Los rolezinhos, un acto discriminado

Son paseos que organizan jóvenes, la mayoría negros, fuera y dentro de los centros comerciales, pero son rechazados

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27/01/2014 04:13 María Fernanda Navarro

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de enero.- Visten ropa de imitación de marcas costosas, usan relojes vistosos, se cubren con lentes de sol gruesos y viven en la periferia de ciudades como Sao Paulo y Río de Janeiro; la mayoría de ellos son jóvenes de raza negra y algunos han sido el blanco de las balas de goma de fuerzas de seguridad. Su delito: visitar lujosos centros comerciales del país sudamericano.

La respuesta negativa y aún represión policial contra esos jóvenes por algunos sectores de la sociedad brasileña es ahora no sólo visto como un fenómeno social sino incluso una posible crisis política, motivo de reuniones de gabinete político y análisis de sociólogos sobre la problemática social y racial del Brasil.

Más llamativo aún es el hecho que a partir de las primeras semanas de diciembre y hasta ahora se han llevado a cabo encuentros masivos en plazas comerciales de varias ciudades de Brasil.

A este tipo de eventos se les conoce como Rolezinho –traducido como paseíto–  y tuvo origen en Facebook y Twitter en la que cientos, a veces miles, de jóvenes acordaban llegar a algún lugar público para cantar, bailar y establecer contacto con otras personas, al menos de acuerdo con las comunidades virtuales en donde se promueven dichas reuniones.

Sin embargo, comerciantes y clientes no encontraron positivo la invasión de los pasillos de “exclusivos” centros de compra y su respuesta no se hizo esperar. En diciembre, durante un Rolezinho en el Shopping (Centro comercial) Internacional de Guarulhos, municipio de Sao Paulo, 23 jóvenes que se reunieron allí fueron llevados a la comisaría sin ninguna justificación.

Ese mismo mes las entradas del Shopping Interlagos, también ubicado en Sao Paulo, estuvieron custodiadas por unidades de policía militar para evitar la entrada de chicos con características similares a las de los funkeiros, que es como se le denomina a estos jóvenes porque disfrutan del “funk ostentação”, género musical que exalta un modo de vida lleno de lujos.

En otro punto de Sao Paulo, en un centro comercial conocido como Itaguera, el 11 de enero cientos de jóvenes que cantaban estribillos de famosas canciones de funk abarrotaron el centro comercial. Pero no pasó mucho tiempo hasta que la policía arribara al lugar para disparar balas de goma y lanzar gases lacrimógenos contra los jóvenes, pese a que no se reportaron robos, protestas o desmanes.

Pero la asistencia de grandes grupos de funkeiros a las plazas comerciales no cesó y  jueces de Río de Janeiro y Sao Paulo prohibieron estas reuniones, con el alegato de que los centros comerciales no son un lugar seguro o apropiado para llevar a cabo manifestaciones.

Grupos como la Unión de núcleos de Educación Popular para Negras/os y Clase Trabajadora convocaron a protestas por esos fallos judiciales en rechazo a lo que para ellos es un acto de discriminación.

Es tanta la atención generada por la segregación de la que han sido objeto los rolezinhos y el extenso debate provocado en la sociedad brasileña, que se divide entre los que aseguran es necesario defender los espacios como centros comerciales y los que consideran lo anterior como un acto de discriminación,  que la presidenta Dilma Rousseff convocó a una reunión para abordar este fenómeno.

Pero hasta el momento existen más dudas que certezas acerca de estas reuniones ¿quién y por qué criminalizan a los integrantes de barrios pobres de las periferias de las ciudades? ¿Estas reuniones tienen un objetivo político o ideológico? Y ¿surgieron sin propósito alguno en un momento de efervescencia política y social en Brasil?

De acuerdo con Eliane Brum, escritora y periodista brasileña, los rolezinhos no tienen intenciones de llevar a cabo protestas políticas o en contra del materialismo como algunos medios han atribuido a este movimiento: “ellos mismos exaltan el consumo, sólo quieren pasear en un lugar que consideran bello (…) la mayoría de ellos vive en suburbios, en casas hacinadas y barrios con poco o ningún espacio para el ocio”.

Pero aunque el objetivo principal de los chicos que integran los rolezinhos es pertenecer a un espacio como los lujosos centros comerciales, propietarios y clientes habituales interpretan las reuniones como un acto de arrastao, que es como se le llama a los actos de robos en masa en lugares públicos.

“En la actualidad el racismo y la desigualdad abismal en Brasil es un problema que marca al país. Las personas que asisten a los centros comerciales piensan de estos jóvenes que sólo pueden estar en ese lugar para robar, aunque hasta el momento no se hayan registrado grandes cantidades de robos o actos de violencia”, explicó Brum en entrevista con Excélsior.

De acuerdo con una encuesta publicada en el periódico Folha de S. Paulo 83% de las personas que habitan Sao Paulo están en contra de los rolezinhos, incluso en las zonas más pobres de la ciudad, y 73% de los encuestados consideran que la policía militar debe intervenir para evitar este tipo de reuniones. Interesante resulta que en ese mismo estudio 73% de los encuestados consideran que los centros comerciales no tienen derecho a elegir quienes pueden entrar a sus instalaciones.

¿Quién protege a estos jóvenes de la evidente discriminación y violencia de la que son blanco, si la seguridad del Estado se ha enfocado en proteger los intereses de los centros comerciales? ¿Quién se indigna por episodios en los que chicos que transitan por centros comerciales son detenidos por elementos de seguridad quienes sin justificación alguna les piden que se identifiquen? Se preguntó la periodista, al mismo tiempo que consideró que es esta cadena de sucesos lo que ha provocado que el rolezinho se convierta en un fenómeno complejo que expone la tensión social y racial de Brasil.

Lo que ocurrirá con el movimiento de los rolezinhos es impredecible, pero en opinión de Eliane Brum este movimiento que inició como reuniones entre jóvenes para divertirse y entonar canciones de funk ostentação ha puesto de manifiesto la “enorme tensión social de Brasil”.

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