Alemania retoma el tema de la homosexualidad

El ex futbolista Thomas Hitzlsperger y Klaus Wowereit comparten el protagonismo de una hazaña que los convirtió en iconos en la historia social, política y deportiva germana: reconocieron su homosexualidad

COMPARTIR 
12/01/2014 08:04 Enrique Müller/Especial
Ilustración: Julio Grimaldo

BERLÍN, 12 de enero.— Klaus Wowereit, el popular jefe de gobierno de la ciudad-estado de Berlín, y Thomas Hitzlsperger, un famoso ex jugador profesional de futbol, algo raro en la vida de los seres humanos, comparten el protagonismo de una valerosa hazaña que los convirtió en sendos iconos en la agitada historia social, política y deportiva del país.

Wowereit, un político dueño de un carisma arrebatador y que ama las fiestas, goza del raro privilegio de haber sido el primer político de peso en Alemania en haber salido voluntariamente del armario, “Soy maricón y eso es una buena cosa”, dijo hace ya más de 12 años en la convención del Partido Socialdemócrata que debía aclamarlo como candidato al cargo que actualmente ocupa.

La audacia del político socialdemócrata de 59 años cautivó al país y lo convirtió en una especie de héroe popular para la comunidad homosexual alemana. Pero la interesada confesión de Wowereit también marcó un hito en la conservadora sociedad germana: obligó a los políticos alemanes a cambiar su comportamiento con el hasta entonces prohibitivo tema de la homosexualidad.

La decisión no estaba exenta de riesgos ya que nunca antes un político se había atrevido a salir voluntariamente del armario por temor a ser demolido por la prensa y la opinión pública. La valerosa confesión de Wowereit, en junio de 2011, ayudó para que Guido Westerwelle se convirtiera, ocho años más tarde, en el primer político homosexual en ocupar la cartera de Asuntos Exteriores y el cargo de vicecanciller de Alemania.

Thomas Hitzlsperger conmovió al país el miércoles pasado cuando, desde las páginas del periódico semanal Die Zeit, admitió que era homosexual, una confesión inédita que estremeció al mundo deportivo, pero que fue aplaudida por la totalidad de los medios germanos y que mereció incluso el  elogio de la canciller Angela Merkel. La confesión de Hitzlsperger, al igual que la de Klaus Wowereit, provocó la primera gran grieta en un tabú que ha marcado el mundo deportivo alemán y revivió en el país, un viejo debate que parecía acabado, sobre el comportamiento de la sociedad frente a la comunidad gay.

“Admito que soy homosexual  porque deseo impulsar la discusión sobre el homosexualismo en el mundo del deporte profesional”, declaró Hitzlsperger, según al semanario el jueves pasado y que colapsó la página web del periódico. “La toma de conciencia de mi homosexualidad fue un proceso largo y difícil y fue sólo en los últimos años cuando me di cuenta que prefería vivir con un hombre”, admitió el ex centrocampista, que fue 52 veces internacional con Alemania entre 2004 y 2010, y que ,además de la Bundesliga, jugó en la Serie A italiana y en la Premier League inglesa.

Las declaraciones de Hitzlsperger provocaron una verdadera conmoción en Alemania que hizo olvidar a toda la nación, las crisis políticas e incluso las riñas internas que han opacado el comienzo del gobierno de gran coalición. La inédita confesión del ex jugador cosechó aplausos en todo el mundo deportivo germano y fue comentada, incluso, por el portavoz de la canciller, Steffen Seibert.

“Vivimos en un país en donde nadie debe tener miedo de admitir su sexualidad por temor o por intolerancia”, señaló el portavoz, al reflejar el pensamiento de Angela Merkel sobre el tema. “Nuestra vida está marcada por el respeto mutuo, independientemente si la gente ama a hombres o mujeres. A los jugadores hay que juzgarlos si se comportan de forma correcta y digna fuera del campo de juego, Thomas Hitzlsperger lo ha hecho”, añadió.

La valerosa confesión del deportista, al igual como sucedió con Klaus Wowereit hace ya más de doce años, volvió a confrontar a la sociedad alemana con un capìtulo de su historiaque parecía haberse cerrado gracias a la  tolerancia que existe en Alemania. Aunque los alemanes nunca protestaron cuando los nazis castraban a los homosexuales para defender la puraza de la raza aria y que castigaba hasta 1994 con la cárcel las relaciones entre los hombres, el país parecía haber aceptado con dignidad la existencia de la comunidad gay.

