Asia le roba el sueño al mundo

Tiene a varios de los países más pujantes económicamente del planeta, pero ahí también se anidan algunos de los conflictos bélicos más importantes en este momento

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20/01/2014 04:25  José Carreño Figueras

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de enero.-El enorme continente asiático desplazó a Europa como el eje de las preocupaciones geopolíticas mundiales, aunque el juego entre los países recuerde la bizantina política de la Europa del siglo 19.

Asia es un continente que concentra un tercio de la masa terrestre del mundo y 60 por ciento de su población, a varios de los países económicamente más pujantes, un porcentaje creciente del comercio mundial, igual que la manufactura y la producción de esenciales estratégicos como el petróleo.

También es el marco para decenas de problemas. De la distribución de riqueza al conflictos étnicos, religiosos y de límites que hacen que prácticamente ninguno de los más de 50 países asiáticos esté libre de algún tipo de conflicto.

Aunque algunos analistas consideran que por décadas la atención fue ocupada por los movimientos del mundo bipolar de los bloques capitalista
–encabezado por Estados Unidos– y el socialista –liderado por la Unión Soviética–, la geopolítica nunca estuvo completamente lejos del interés. Y a la caída de la URSS y tras la breve supremacía absoluta de EU, la geopolítica vuelve con venganza. Pero esta vez, los centros de poder y los movimientos están al oeste de Europa.

La realidad es que la cantidad de conflictos en esa enorme masa simplemente pareció desplazar la atención de su ahora más estable extremo  oeste, la península europea, a la periferia y las costas de la masa continental.

Si el siglo 20 fue en gran medida el siglo estadunidense y el siglo 21 está en vías de ser el de su decline parcial, el de una relativa pérdida de poder o lo que algunos analistas estadunidenses consideran más bien como “el crecimiento de los demás”, el poderoso empuje de las naciones asiáticas y de movimientos religiosos que abarcan grupos de naciones en ese continente desplazan la atención hacia esa parte del Mundo.

Y si en el siglo 19 las preocupaciones se referían a los movimientos y contramedidas de Prusia (Alemania), Gran Bretaña, Francia, Austria-Hungría, el Imperio Otomano, y tal vez, a veces, Polonia; hoy están centradas en China y Japón, en las fronteras caucásicas de Rusia, en Asia Central y el sur del mar de China, en Oriente Medio y la rica zona petrolera de Asia Menor...

Pero la situación es más complicada que eso. Los eventos del último mes indican que “el Oriente Medio todavía no encuentra un solución para el colapso del Imperio Otomano”, escribió Robert Kaplan, un conocido geopolítico estadunidense para quien la situación en la zona que va de Líbano y Siria a Irak y Afganistán sólo es resultado de la descomposición del llamado “Tratado Sykes-Picot”, un acuerdo secreto celebrado por Gran Bretaña y Francia en 1916 para repartirse el territorio otomano. Los territorios de Siria y de Irak son resultado de ese convenio, al igual que Arabia Saudita, Jordania, Yemen, los emiratos...

El convenio, como otros de su tipo en África, no tuvo en consideración etnias, culturas o religiones, y de ahí viene la difícil convivencia, cuando no las abiertas confrontaciones entre sunitas y chiitas, entre musulmanes y cristianos, entre kurdos y árabes. Y Oriente Medio, según Kaplan, “no es sino el prólogo para el drama que azota mucho de la zona templada de Afro-Asia, hasta China”.

Actualmente, advirtió Anis Bajrektarevic en The Geopolitical Monitor, en Asia “prácticamente no hay un Estado que que no tenga una
disputa territorial en su vecindario”. Y esto incluye a Rusia y China, China e India, India y Paquistán, y eso sin mencionar la península de Corea ni el mosaico de Oriente Medio.

Esto hace parecer al continente como un barril de pólvora, cuando se combina además con la maraña económica y demográfica, la preocupación sobre fuentes de agua y la situación ambiental, fronteras arbitrarias.

La posibilidad de conflicto abarca de hecho a más de un tercio de la humanidad en sólo dos países (China e India) y a varios de los países económica, militar y políticamente más importantes del mundo. Y aunque los diferendos podrían ser vistos como bilaterales, la cantidad y el entrelazamiento de países, intereses, grupos étnicos o religiosos brindan una dimensión distinta.

