El barco que sobrevivió al tsunami de Japón

Tras el terremoto de 9.0 grados en la escala de Richter que azotó la región de Tohoku, en el nordeste de ese país en 2011, igual que los japoneses, la nave de San Juan Bautista continúa en pie como símbolo de progreso

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11/03/2014 01:52 Laura Llerena/Enviada
Hace 400 años, desde Sendai, ciudad ubicada al nordeste de Japón, en la prefectura de Miyagi, zarpó la primera embarcación que tuvo como misión abrir las relaciones niponas con el extranjero, cuando el país estaba totalmente aislado. Foto: Laura Llerena

SENDAI, 11 de marzo.- Es invierno en Japón y en la prefectura de Miyagi, en el noreste del país nipón, el frío cala aún más.

Anclado justo en la costa de Ishinomaki, una de las regiones más afectadas por el tsunami que azotó a Japón el 11 de marzo de 2011, el barco San Juan Bautista no sólo recuerda la importancia de la Misión Hasekura con la que hace 400 años se logró el primer contacto comercial-diplomático entre Japón y México también, luego de tres años de la catástrofe natural, se ha convertido en una insignia de progreso para los japoneses.

“Es un símbolo para seguir adelante, es un emblema de la recuperación”, afirma Takashi, guía de turistas del museo donde se encuentra actualmente la embarcación.

Al interior del Museo San Juan Bautista el aire climatizado aminora el tiritar del cuerpo sólo por un momento. Tras bajar las escaleras eléctricas que conducen hacia la parte trasera del lugar,  donde se encuentra la imponente nave de frente al mar, la temperatura marca varios grados centígrados bajo cero.

Takasi, de apenas 28 años, recuerda claramente aquel viernes 11 de marzo. Era día laboral y faltaba poco más de una hora y media para que el museo cerrara sus puertas al público. A las 14:46 horas de Japón, el denominado Terremoto de la Costa del Pacífico en la Región de Tohoku de 2011 abatió al país.

En una primera instancia, la Agencia Meteorológica de Japón calculó la magnitud del movimiento telúrico en 7.9 grados en la escala de Richter; posteriormente fue incrementando hasta llegar a 8.8, después a 8.9, y finalmente se registraron 9.0 grados que provocó el tsunami catalogado como uno de los más devastadores de la historia del país, por el que perdieron la vida 16 mil personas en toda la región de Tohoku y se calcula que otras cuatro mil siguen desaparecidas.

Al ver ascender el nivel del agua, los visitantes, igual que habitantes de la región se resguardaron en un templo budista localizado a unos pasos del museo.

El joven guía, de aspecto sencillo, recuerda a unas 300 personas guarecerse del maremoto, quienes estuvieron en el templo durante todo un día.

“No tuvimos noticias de nuestras familias hasta una semana después. Estábamos preocupados”, dice Takashi, y hace referencia a la manera en la que salieron adelante: “Nos ayudábamos entre nosotros. La armada nos llevaba comida”.

Por su ubicación frente a la costa del Pacífico, las ciudades de Fukushima, en la prefectura del mismo nombre, otras urbes de la prefectura de Iwate, así como Ishinomaki y Sendai, en Miyagi, fueron las más afectadas por el tsunami con olas que alcanzaron hasta diez metros de alto. Fueron los seis minutos más largos.

Lo que el agua se llevó…

Desde Tokio, la movida capital japonesa, es posible llegar a Sendai ya sea a bordo del tren bala, luego de dos horas de trayecto, o bien, en avión, reduciendo el tiempo a sólo una hora.

Localizada a 130 kilómetros del epicentro de aquel terremoto, esta ciudad que hoy aparenta normalidad, luego de tres años del tsunami, aún tiene cicatrices visibles.

A las afueras del aeropuerto de Sendai, como si se tratara de un soldado que resistió a la guerra, se observa una placa que recuerda el nivel del agua que alcanzó el mar durante el tsunami aquel 11 de marzo de 2011.

Anteriormente el aeropuerto contaba con un mirador llamado Smile, una terraza que permitía a los viajeros observar el entorno de la urbe a través de sus enormes ventanales, desde los cuales, ese fatídico viernes los ahí presentes miraron con angustia cómo el nivel del agua del Pacífico ascendía y avanzaba hacia ellos la fuerza de un gigante que logró arrastrar los autos que ocupaban un cajón de estacionamiento. 

Afuera el viento parece tener memoria y sopla con fuerza, como furioso. En auto, dejando atrás la zona urbana, hacia donde se localiza el Museo de Juan Bautista, a través de la ventana se observa un territorio plano y árido, apenas con unas cuantas casitas dispersas, habitadas por quienes trabajan aquí.

Anteriormente, la pesca y la agricultura eran el sustento de esta antigua ciudad feudal, conocida como “la ciudad de los árboles”, donde hoy habitan entre dos y tres mil personas, pero tras el tsunami de 2011 se convirtió en una región totalmente industrial.

Rumbo a la costa de Ishinomaki es preciso hacer una parada en el mirador que actualmente da cuenta de lo que aquel acontecimiento dejó.

La vista alcanza hasta el horizonte sin importar la dirección. De color grisáceo, un pórtico sintoísta es el marco de aquel cuadro de apariencia desolada. El arco esta vez no funge su función de ingreso a ningún templo hecho de piedra, sino a uno más espiritual: el de los recuerdos que dejó la furia del mar.

“Antes teníamos temor, pero hoy estamos agradecidos”, afirma Takashi, quien muestra la réplica del barco San Juan Bautista, de estilo español y grandes dimensiones que, con apenas uno de sus mástiles dañados, siguió en pie y se quedó en Sendai donde nació, como un samurái que sobrevivió al mayor tsunami en la historia de Japón desde hace 140 años. “Ese día nevaba. Hacía mucho frío”, dice el joven guía.

 

 

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