas con los amigos, eso es algo que ya nunca podrá repetir. Fue totalmente libre”, comentó en una entrevista su primo Pablo de Grecia, uno de sus mejores amigos y con quien pasó esos dos años en Georgetown.

Su padre, el rey Juan Carlos, ha expresado en varias ocasiones que: “No se va a conocer en la historia un príncipe mejor preparado”. Lo cierto es que Felipe ha sido sometido durante toda su vida a una exhaustiva instrucción: domina perfectamente el inglés y el francés desde los 9 años de edad y tiene una muy buena educación.

Prepararse para ser rey es un trabajo en sí mismo. Esta idea quizá no se entienda muy bien desde fuera. Pero como siempre ha dicho su padre: “ser rey es un oficio”. De hecho, en la primera Cumbre Iberoamericana, celebrada en México en 1991, Fidel Castro le preguntó al rey Juan Carlos por su hijo Felipe. “Oye, ese hijo tuyo tan alto y tan buen mozo, ¿qué hace? ¿Es una especie de vicerrey o algo así?” El monarca sonrió y respondió: “Ser heredero es prepararse para ser rey”.

Felipe de Borbón es un hombre alto –mide 1.97 m–, apuesto y atractivo. En 1993, apareció en la lista de las 50 personas más bellas del mundo de la revista norteamericana People.

A lo largo de su vida, se le ha relacionado sentimentalmente con varias mujeres y ha mantenido, al menos, cuatro noviazgos, aunque nunca confirmados por la Casa Real española.

Su primer gran amor de adolescencia fue la española Isabel Sartorius, que pertenecía a la nobleza. Después, mantuvo una relación con la norteamericana Gigi Howard, a quien conoció durante su estancia en Georgetown. Pero quizá su noviazgo más destacado fue el que sostuvo con la modelo noruega Eva Sannum, con quien, según se dijo en aquel momento, había ya una compromiso formal.

Esa relación duró cuatro años –entre 1997 y 2001– y despertó todo tipo de criticas por el origen plebeyo de Eva y su trabajo como modelo. En la prensa española se despertó un apasionado debate sobre la idoneidad de la candidata y hasta hubo una división entre los políticos, partidarios de dejar al príncipe em libertad para elegir esposa, y los historiadores y expertos, que veían todo tipo de obstáculos legales, éticos y morales en la boda. Al final, la presión se volvió insoportable y Felipe anunció la ruptura con la noruega en diciembre de 2001.

“Me casaré por amor”

En una entrevista que concedió hace años a la periodista española Pilar Urbano, Felipe confesó que no consideraba necesario casarse con una princesa.

“Cuando me case lo haré por amor. No me siento obligado a buscar esposa entre las damas de la nobleza europea porque el amor viene de pronto y cuando viene ya no tiene remedio”, reveló el príncipe.

Y así fue como llegó el amor a su vida: de pronto y para sorpresa de todos los españoles. El heredero al trono se enamoró de la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, un rostro muy conocido en España. Conducía la edición estelar del noticiero de Televisión Española. Una relación que despertó cierto recelo entre los cronistas reales más conservadores. Letizia era plebeya, divorciada, periodista y una mujer independiente.

La pareja se conoció en septiembre de 2002 en Madrid durante una cena que organizó el reportero Pedro Erquicia, a la que asistieron periodistas, algún director de cine, empresarios y el príncipe.

Pasaron 14 meses entre aquella noche y el anuncio de su compromiso: el 6 noviembre de 2003. Ese día, Letizia y Felipe hacían su primera aparición pública que será recordada por el “déjame terminar” que la novia le soltó a su prometido real cuando éste la intentó interrumpir mientras hablaba frente a los periodistas.

Un gesto que fue considerado como una falta de respeto, por unos, y una muestra de personalidad, por otros.

Finalmente, el 22 de mayo y bajo una intensa lluvia, Letizia Ortiz y Felipe de Borbón se dieron el “sí acepto” en Madrid y ante los representantes de las principales familias reales de todo el mundo, en una boda que en su momento fue considerada como la boda del siglo.

Diez años y dos hijas, Leonor (8 años) y Sofía (7 años) después, los futuros reyes intentan hacer una vida normal y es frecuente verlos en el cine en Madrid comiendo palomitas o en conciertos de los Hombres G, Shakira o Luz Casal.

El futuro rey es junto al cantante Joaquín Sabina uno de los seguidores más famosos del equipo de futbol Atlético de Madrid, y seguro, a pesar de su habitual gesto serio, Felipe se ha emocionado alguna vez coreando “At-le-ti-, At-le-ti... Atlético de Madrid”, grito de guerra que los seguidores de este club corean en el estadio Vicente Calderón. Al fin y al cabo, puede ser el futuro rey de España, pero Felipe VI también tiene, seguro, emociones mundanas, y como la inmensa mayoría de los españoles adora el futból.

Felipe de Borbón se enfrenta principalmente a tres grandes retos y de cómo responda a ellos dependerá el juicio que la historia hará de él. El primero: ¿podrá estar a la altura del carácter popular y la cercanía de su padre? Segundo: ¿podrá ayudar a reconducir el desafío soberanista en Cataluña para que los catalanes no abandonen España? Y tercero: ¿podría enfrentarse al creciente debate que existe en la sociedad española entre monarquía y república como forma de Estado?

Las respuestas no dependerán exclusivamente de su labor. Hoy, en pleno siglo XXI, el de internet y las redes sociales, Felipe VI ya no se podrá permitir el lujo de decirle al pueblo español “¿por qué no te callas?”, como su padre le dijo al fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez.

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