Regiones europeas reviven simpatía hacia Rusia

Varios territorios del viejo continente tienen sentimientos pro rusos, que se han avivado con la crisis en Crimea, luego del referéndum para anexarse a Rusia

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29/03/2014 03:58 José Carreño Figueras

CIUDAD DE MÉXICO, 29 de marzo.- La anexión de Crimea puso a Rusia en la picota internacional, sobre todo porque las formas fueron por lo menos cuestionables.

Pero la realidad es que una buena parte de los residentes de Crimea, antes incluso de la actual crisis, eran parte de un fuerte sector de población de origen ruso y deseosos de recuperar esa nacionalidad.

Y no son los únicos, aunque en lo que se refiere a Crimea, una península en el Mar Negro, el sentimiento separatista coincidió con una crisis política que hizo ver la intervención del régimen de Vladimir Putin como un acto oportunista y abusivo.

Creó sin embargo otro tipo de problemas. El gobierno ruso, por ejemplo, ha combatido de manera incluso brutal contra movimientos separatistas en algunos de los territorios que considera propios.

El presidente Putin se ha expresado de manera contundente respecto a la hipocresía de los países occidentales, que según recuerda no dudaron en respaldar la declaración unilateral de independencia de Kosovo respecto a Serbia, una aliada de Rusia.

Los pájaros del mismo plumaje se conocen, sin embargo. La rebelión de separatistas musulmanes en Chechenia, una provincia-nación considerada rusa, ha sido ya por años el eje de actos terroristas, matanzas y represalias.

En alguna medida Rusia cosecha ahora los resultados de políticas en las que desde el zarismo y durante la existencia de la Unión Soviética se alentó la migración y asentamiento de personas rusas en territorios absorbidos.

De ahí la existencia de sólidas minorías de origen ruso en muchas de las naciones limítrofes, incluso países que como Letonia, Latvia y Estonia no sólo son ahora independientes sino incluso miembros de la Unión Europea (UE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Cada uno de esos países sin embargo se preocupa en diverso grado de lo que pudieran hacer sus rusos, que constituyen un promedio de entre 26 y 29 por ciento de sus poblaciones.

Hay otras regiones, especialmente a lo largo de las que fueran las fronteras de la URSS, que se disolvió en 1991, donde esa población tiene o puede tener un impacto.

Entre los países con sentimientos pro rusos están por ejemplo Transnistria, una pequeña región de Moldova, en la ribera del Danubio y fronteriza con Ucrania, donde hay un sentimiento pro ruso; la apropiadamente llamada “Nueva Rusia”, también en Ucrania, que incluye ciudades como el puerto de Odessa y Dnipropetrovsk.

Pero por cada Transnistria hay un hay un Tatarstan, la zona islámica más al norte del mundo y una que desearía ser su propio país independiente. Por cada Nueva Rusia hay una Kalmikia, un pequeño país a orillas del Mar Caspio tan famoso por ser el único país budista de Europa como por su capacidad ajedrecística y porque su presidente, Kirsan Ilhyumzhinov, asegura haber hecho un “tour de la Galaxia” a bordo de un OVNI...

Transnistria no tiene frontera con Rusia sino con Moldova y Ucrania, lo que lo convierte en un complicado enclave.

A diferencia de esa pequeña región, la llamada Donbass o cuenca de Donet, tiene unos siete millones de habitantes y mide algo mas de 40 mil kilómetros cuadrados. De acuerdo con la revista Foreign Policy, es parte de la región este de Ucrania y es la “patria chica” de Víktor Yanukóvich, el depuesto presidente pro ruso de Ucrania.

Abkhazia es una región de apenas 40 kilómetros al este de la ciudad olímpica de Sochi, que nominalmente pertenecía a Georgia cuando se separó de Rusia en 1993. Apoyados por Rusia, los abjazis formaron su propio país, que prácticamente no tiene relaciones más que con Rusia y otros países exsoviético/rusos.

La revista Foreign Policy ennumera también a Osetia del sur, otra región presuntamente georgiana que en realidad es un protectorado ruso que se encuentra en la parte norte de Georgia.

Bielorrusia, llamada igualmente “Rusia Blanca”, es calificada como “la última dictadura europea”. Encabezada desde 1994 por Aleksandr Lukashenko, Bielorrusia tiene desde 1999 un acuerdo de confederación con Rusia.

En el centro de Asia la república de Kazakhstan, con más de 1.6 millones de kilómetros cuadrados —algo menos que México— y una población de casi 17 millones de habitantes, tiene una región norte donde los rusos son mayoría, donde se encuentra el centro espacial de Baikonur y que geográficamente pertenecía a Rusia antes incluso de la formación de la URSS.

Pero una lista de países que desearían ser parte de Rusia no estaría completa sin una relación de las naciones que no desearían seguir en ella.

Chechenia es un caso emblemático luego de años de una sublevación o guerra civil que ha visto acciones terroristas barbáricas.

Los tártaros, algunos de los cuales se encuentran en Crimea, por cierto, son actualmente algo más de la mitad de la región conocida como Tatarstan, un área cada vez más musulmana y menos rusa en la que otras pequeñas repúblicas, como
Udmurtia, Mordovia, Chuvashia, Baskortostan y Mari-El desearían confederarse en la república de Idel-Ural, en las riberas del río Volga. De acuerdo con Foreign Affairs, su único punto en común es que no son rusos.

Aunque hace rato ya que Kaliningrado es más una región rusa que la parte que fue de Prusia (Alemania) donde históricamente era conocida como Koningsberg. Es un distrito ruso fronterizo con Europa donde algunos comienzan a pedir más autonomía pese a que su proponente, el partido republicano, fue abolido en 2003 por las autoridades rusas.

Karelia es tal vez el más pero menos ruso de todos. Es parte del territorio finlandés que la URSS arrebató a Finlandia tras la guerra de Invierno de 1939-40 y uno donde la mayoría de la población es de origen ruso pero también donde hay lo que se describe como renacimiento de tradiciones finlandesas.

Tal vez como deseo, Foreign Affairs consigna que la llamada república Komi podría buscar su salida de la Federación Rusa. Después de todo, los rusos que hay en ese territorio del norte de la Rusia europea son los descendientes de los prisioneros enviados por el gobierno zarista y de la URSS a trabajar en las minas de una región tan rica en minerales, especialmente carbón y petróleo, que a veces es descrita como la Saudiarabia del Norte. Pero si es así, difícilmente la dejarán ir.

En la segunda mitad del siglo XIX el Imperio Ruso se expandió hacia las cosas del Mar Negro y los circasianos estaban en su camino. Antes de que Sochi fuera la joya de la costa rusa, fue la capital circasiana. Los descendientes de circasianos y el Parlamento de Georgia han denunciado lo que consideran como genocidio ruso.

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