Declarará hoy la infanta Cristina por lavado de dinero

La infanta Cristina declara hoy ante un juez que investiga un caso de corrupción en el que está involucrado su esposo, Iñaki Urdangarin. Es la primera vez que alguien de la familia real es citado por la justicia

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08/02/2014 05:56 Patricia Godoy/Corresponsal

BARCELONA, 8 de febrero.— La Corona española se sienta ante el juez. Por primera vez en la historia reciente de este país, un miembro de la Casa Real, la infanta Cristina, hija menor del rey Juan Carlos, se enfrenta a un interrogatorio judicial.

La princesa española, imputada por delitos de fraude fiscal y lavado de dinero, se sienta hoy frente al juez instructor José Castro y, también, ante la imagen de su propio padre: el retrato del monarca preside todas las salas de comparecencias de los juzgados en España.

La imputación de la infanta se desprende de una larga investigación por una trama de corrupción que involucra directamente a su marido, Iñaki Urdangarin. El yerno del rey está acusado de prevaricación, malversación, falsedad documental y fraude fiscal, que han acabado salpicando a la infanta Cristina. Con el interrogatorio, que se realizará en el Juzgado número 3 de Palma de Mallorca, el juez Castro intenta averiguar si la infanta pudo también cometer algún delito a través de la empresa que compartía con su esposo.

La imputación

El pasado 7 de enero, el juez Castro comunicó la imputación de la hija menor del rey en un auto de 227 páginas donde sostiene que la infanta “tuvo conocimiento” de las presuntas actividades irregulares de Aizoon la sociedad que Cristina e Iñaki Urdangarin, comparten al 50 por ciento.

Los abogados de Cristina de Borbón podían haber recurrido esta imputación y evitar así el mal trago a la princesa de España, pero siguiendo las directrices dictadas —según parece— por el propio rey, la Corona ha aceptado que uno de sus miembros declare ante el juez para tratar de limpiar su imagen, colaborar con la justicia e intentar demostrar que Cristina “no tiene nada que ocultar”.

En el interrogatorio, parece claro que el juez Castro preguntará a la infanta los porqués de diversos gastos empresariales presuntamente fraudulentos y destinados, por ejemplo, a reformar y equipar su lujosa vivienda de Barcelona, compras, comidas y regalos que no se declararon a la Hacienda española.

La defensa de la infanta asegura que no hay base legal para atribuirle responsabilidades en la gestión de la empresa, pero el juez Castro considera que sí. Y lo detalla de forma implacable en el auto judicial. Iñaki Urdangarin “difícilmente” —asegura el juez— pudo haber defraudado a la Hacienda española “sin, cuando menos, el conocimiento y aquiescencia” de su mujer “por mucho que de cara a terceros” mantuviera “una actitud propia de quien mira para otro lado”.

Gran expectación pública

Cristina de Borbón, por su condición de princesa, está acostumbrada a ser el foco de la atención pública, en especial de los medios de comunicación ibéricos, pero nunca por un motivo tan desagradable. Es quizá por eso que la justicia española aceptó que la infanta ingrese en coche al juzgado, cosa que no se permite al resto de los ciudadanos.

Al no tener que caminar los 40 metros que hay entre la puerta de la calle y la del juzgado, las autoridades policiales intentan evitar que la hija menor del rey se enfrente al escarnio público.

Una excepción a la regla basada en “estrictas razones de seguridad” y en la posible presencia de “grupos hostiles”, según explicó el juez decano del juzgado. Esta decisión ha sido polémica. Quienes la defienden consideran que la dimensión pública de la hija del rey así lo amerita. Los contrarios a esta medida ven en ella “un trato de favor” y que “la justicia en España no es igual para todos”.

Joaquim Bosch, portavoz de la asociación Jueces por la Democracia, opina que “lo correcto sería que la infanta Cristina tuviera el mismo trato que cualquier otro ciudadano” y que la imputación es “un hecho público” y, por tanto, “los medios de comunicación y la sociedad tienen el derecho a conocerlo”.

