Españoles veían el exilio como temporal

Se estima que los exiliados en México ascendieron a más de 20 mil. El país propició la llegada de ibéricos con un perfil profesional, Prueba de ello es la fundación de la Casa de España en estas tierras

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01/04/2014 03:38 José David Pérez/Especial

MADRID, 1 de abril.– En el último parte de la Guerra Civil española, emitido a principios de abril de 1939, Francisco Franco cometió un error; y es que el “ejército rojo”, como denominó al bando republicano, no estaba “cautivo”, ni tan
“desarmado” como sentenciaba.

Fueron cientos de miles los españoles que marcharon a Francia, a países del este o a México y a diversos países latinos escapando de la cacería al traidor emprendida por el régimen. Lo hicieron, especialmente los exiliados mexicanos, con un arma: la esperanza en que era temporal, en que ellos eran el gobierno español  legítimo.

Ángel Bahamonde, director de Cátedra de Estudios sobre el Exilio Español, enfatiza en esa arma descargada de los republicanos: “Lo veían como algo temporal, confiaban en que tras la Segunda Guerra Mundial se condenara al régimen de Franco y se restaurara el gobierno republicano. Algo que nunca pasó”.

A pesar de la seguridad, casi fe, mostrada por algunos su exilio fue para siempre. Nunca volverían como marcharon, muchos decidieron ceder cuando el régimen concedió que volvieran, décadas más tarde, sin represión. Otros se fueron a, o  perecieron en sus nuevos países. Hasta hoy, cuando muchos de sus nietos no recuerdan  qué llevó a ese abuelo con acento extraño a México.

Excursión a México

“¿Será que son así las bienvenidas a los excursionistas en México?”, preguntó Gabriel Cervantes, uno de los niños de Morelia, al ver cómo una muchedumbre los recibía, según la información del documental Los niños que nunca volvieron.

Eran más de 450 menores de Barcelona, Madrid y otras ciudades republicanas. Sus madres les prometieron que volverían, pues en 1937 la guerra no estaba decidida. Algunas de esas mujeres no soltaron a sus hijos, no sabían que los perdedores deberían rogar desde el sur de Francia que México los acogiera, como muestran algunas cartas conservadas.

Fue el caso de Rosa Gascón, exiliada en el sur de Francia, quien dirigía una carta a María de los Ángeles Chávez, presidenta del Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español en la que suplicaba ir a México en 1939.

“Estoy evacuada en Francia, sin mi marido, sin nadie. Mis hijos están en México y son los únicos que aliviarían mis penas. Permítame ir con ellos, soy su madre”, rezaba en su escrito Gascón.

Siguieron el ejemplo de los niños de Morelia diversos intelectuales que se refugiaron en México. Prueba de ello es la fundación de la Casa de España en México allá por 1938. Fue un centro donde decenas de grandes intelectos españoles, como el filósofo José Gaos, fueron seleccionados y estimulados.

A estos intelectuales los siguieron otros que hicieron de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Colegio de México sus proyectos, sus hogares académicos y donde dejarían un gran sello.

Estas mentes, aunadas a los grandes rostros políticos que México acogió porque en Europa no habrían estado seguros, dieron un brillo propio al exilio mexicano. Hicieron que el foco historiográfico se centrara con mayor celo en ellos.

El exilio mexicano

Con la derrota, el exilio dejó de ser preventivo. Fueron más de medio millar los españoles repartidos por diversos países. México acogió a un exilio que en palabras de Ángel Bahamonde es de “élites, profesional y subvencionado”. La historiadora Matilde Eiroa añade que fue “una gran pérdida para el país”.

El exilio, en general, supondría la pérdida de lo que el filósofo José Ortega y Gasset definiría como la “España liberal y progresista” y la creación de un “páramo intelectual” en España, como explicó el ensayista José Luis Abellán.

A pesar de las grandes mentes que protagonizan este exilio, no todos eran intelectuales. La historiadora Ana María Serna lo deja claro con el ejemplo de Felix Aranguren, uno de esos exiliados.

“Habían dos hermanos en mi campamento. A uno lo mandaban a Chile y al otro a México. Al despedirse se dijeron un allá nos vemos. Ese es el conocimiento que algunos teníamos”, contaba Aranguren a Serna.

En cifras,  se estima que los exiliados en México ascendieron a más de 20 mil. Sin embargo, Bahamonde rebaja la cifra varios miles. Y es que los fondos del gobierno republicano no permitían afrontar los costos de llevar a tantos miles a México, además, México propició la llegada de un perfil profesional.

Fue su perfil lo que dio lugar a que la vida norteña y agrícola,  que muchos mexicanos designaban para ellos, no se ajustaba a su capacidad. Eso los llevó a ir del puerto de Veracruz al Distrito Federal y, en la mayoría de los casos, a establecerse ahí.

Pudieron hacerlo gracias a Lázaro Cárdenas, “el hombre que abrió las puertas a los refugiados españoles, primero, y luego a los europeos. Los cuales renovaron la cultura mexicana”, según reflexionaron hace décadas Octavio Paz y recuerda el historiador Pablo Carriedo.

Las mujeres, por su parte, no pudieron restaurar su actividad política y social como en España. Matilde Eiroa explica que el componente económico fue clave. “Además del machismo que encontraron, no tenían recursos para entrar a clubes como hacían en Madrid”, explica Eiroa.

La historiadora Alicia Alted explica en sus investigaciones cómo esas mujeres propiciaron encuentros en sus casas, pero perdieron, en gran parte, su voz política y social. Sin embargo, ellas fueron invisibles en su mundo privado del exilio y por ende sus reuniones también lo son al día de hoy.

Todos ellos, a pesar de las diferencias, tenían en mente ese retorno, esa justicia. Prueba de ello fue la fundación de Colegio Madrid en México, para que los jóvenes no olvidaran su historia o el típico grito que no faltaba en casa de ningún exiliado madrileños en Nochevieja: “El año que viene nos tomamos las uvas en la Plaza de Sol”.

Esos exiliados eran la contracara de quienes suplicaban cruzar el Atlántico desde Francia o de los grandes olvidados del exilio, los acogidos por los países del este. Ellos no pasaron hambre, enfatizan varios historiadores. Sin embargo, Bahamonde pone énfasis en las cartas de esos militares que clamaban porque “el hambre los iba a derrotar”.

Los exiliados en México perdieron, como todo el bando republicano. Sin embargo, consiguieron pervivir en la historia, crearon un mito. Prueba de ello es que hoy, a 75 años, son recordados.

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