“La justicia, vía de la convivencia”: Jean Fahed, presidente del Supremo Consejo Judicial de Líbano

El funcionario dijo que la justicia y la ley son la vía de convivencia, durante una conferencia a jueces de la capital mexicana, convocados por el Tribunal Superior del Distrito Federal

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19/05/2014 00:03  José Carreño Figueras y Mario Carbonell
Jean Fahed, presidente del Supremo Consejo Judicial de Líbano. Foto: Mario Carbonell

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de mayo.-Para Jean Fahed la justicias y la ley son la vía de convivencia.

Y algo debe saber. El presidente del Supremo Consejo Judicial de Líbano –equivalente a la Suprema Corte de Justicia– preside un sistema que debe combinar respeto a formas y leyes de 18 grupos étnico-religiosos con una historia de conflictos y con el impacto de una población de refugiados que asciende en casi 50 por ciento la población del país.

Fahed insiste en que no hay política envuelta en la administración judicial y seguramente tiene razón. Pero también, y aunque no lo dice, debe haber capacidad y necesidad políticas para que grupos con tradiciones distintas que a veces cuentan incluso con sus propias milicias, acepten su trabajo.

Pero Fahed persiste en que todos esos grupos, como vías de convivencia, aceptan el papel supremo de las Cortes libanesas, donde conviven leyes modernas con algunas que datan de la época del imperio otomano, disuelto hace casi un siglo, y sin olvidar la diversidad de la justicia familiar de los tribunales religiosos que por décadas o siglos han sido parte de la vida del país.

Ésa sería la única fórmula de vida para una nación que durante el último medio siglo ha sido desgarrada por la guerra, sea entre facciones religiosas o entre grupos políticos domésticos, intervenciones armadas israelíes, o el influjo de refugiados de conflictos vecinos: 400 mil palestinos ya por décadas y alrededor de 1.2 millones de sirios en los últimos dos años.

El imperio de la ley y de las cortes en que se apoyan son una parte indispensable de la infraestructura social y económica”, dijo el jurista libanés durante una conferencia a jueces del Distrito Federal, convocados por el Tribunal Superior del Distrito Federal.

De hecho, la reverencia de la ley está en el corazón de la fórmula de convivencia libanesa, una fórmula que de acuerdo con Fahed trasciende ideologías, religión y conveniencias políticas para favorecer la coexistencia.

Pero para un país de cuatro millones de habitantes, que lucha por mantener su democracia y uno de los sistemas políticos más abiertos en la región, el equilibrio político es parte de la supervivencia como nación.

Todos los grupos, insiste durante una conversación con
Excélsior, aceptan la necesidad de acatar la justicia libanesa, uno de los pilares de la democracia en un país donde los balances políticos deben ser calibrados casi a diario.

La explicación es simple: “nada es más importante que la justicia en sociedad alguna. Es esencial para mantener la estabilidad social y la justicia”, dice.

En otras palabras, “todos contribuyen... todos toman algo”, indica Fahed durante una visita a México en la que además de la conferencia convocada por el presidente del tribunal Edgar Elías Azar, visitó al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Silva Meza, y se reunió con el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam.

En ese marco, aborda en la entrevista el estatus de un juicio de enorme perfil para su país: la investigación de un tribunal especial sobre el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, en febrero de 2005, presuntamente a instancias de los servicios secretos sirios, y de acuerdo con la acusación en desarrollo, ejecutado por cinco miembros de la organización Hezbolá.

Hariri, un empresario de la construcción del grupo religioso musulmán sunita, fue dos veces primer ministro de su país y promovía un plan de reconciliación nacional.

Al margen de las implicaciones políticas –Hezbolá ha negado involucramiento y es parte de la coalición de gobierno–, el tribunal ha luchado también con la filtración de documentos a la prensa, cuya publicación es condenada por el propio Fahed –quien acota que su opinión es meramente de técnica jurídica–, por considerarlo una falta de respeto al proceso y una violación de la confidencialidad judicial.

La eventual determinación del tribunal puede tener ciertamente un impacto político en Líbano, pero Fahed subraya el consenso por mantener el funcionamiento de la judicatura y la vigencia de las leyes, aun por encima de las divisiones, la idea de mantener el imperio de la ley, por encima de diferencias religiosas.

De hecho arguye por ejemplo que aun en casos en los que Líbano no tiene relaciones diplomáticas formales, como con Israel, existen vías a través de los acuerdos internacionales de los que son parte la inmensa mayoría de los países del mundo.

No podemos escapar a la realidad de que diferentes sistemas legales operan al cruzar fronteras nacionales. En el mundo actual, el comercio y los intercambios son globales, la internet se ha tornado en un sitio de mercadeo y el crimen no conoce límites”, recuerda.

Pero las leyes y los acuerdos internacionales ya contienen, afirma, los principios y las herramientas necesarias para enfrentar esos problemas.

Sin riesgo de vacío de poder

Jean Fahed accede a hacer un breve comentario sobre el impasse que se vive en Líbano luego de lo que el jueves 15 se convirtió en el cuarto intento fallido del Parlamento para elegir a presidente del país en lugar de Michel Suleiman, debido a la imposibilidad de formar quórum. El líder de la cámara, Nabih Berri, debió  posponer la votación para el 22 de mayo. El periodo del actual mandatario vencerá el 25 de mayo.

Fahed desestima la posibilidad de que sin acuerdo, Líbano pudiera caer en un vacío de poder y una situación de inestabilidad, y recuerda en cambio que no sería la primera vez que el presidente se encuentre sin mandatario; expresa su confianza en que el Parlamento superará sus diferencias y cumplirá con las disposiciones establecidas. “Habría gobierno, en todo caso; ahí está el primer ministro, está el Legislativo”, acota el jurista libanés.

Luego de una apretada agenda de trabajo y de convivencia con la comunidad libanesa avecindada en el país, Fahed no duda en admitir que tiene “una debilidad por México y los mexicanos” y aseguró, al final de la conversación, que entre sus últimas actividades se daría tiempo para ir al mercado de artesanías, pues gusta de los sombreros de charro.

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