No hace mucho, el influyente semanario económico  Wirtschaftswoche, publicó un extenso informe sobre la importancia de la comunidad gay en la economía del país. Según la revista, 8% de los hombres en Alemania son homosexuales y entre 3% y 5% de las mujeres, lesbianas. En Berlín, por ejemplo, las estadísticas señalan que 300 mil habitantes son homosexuales (10%  de la población) y Colonia, la alegre ciudad a orillas de Rin, está algo más que orgullosa de dar techo y trabajo a unos 100 mil gays y lesbianas.

Después de constatar la tendencia sexual de los habitantes de Berlín y Colonia, las dos ciudades más famosas del país a causa de su tolerancia, el semanario llegó a la conclusión de que la población homosexual, aparte de haber abandonado los armarios hace ya décadas y de haber escalado posiciones en la conservadora sociedad germana, se ha convertido en un factor económico de primera magnitud.

“La fuerte presencia de homosexuales (en Colonia) es un cumplido para la ciudad y una muestra de su tolerancia y apertura. Pero también un factor económico de primera magnitud”, señalaba la revista, al sugerir que había llegado la hora de desarrollar una nueva teoría económica relacionada con el mundo homosexual.

Según los autores del reportaje titulado Homo oeconomicus, la nueva teoría, además de tener en cuenta el poder de compra del mundo homosexual, debía incluir un estudio sobre la influencia que ejerce una comunidad homosexual importante en el desarrollo económico de una ciudad. “Un clima de tolerancia y apertura atrae no sólo a los homosexuales, sino también a toda una clase de gente creativa e innovadora a la ciudad, como ingenieros, programadores, artistas, arquitectos, investigadores y diseñadores. Esta gente llena al hoyo postindustrial con ideas e innovaciones.”

En la campaña electoral de 1998, los estrategas de Gerhard Schröder descubrieron la importancia del voto gay en el país y el SPD prometió, en caso de ganar las elecciones, legislar para que las parejas homosexuales fueran reconocidas por la ley. Schröder expulsó del poder a Helmut Kohl y, el 1 de agosto de 2001, Angelina Baldow y Gudrun Pannier escribieron un nuevo y pequeño capitulo en la historia del movimiento gay alemán, al contraer matrimonio.

Pero la tolerancia nunca llegó a los estadios de futbol, donde la homofobia sigue estando a la orden del día. A pesar de los elogios de la canciller y del mundo deportivo, el coming-out de los jugadores profesionales sigue estando marcado por el miedo a la reacción de los fans que asisten religiosamente a los estadios. “Un jugador homosexual seria destrozado por los fans, porque el futbol, a pesar de la enorme presencia de mujeres en los estadios, sigue siendo un deporte de machos”, sentenció no hace mucho, Tim Wiese, un ex portero de la selección nacional.

Para acabar con el tabú de la homosexualidad en el fútbol profesional, el gobierno alemán y la federación Alemana de Futbol (DFB) patrocinaron una inédita iniciativa cuando suscribieron, en julio del año pasado, la llamada “Declaración de Berlín”, en la que pedían poner fin a los eufemismos en el deporte germano y acabar con la homofobia que reina en el deporte.

Para tener éxito en la batalla, la DFB patrocinó la confección de un folleto, que lleva como título “Futbol y homosexualidad” y que fue enviado a unas 26 mil asociaciones deportivas repartidas en todo el país, incluidos los clubes profesionales de la primera y segunda división. La DFB pretende con el documento ayudar a los deportistas homosexuales a salir del armario, una medida que enriquecería al deporte,

La “Declaración de Berlín” condena la homofobia  y exige más diversidad, respeto y tolerancia en el deporte. “Los deportistas homosexuales se sienten discriminados y reprimidos a la hora de desarrollar sus posibilidades. Además, el atributo de homosexual en el deporte se utiliza para hostilizar, insultar y denigrar, además de desarrollar miedo, frustraciones y agresiones”, añade el documento.

Todo esto puede cambiar ahora, gracias al valor que tuvo Thomas Hitzlsperger de confesar su homosexualidad y es posible que los jugadores en activo puedan seguir su ejemplo. Pero la valiente confesión del ex jugador también tiene un claro y contundente mensaje político dirigido al presidente de Rusia, el poderoso y temido Vladimir Putin.

“Tengo la sensación de que ha sido un buen momento para anunciar mi homosexualidad y lo he hecho poco antes de que se inicien los juegos olímpicos de Invierno en Sochi. Creo que se necesitan voces críticas contra la campaña que han iniciado varios gobiernos contra los homosexuales”, dijo el ex jugador, que ayer, por obra y magia de los medios, se convirtió en un héroe nacional del deporte germano, aplaudido por la canciller, Angela Merkel, y por sus ex colegas.

 

Video Recomendado

Comentarios

Lo que pasa en la red