Para muchos teóricos y practicantes de la geopolítica, la geografía es determinante para la política y en ese sentido, era el marco del constante conflicto entre potencias marítimas y terrestres, en una era cuando las potencias navales tenían mayores y mejores facilidades de comunicación que las basadas en tierra. De esa manera Gran Bretaña, primero, Estados Unidos, después, se convirtieron en potencias hegemónicas, cuando no supremas.

Pero de creer a Christopher Fettweiss, la actual situación revitaliza las tesis de Sir Harold Mackinder, uno de los padres de la geopolítica, que en 1904 afirmó que el dominio del continente eurasiático sería la clave para quien desee o pueda desafiar el predominio estadunidense. Esa teoría habría sido una de las tesis centrales para la política exterior estadunidense durante el siglo pasado.

“De lejos, el concepto geopolítico más influyente para el arte de gobierno anglo-estadunidense ha sido la idea de un ‘área pivotal’ en el continente euroasiático y por tanto la idea complementaria de contener a la potencia continental de turno dentro de, no en Eurasia -De Harry S. Truman (1944-1952) a George HW Bush (1988-1992), la visión más general de la seguridad nacional estadunidense, fue explícitamente geopolítica y directamente vinculada con la tesis del área pivotal de Mackinder”, escribió Fettweiis en un ensayo para el Colegio de Guerra del Ejército estadunidense.

De ahí la idea de “rodear” a la Unión Soviética con un “cinturón” de seguridad terrestre y, sobre todo, naval. Pero al mismo tiempo esa estrategia atizó las tradicionales preocupaciones rusas, que ahora como en tiempos de la URSS se reflejan en el empeño de Vladimir Putin por establecer a su vez un “colchón” de Estados amigables o dependientes en sus fronteras, de grado o por fuerza especialmente presión económica y política.

Pero si por tamaño y potencialidad la Federación Rusa es el modelo del Estado a “contener”, la República Popular China es el actual eje de preocupaciones geopolíticas, tanto por su tamaño geográfico como por su diversidad de intereses, una pujante economía y una larga memoria histórica. Sólo en el área del sur del mar de China, Pekín enfrenta media docena de conflictos por soberanías marinas  

La complicada situación abarca de hecho a más de la mitad de la humanidad y a varios de los países económica, militar y políticamente más importantes del mundo. Y aunque muchos diferendos podrían ser vistos como bilaterales, la cantidad y el entrelazamiento de países, intereses, grupos étnicos o religiosos brindan una dimensión distinta.

Ciertamente los problemas rusos en el Cáucaso parecen tener poco en común con algunos incidentes registrados en el este de China, excepto que en ambos casos se trata de movimientos rebeldes musulmanes, que los principales grupos islámicos suelen estar relacionados entre sí y con frecuencia reciben financiamiento de gobiernos simpatizantes.

El convenio entre las potencias occidentales e Irán esencialmente reconoce el papel iraní como una nación nuclear, tal como Japón lo es, sin bombas atómicas, pero con la capacidad de construirlas. Esto tiene implicaciones: Arabia Saudita, el gran rival regional de Irán, se acercaría tal vez a Pakistán para adquirir esa tecnología o los explosivos mismos, y por ende juntaría dos ejes de conflicto en Asia: Irán-Israel y Pakistán-India.

La maraña se complementa y se complica mas con los diversas respaldos. Iran financia a Hezbolá, una organización militante chiita que no sólo controla partes del territorio libanés y forma parte de su gobierno sino que tiene una importante relación política con el gobierno de Basahar al-Assad en Siria. Arabia Saudita financia movimientos conservadores contra grupos como la Hermandad Árabe, que por un año controló el gobierno egipcio.

Arabia Saudita e Irán controlan respectivamente enormes riquezas petroleras y pueden ser determinantes en los precios internacionales. Su acuerdo, o su desavenencia, tiene impacto mucho más allá de la masa continental euroasiática.

La geografía, dicen algunos, es el principal factor en la política exterior de las naciones porque es el hecho más permanente. Rusia aún busca una salida al Mediterráneo y China quiere hacerse de un lugar en el Indico; Rusia enfrenta problemas en el Cáucaso, trata de subrayar la dependencia europea de sus recursos naturales y mantiene una más o menos fácil coexistencia con China, que por su parte enfrenta en sus costas el desafío de países que como Japón, Indonesia o Filipinas rehúsan a ceder y mantienen sus demandas de soberanía ante los reclamos chinos.

Los problemas que en cierta forma dejó el mosaico europeo del siglo 19 revivieron, en otra parte del mundo, pero en mayor escala.

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