La derecha europea avanza a paso firme

La próxima elección en el Parlamento Europeo podría dar muestra de este fenómeno

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06/04/2014 03:44 José Carreño Figueras

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de abril.- El triunfo electoral de la derecha en Francia sólo es síntoma de una tendencia mayor, que de hecho atestigua una creciente presencia en Europa.

Algunas previsiones llegan tan lejos como a augurar que para mayo, cuando se celebren elecciones para el Parlamento Europeo, la tercera parte de los asientos corresponderán a la extrema derecha. Aun si esa previsión se cumple a medias, el impacto en la política regional puede ser considerable.

“El proyecto europeo, lanzado después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, enfrenta la más seria amenaza de su historia”, afirmó en diciembre pasado el diario británico The Guardian al denunciar el nacimiento de una “alianza pan-europea de partidos de extrema derecha”.

Pero al mismo tiempo, no se pueden ignorar las divergencias entre los diferentes movimientos nacionales de derecha —que a veces son más expresiones de una región de ese país— ni el hecho de que los partidos de extrema derecha, como los de extrema izquierda, parecen beneficiarse ahora de un fuerte voto de protesta.

Con todo, lo que algunos medios llaman el preámbulo de las elecciones en la Unión Europea difícilmente puede ser menos optimista. Los partidos más opuestos a la integración, normalmente en el extremo derecho del mapa político, han logrado avances visibles y las ganancias logradas hace apenas dos semanas por el derechista “Frente Nacional” francés sacudieron no sólo a Francia sino a sus vecinos.

Peor aún, advirtió Le Monde en noviembre, en un contexto en el que los partidos políticos hoy en el poder están más preocupados por votos nacionales que por votaciones europeas que normalmente tienen un escaso atractivo para los votantes. Si esto ocurre así entre el 22 y el 25 de mayo, “los partidos de protesta cuentan con las elecciones para establecer su influencia”.

Los 28 países miembro de la Unión Europea elegirán 751 diputados y de creer a The Economist, grupos como el “Frente Nacional” francés, el Partido de Independencia del Reino Unido (UKIP), el Partido de la Libertad (NVV) de Holanda, tienen fundadas esperanzas de lograr una buena votación.

Los comicios europeos “tradicionalmente favorecen a partidos marginales”, afirmó el politólogo francés Dominique Reynie, citado por Le Monde.

Algunos partidos de extrema derecha europeos están demasiado cerca de raíces abiertamente pronazis o fascistas como para no despertar recelos, pero muchos creen que su ideología es menos relevante.

El nuevo impacto de la derecha en Europa puede tal vez explicarse como resultado de que se presenta ahora como populista, como expresión de protesta contra un estado elitista y supranacional. Un movimiento que juega con el chauvinisno, o la xenofobia y aprovecha la llegada de inmigrantes musulmanes y africanos para despertar sentimientos no muy lejanos de intolerancia y racismo.

La nueva fuerza política atribuida a esos grupos se deriva en gran medida de la crisis económica que sacudió a Europa en los últimos diez años. Pero también de lo que algunos definen cono “euro-escepticismo” y lo que la UE representa, de cuestionamientos a las soberanías nacionales a inmigración.

De hecho el alza de la derecha y los movimientos de extrema izquierda acompañan al desplome de las ilusiones en torno a la Unión Europea, según datos publicados por The Economist.

Varios, como el griego Amanecer Dorado, tienen representación real en el Parlamento, en el caso específico son 18 asientos. Pero su líder, Nikos Michaloliakos, está ahora en la cárcel por el asesinato del rapero izquierdista Pavlos Fissas.

El año pasado una organización de extrema izquierda reivindicó un ataque a balazos contra oficinas de Amanecer Dorado en el que murieron dos militantes del grupo derechista.

Otro partido en una situación de fuerza es Jobbick, de Hungría, el tercer mayor en el Parlamento magiar. Rechaza ser de derecha y se presenta como “nacionalista radical”.

Sin embargo, varias fuentes acusan al partido de ser abiertamente antijudío y hasta de realizar provocaciones deliberadas contra ese grupo.

The Economist identificó además a varios movimientos de extrema derecha con movimientos separatistas en Bélgica, en el norte de Italia.

Pero al margen de sus puntos en común, hay también temas que los separan. Algunos desean autonomía regional dentro de la Unión Europea, pero otros rechazan a la UE. El PVV holandés es proisraelí y ve el extremismo musulmán como un peligro mundial, pero el FN francés es antisemita.

Para completar la ensalada, la revista Foreign Affairs afirmó que si bien el presidente Vladimir Putin justificó en parte la intervención rusa en Crimea como forma de evitar que grupos nazis o neonazis llegaran al poder en Ucrania.

Pero la relación entre el gobierno de Putin y partidos como el Jobbick húngaro, el Frente Nacional francés, el Amanecer Dorado griego o el ATAKA búlgaro, entre otros, es de llamar la atención en ese sentido.

De hecho, tendría motivaciones específicas.

Michael Orenstein, autor del texto Los Aliados Occidentales de Putin, aseveró que el respaldo del gobierno de Putin a partidos de extrema derecha en Europa “tiene menos que ver con ideología que con su deseo de desestabilizar gobiernos europeos, prevenir la expansión de la UE y ayudar a que asuman el poder gobiernos que sean amistosos hacia Rusia”.

De acuerdo con Foreign Policy, el número de diputados que sea electo al parlamento Europeo puede significar un aumento de cien por ciento en el número de legisladores “europeos” que desean abolir la unión. Esto, cierto, apenas sería el 20 por ciento del total, pero no deja de preocupar a los europeos, o a los estadunidenses.

Para The Guardian, un contrapeso a la extrema derecha requiere que la izquierda articule y desarrolle una alternativa al estancamiento económico, un cada vez mas disparejo ingreso y distribución de la riqueza, así como una constante erosión de estándares sociales, civiles y derechos.

“El tiempo se agota”, advirtió The Guardian.

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