Entre o no en coche, lo que parece claro es que la infanta pasará el peor momento de su vida. Gritos, silbidos e insultos es lo que le espera de parte de diversos grupos ciudadanos que anunciaron sus protestas en las calles aledañas al recinto judicial. Es otra piedra más en el zapato de una Casa Real que vive sus horas más bajas de popularidad.

Como muestran encuestas recientes, el respaldo social a la monarquía no supera 50% de la población española, cuando hace apenas dos años 60% apoyaba al rey Juan Carlos.

Monarquía sin prestigio

Esta pérdida de confianza es atribuida por el veterano especialista en la Casa Real española, Jaime Peñafiel, a los problemas judiciales de Iñaki Urdangarin, yerno del rey, y de la infanta.

“Nunca como ahora (la monarquía) había estado en una situación tan crítica y con tan poco apoyo popular. Han sido los problemas de Cristina e Iñaki los que han afectado gravemente su prestigio”, comentó Peñafiel a Excélsior en su residencia de Madrid, repleta de fotos en las que el cronista aparece acompañado del rey Juan Carlos.

A pesar de esta falta de afecto, un acontecimiento tan inusual como éste despierta un gran interés público.

Eso lo saben muy bien los vecinos de los edificios colindantes a los juzgados de Palma de Mallorca que han sabido sacar provecho económico del histórico suceso.

“Alquilamos el balcón que tiene vista directa a la rampa, desde aquí se verá la llegada”, presume una de las vecinas del edificio ubicado justo enfrente de la entrada. Lo han alquilado a varias cadenas de televisión por la jugosa cantidad de mil 200 euros (unos 21 mil pesos) por un solo día.

El objetivo, una imagen: La hija del rey de España entrando a declarar al juzgado. Una foto muy cotizada ya que es posible que sea el único testimonio visual que se obtenga de ese momento.

La comparecencia de Cristina de Borbón no será grabada en video, el juez Castro sólo autorizó que se registre el audio de la declaración y prohibió “terminantemente” que los presentes en la sala lleven “teléfono móvil, tablets, ordenador o cualquier otro dispositivo apto para la captación de imágenes o sonidos”.

Opiniones encontradas

Al margen de los detalles que envuelven esta “extraordinaria” cita, ¿qué opina la gente de que la hija del rey esté a punto de sentarse en el banquillo de los acusados?

Carmen García, una empleado pública de 55 años, afirmó a este diario que “estar imputada no significa que sea culpable, debemos esperar a lo que diga el juez, pero si ella o su marido cometieron un delito deberán responder”.

Por su parte, Rosa Gutiérrez, una joven estudiante de 24 años, se muestra un poco más escéptica: “Me parece difícil que vaya a la cárcel, pero veo muy bien que la juzguen como a cualquier otra persona”.

Jaime Peñafiel no ve con optimismo el futuro de la famosa pareja. A la infanta Cristina la considera “cómplice de su marido”, pero también “beneficiaria”. Y de Urdangarin piensa que terminará en prisión. “Debe ir a la cárcel por el bien de todos, por el de la propia justicia y el de la monarquía”, sentenció este conocedor de los pasillos palaciegos españoles.

Fin del cuento de princesas

Puede que con idea de contrarrestar opiniones como la de Peñafiel y el vendaval  de titulares, imágenes y programas de televisión que se preparan en
España para este fin de semana, la Casa Real hizo hace unos días un inusual ejercicio de transparencia.

Aunque sin cámaras, abrió las puertas del Palacio de la Zarzuela a la prensa española y a los corresponsales extranjeros para hacer público que la reina Sofía percibirá un sueldo por su trabajo de representación: 131 mil 739 euros anuales (más de 2 millones de pesos).

Mientras esto ocurría, la hija menor de los reyes de España se preparaba en un hotel de Barcelona para vivir el momento más duro de una vida que hasta hace poco tiempo se podía calificar de cuento de hadas.

Hija de un rey, aficionada a la navegación, madre de cuatro hijos y esposa fiel de un apuesto deportista de élite que hoy parece ser su principal problema, Cristina enfrenta a la justicia. Los negocios poco claros de su marido han provocado que su cuento de princesas escriba su capítulo más doloroso en las tristes salas de un juzgado de Palma de Mallorca.

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