El papa Francisco reclama más equidad

Francisco conminó a los fieles a realizar un examen de conciencia y motivarse para 2014

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01/01/2014 04:12 Notimex
Francisco alzó la voz ayer en su mensaje de Fin de Año por los desocupados, los obreros mal pagados y los pobres.
Francisco alzó la voz ayer en su mensaje de Fin de Año por los desocupados, los obreros mal pagados y los pobres.

CIUDAD DEL VATICANO, 1 de enero.- .– El papa Francisco despidió ayer 2013 en la Basílica de San Pedro del Vaticano con un discurso en el cual alzó la voz por los desocupados, los obreros mal pagados, los pobres y los marginados.

La tarde de ayer el Pontífice presidió su última ceremonia pública del año, el rezo de las vísperas y el canto del himno de agradecimiento te deum, e instó a realizar un balance y un examen de conciencia, pero también a motivarse para actuar mejor en 2014.

Según Jorge Mario Bergoglio al final de 2013 se debe recoger, como en un cesto, los días, las semanas, los meses que se han vivido a lo largo del año, para ofrecer todo a Dios.

Dijo que entonces es momento de cuestionarse “con valentía”: ¿Cómo hemos vivido el tiempo donado? ¿Lo hemos usado sobre todo para nosotros mismos, para nuestros intereses, o hemos sabido gastarlo también para el servicio de los demás? ¿Cuánto tiempo hemos reservado para estar con Dios, en la oración, en el silencio, en la adoración?.

Pidió pensar también en la ciudad de Roma, interrogándose: ¿Qué cosa ha ocurrido en este año? ¿Qué está ocurriendo y qué cosa ocurrirá? ¿Cómo es la calidad de la vida en esta ciudad? ¿Cómo es la calidad de nuestra ciudadanía? ¡Depende de nosotros!

Estableció que el rostro de una ciudad es como un mosaico cuyas cerámicas son todos aquellos que la habitan. Reconoció que quien tiene la autoridad tiene una mayor responsabilidad, pero cada uno es corresponsable, para bien y para mal.

Para el pontífice la capital italiana tiene una belleza única, un patrimonio espiritual y cultural extraordinario, pero en ella también existen muchas personas marcadas por las miserias materiales y morales, pobres, infelices, sufrientes, que interpelan la conciencia no sólo de los responsables públicos, sino a todos los ciudadanos.

“En Roma quizás sentimos más fuerte este contraste entre el ambiente majestuoso y cargado de belleza artística, y los problemas sociales de quienes más necesitan. Es una ciudad llena de turistas, pero también llena de refugiados”, afirmó.

“Está llena de gente que trabaja, pero también de personas que no encuentran trabajo o desarrollan trabajos mal pagados y a veces indignos; y todos tienen el derecho de ser tratados con equidad.

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