Confiesa Papa llevar siempre consigo cruz robada a cura fallecido

El Sumo Pontífice contó la anécdota de su último adiós al padre José Aristi, “ese ladrón que todos nosotros tenemos adentro”, tomó la cruz y con un poco de fuerza la arrancó. dijo

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06/03/2014 10:20 Notimex
Foto: AP
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CIUDAD DE MÉXICO, 6 de marzo.- El Papa Francisco sorprendió hoy a un grupo de sacerdotes romanos al confesar que siempre lleva en su pecho una cruz robada por él mismo hace muchos años a un cura fallecido.

Jorge Mario Bergoglio recibió en audiencia, en el Aula Pablo VI del Vaticano, a los miembros del clero de la capital italiana a los cuales les habló de la importancia de la misericordia.

Al final de su discurso, improvisando, contó la anécdota de su último adiós al padre José Aristi que trabajaba en la parroquia del Santísimo Sacramento de Buenos Aires donde confesaba no sólo a los fieles, sino también a muchos sacerdotes de la Arquidiócesis e incluso llegó a escuchar los pecados del Papa Juan Pablo II.

“En ese tiempo yo era vicario general y vivía en la curia, cada mañana temprano bajaba al fax para ver si había algo ahí. La mañana de Pascua leí un fax del superior de la comunidad que decía que el día anterior, media hora antes de la vigilia pascual, había muerto el padre Aristi, a 96 años”, contó.

“Después de comer fui a la iglesia y bajé a la cripta, vi el cajón y junto sólo dos viejitas que rezaban. Pero no había ni siquiera una flor. Yo pensé: pero este hombre que perdonó los pecados a todo el clero de Buenos Aires, también a mí, ni siquiera tenía una flor”, agregó.

Relató cómo fue a comprar flores, volvió y se puso a preparar el ataúd hasta que vio el rosario que el finado tenía en la mano.

Dijo que inmediatamente le vino a la mente “ese ladrón que todos nosotros tenemos adentro” y entonces, mientras arreglaba las flores, tomó la cruz y con un poco de fuerza la arrancó.

“En ese momento lo miré (al sacerdote) y le dije: dame la mitad de tu misericordia. Sentí una cosa adentro fuerte, que me dio la valentía de hacer este gesto y pronunciar esta oración, después puse la cruz acá en el bolsillo de la camisa”, recordó.

Precisó que como “las camisas del Papa no tienen bolsillos”, él siempre trae un sobrecito de tela a la altura del pecho donde, hasta el día de hoy, conserva esa cruz.

Explicó que cuando me viene un mal pensamiento contra alguna persona, dirige su mano al pecho, “siente la gracia” y eso le hace bien.

¡Cuánto bien hace el ejemplo de un cura misericordioso, de un cura que se acerca a las heridas! Piensen, seguramente ustedes conocieron muchos, piensen en los curas que están en el cielo y pidan que les den esa misericordia que tuvieron con sus fieles”, ponderó.

 

 

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