Revueltas sociales, el enojo se extiende en todo el mundo

La cólera por las crecientes desigualdades es el punto que une a las revueltas que se gestaron en la primavera árabe y a los actuales movimientos

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17/03/2014 04:50  José Carreño Figueras
En Tailandia los opositores al gobierno exigían su caída por varios casos de corrupción. Fotos: AFP

CIUDAD DE MÉXICO, 17 de marzo.- Hace tres años la Primavera Árabe estremeció al mundo.

Oleadas de manifestaciones en Egipto, Libia, Túnez provocaron en 2011 el colapso de gobiernos calificados como corruptos, autocráticos y responsables del mal manejo de la economía.

Los protagonistas principales fueron jóvenes, educados, clase media.     

Hoy, olas de manifestaciones en Tailandia, Venezuela, Turquía, Camboya, Brasil cimbran a gobernantes, provocan expectativas.

Y en un mundo globalizado movimientos como “Occupy Wall Street” en Estados Unidos o el “Yo soy 132” en México aparecieron, llamaron la atención y parecen ahora adormilados. Pero son, como aquéllas, expresiones de malestar.

El hilo común, con movimientos anteriores y posteriores, es lo que la académica Ella Moore, de la Universidad de Leeds (Gran Bretaña) definió como “la cólera por las crecientes desigualdades atrincheradas por la difusión del capitalismo global y los desbalanceados y exclusionarios mecanismos de libre comercio”.

Las demografías, según Moore y otros, son similares: jóvenes desilusionados que defienden lo que consideran como sus derechos y subrayan su indignación.

Ya en 1968 el sociólogo y demógrafo Herbert Moller, de la Universidad de Boston, advertía en un texto publicado por Cambridge Journal que “la distribución por edades es sólo una variable demográfica en la complejidad de la vida politica y social, pero el tremendo crecimiento de la población mundial en el siglo XX magnificó sus potencialidades dinámicas”.

Esa consideración cobró vida en los movimientos primero de la Primavera Árabe y ahora en las expresiones de descontento de Brasil a China, de Madrid a Tailandia.

“El mero hecho de que tanta gente, en tantas partes del mundo, haya decidido poner sus cuerpos (y en algunos casos su vida) en la línea, sugiere que los ciudadanos están mucho menos contentos de aceptar sin pensar lo que les dicen sus líderes”, indicó un reciente artículo de la revista Foreign Policy.

Pero las cosas no son tan claras. “La actual oleada de descontento revolucionario alrededor del mundo es cualquier cosa menos blanco y negro”, señaló la revista.

La diferencia mayor, quizá, está que mientras en los casos egipcio, libio, tunecino, las multitudes se manifestaban contra dictadores, en los choques actuales los descontentos se enfrentan contra gobiernos que aún mantienen el respaldo de un sector más o menos importante de su sociedad.

Sin embargo, para Roberto Toscano, investigador del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB), “el gobierno de la mayoría no es necesariamente democracia genuina, pero en cambio es totalmente compatible con la democracia de imitación, en la que la apariencia del proceso democrático se preserva (elecciones), pero su sustancia pluralista es denegada por la demagogia populista y, cuando necesario, represión”.

En los casos de Turquía y Tailandia el problema está en la existencia o percepción de corrupción en gobiernos que ya llevan años en ejercicio y que tienen su base de poder en sectores rurales, como el tailandés, o sectores religiosos tradicionalistas, como en el caso turco.

La situación del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se ha complicado más por cuanto sus adversarios tradicionales –clases medias intelectuales– comienzan a recibir el respaldo de otra audiencia que antes era parte de su su base política, los musulmanes seguidores del predicador Fethula Gulen.

En Tailandia la primera ministra Yingluk Shinawatra fue cómodamente electa en 2011 y se mantiene en el poder con el apoyo de sus políticas clientelistas y de subsidios, sobre todo de las regiones agrícolas del norte. Pero según sus críticos hay un importante punto de corrupción como hermana del exilado ex primer ministro Thaksin Shinawatra, el hombre más rico de Tailandia.

El caso venezolano es más y menos complicado. “La situación económica es la verdadera base para lo más de esta inestabilidad”, puntualizó Karen Hooper, analista de la organización Stratfor”.

La implicación es que una gran parte de las personas que protestan o han salido a las calles lo hacen menos en oposición del gobierno que para protestar por las carencias que la política económica gubernamental les ha impuesto.

“El creciente descontento por carencias, elevadas tasas de crimen e inflación al alza no parecen haber afectado el apoyo duro del presidente (Nicolás) Maduro entre sus seguidores en las barriadas y comunidades rurales pobres”, precisó Foreign Policy en un texto de Christian Caryl.

Lo cierto es que la división entre los opositores en al menos tres campos liderados respectivamente por la diputada María Corina Machado, el encarcelado Leopoldo López y el gobernador Henrique Capriles.

Todos ellos coinciden en que el gobierno de Maduro es corrupto, incompetente y autoritario. Los estudiantes hoy en la calle parecen de acuerdo en por lo menos dos de los tres señalamientos, pero sobre todo en la insatisfacción de las perspectivas económicas del país.

Pero a diferencia de los ahora lejanos días de la Primavera Árabe , esos movimientos encuentran mucho más dificultades y de hecho en al menos un caso, el de Egipto, lo que paree un retroceso político.

La “revolución democrática” que echó del poder a Víktor Yanukóvic en Ucrania y sólo le permitirá regresar a la silla montado en tanques rusos triunfó luego de semanas de problemas y de que aparentemente al menos, se enemistara también con la influyente oligarquía de su país.

La situación es tanto más complicada por cuanto si varios de los países en conflicto no son dictaduras como tradicionalmente se les entiende tampoco se pueden considerar como democracias claramente definidas. Y eso pone otros temas en duda.

Para Foreign Policy, por ejemplo, el quid del asunto está en las medidas de los participantes. ¿Cuando es legítimo que manifestantes presuntamente pro demócratas bloqueen casillas de votación para impedir el sufragio?

La pregunta está en el fondo del problema. ¿Cuando democracia es democracia y cuando no lo es?

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