Comparece la infanta Cristina y se desliga de los negocios de su esposo

Cristina de Borbón es el primer miembro de la Casa Real que se sienta en el banquillo; la mayoría de sus respuestas han sido evasivas

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09/02/2014 08:20 AFP, EFE y AP / Fotos: AP, Reuters y EFE

PALMA DE MALLORCA, 9 de febrero.- La infanta Cristina, hija menor del rey de España, se desvinculó ayer de las actividades fraudulentas atribuidas a su marido, Iñaki Urdangarin, ante el juez que la interrogó en el marco de un escándalo sin precedentes para una debilitada monarquía.

Sentada en un sillón de terciopelo rojo, en una sala presidida por el retrato del jefe del Estado, su padre, Cristina, de 48 años, respondió a las preguntas del juez José Castro de Palma de Mallorca —que desde julio de 2010 instruye el caso Nóos—.

La infanta Cristina afirmó que confiaba en su marido.

Vestida con pantalón oscuro, camisa blanca y chaqueta negra, la infanta, primer miembro de la familia real que es imputado por la justicia, había llegado aparentemente tranquila y saludó sonriente a fotógrafos y cámaras de televisión de todo el mundo al descender del automóvil negro en el que, acabada la comparecencia, abandonó el lugar.

El juez Castro sospecha que Cristina, séptima en la sucesión al trono de España, cooperó en las presuntas actividades ilícitas de Urdangarin, imputado, junto a un exsocio, de malversar 6.1 millones de euros (8.3 millones de dólares) entre 2004 y 2006 mediante una sociedad sin ánimo de lucro denominada Instituto Nóos.

Fondos desviados

Una parte de esos fondos habría sido desviada hacia Aizóon, una presunta empresa pantalla propiedad de Cristina y su esposo con 50%. El juez interrogó a la infanta minuciosamente sobre los gastos personales aparentemente pagados con dinero de dicha empresa.

“No sé, no contesto, no me consta, de eso se ocupaba mi marido”, respondió mayoritariamente la infanta según Manuel Delgado, abogado de la asociación de izquierdas Frente Cívico “Somos Mayoría”, una de las acusaciones populares.

“El 95% de las respuestas que da son evasivas”, declaró.

La infanta intentó “no reconocer hechos que la comprometan”, escudándose en que “tenía mucha confianza en su marido”, afirmó Delgado, según el cual Cristina flaqueó ante algunas preguntas pese a su seguridad inicial.

Sin embargo, sus abogados  quedaron “muy satisfechos”.

“Hoy (ayer) no podía ser para la infanta y para sus abogados un día mejor”, consideró el letrado Miquel Roca.

“Se ha podido esclarecer todo”, afirmó su otro defensor, Jesús María Silva. “Y despertar, creemos, en las administraciones públicas y esperemos también en la opinión pública cuán inocente es la infanta de todas las imputaciones que se le han dirigido”, añadió.

Alejados del tribunal, un grupo de manifestantes, que enarbolaba la bandera republicana roja, amarilla y morada, se había congregado con pancartas en las que podía leerse “Sangre real = justicia irreal” o “La ley es igual para todos”.

Tras la comparecencia de ayer, el juez Castro debería cerrar rápidamente la instrucción y decidir si se abre juicio y contra quiénes.

El magistrado imputó a la infanta el 7 de enero en un detallado auto de 227 páginas.

A sus 76 años, y 38 de reinado, Juan Carlos da la imagen de un rey cansado y con incesantes problemas de salud.

El deterioro de su imagen se inició con la imputación de Urdangarin en 2011 y se agravó con una costosa escapada a Botsuana para cazar elefantes en 2012, que indignó a una España golpeada por la crisis.

El trato es como a todos: juez

PALMA DE MALLORCA.— “Señora” y no “alteza”. Así fue como el juez José Castro se dirigió ayer a la infanta Cristina de Borbón, el primer miembro de la familia real española en sentarse como imputado ante la justicia en un proceso penal.

Castro, el juez que instruye el caso de corrupción que hace temblar a la monarquía española, inició el interrogatorio en los juzgados de Palma de Mallorca desde donde instruye la causa que tiene al marido de la infanta, Iñaki Urdangarin, como protagonista.

Y durante cinco horas fue él el único que planteó preguntas a la infanta. Más de 400, según fuentes de una de las acusaciones particulares.

El magistrado, el más famoso de Palma de Mallorca y quizá, ahora también, de toda España, hizo la primera dos minutos antes de las 10 de la mañana de ayer, tiempo de España; así, hasta las 15 horas, cuando se hizo un receso para comer. Tras la pausa llegaba el turno del fiscal.

El juez Castro fue correcto y educado con la hija menor del rey Juan Carlos, a la que el 7 de enero imputó por fraude fiscal y lavado de dinero. Pero también fue incisivo y minucioso, afirmaron las fuentes. Fiel a su estilo.

Frente a él tuvo a una infanta evasiva, que “siguió el guión” previsto, según las acusaciones populares. No sabía nada de los presuntos negocios ilícitos de su marido, no recordaba, no le constaba. “Yo confiaba mucho en mi marido”, aseveró en reiteradas ocasiones la infanta. “Por eso firmaba todo lo que él le pedía”.

Cristina concluyó su declaración a las 6 de la tarde (hora local) y se marchó de los juzgados en coche.

“Hasta luego. Gracias”, fueron las palabras que dijo antes se entrar en el vehículo en el que abandonó el lugar.

La infanta Cristina se convirtió en el primer miembro de la familia real en responder ante la justicia.

 

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