China busca asegurar su futuro

La potencia asiática mantiene una disputa territorial con al menos cinco de sus vecinos debido a que por el sur del mar de China navega un tercio del petróleo y casi la mitad de la flota naviera comercial del mundo

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31/12/2013 04:11 José Carreño Figueras

CIUDAD DE MÉXICO, 31 de diciembre.- El pasado 5 de diciembre, un destructor estadunidense armado con proyectiles guiados estuvo a punto de chocar con un barco de guerra chino, pero no era accidente, sino un incidente más del juego geopolítico que hoy se desarrolla en el sur del mar de China.

Los estadunidenses acusan a los chinos, que a su vez denuncian a los estadunidenses. Después de todo, unos se consideran defensores de la libertad de navegación y los otros afirman que se encuentran en una región de soberanía china.

Lo cierto es que unos y otros están en medio de un juego de geopolítica, y eso no debe sorprender a nadie. Después de todo, el barco chino buscaba ahuyentar al barco estadunidense de los “alrededores” del portaaviones chino Liaoning, enviado a la región de forma simbólica: todavía no es funcional, pero su presencia es notoria.

La agencia oficial china Xinhua señaló posteriormente que la intromisión del barco estadunidense en “aguas de entrenamiento de la Armada china” fue deliberada, toda vez que las autoridades navales chinas habían colocado un anuncio en su página web sobre la conducción de ejercicios navales.

El incidente retrata la situación en el sur del mar de China, donde media docena de países disputan soberanías y zonas económicas exclusivas bajo la más que atenta mirada del resto del mundo y en especial de los países que usan esa ruta para su comercio marino.

Los analistas de estrategia afirman que la República Popular China (RPC) tiene motivos para hacer notar su presencia en la zona: se preocupa por la manera en que considera que EU y sus aliados tratan de tender un cerco marítimo para limitar sus exigencias.

Los planeadores chinos pueden tener razón, aunque también sería importante considerar que la forma en que la RPC lleva adelante sus reclamos hace un gran trabajo por ayudar a la estrategia estadunidense: crear un frente común contra las ambiciones de Pekín.

El sur del mar de China es un buen ejemplo. Hoy por hoy es uno de los puntos calientes de la geopolítica internacional, uno donde se contraponen los intereses de una gran potencia con los de seis naciones menores.

Pero al hablar de gran potencia no se trata de Estados Unidos, sino de China, que demanda soberanía sobre una región en la que otras seis naciones alegan también tener derechos. Y para hacer valer sus derechos dispone de una creciente fuerza militar, una en la que el Liaoning es un símbolo.

China Popular exige soberanía sobre casi 80 por ciento de una región que se supone es rica en hidrocarburos y posibles depósitos minerales, así como zonas pesqueras y sobre todo, rutas marítimas.

El 20 por ciento restante se repartiría entre Filipinas, Indonesia, Vietnam, Brunei, Malasia y Taiwán.

Pero esos países no están exactamente de acuerdo, y la región es vista ahora como el más peligroso punto potencial de conflicto en Asia

De hecho, el gran ejemplo podría ser el archipiélago de las islas Spratly, un conjunto de más de 750 islotes, arrecifes y cayos, incluso algunos bajo el agua; en algunos casos, una u otra de las naciones reclamantes ha enviado fuerzas militares para hacer visible su postura y a veces casi parecería un absurdo: de acuerdo con una reseña de The New York Times, Filipinas, por ejemplo, tiene un destacamento de ocho soldados a bordo de un navío anclado sobre un atolón sumergido.

Y las Spratly no son sino uno de los grupos de islas y arrecifes en el sur del mar de China.

Pero más allá de la posibilidad de enormes yacimientos de hidrocarburos, está la geopolítica. Para China se trata de proteger sus rutas comerciales y garantizar su acceso a aguas internacionales: las islas que de una forma u otra se encuentran frente a sus costas, desde el Japón hasta los archipiélagos del sur, pueden ser una protección, pero también una barrera.

Pero no es tan fuera de lugar cuando se piensa que, por tonelaje, casi la mitad de la flota naviera comercial del mundo pasa por el sur del mar de China, y que entre otras cosas también cruza por ahí un tercio del petróleo mundial.

De hecho, se estima que la mitad del comercio marítimo hindú navega por esas aguas, al igual que buena parte de los envíos de Pakistán, Sri Lanka, Irán... y eso sólo da una idea de la complejidad de la situación. Malasia, Singapur, Japón, Corea del Sur tienen tanto interés como China en que esas rutas se mantengan abiertas.

La importancia es evidente, y más si se piensa que buena parte de ese petróleo lleva China por destino, con lo cual los usualmente muy cuidadosos líderes de la República Popular China pueden haber decidido que el resultado final justifica los problemas de imagen.

“Nada en China ocurre de la noche a la mañana”, declaró a The New York Times Stephanie Kleine-Ahlbrandt, directora de Programas Asia-Pacífico del Instituto estadunidense por la Paz. “Cualquier movimiento que se vea fue planeado y preparado por años, si no más. Es evidente que este tema es muy importante para China”, añadió.

En términos estratégicos y económicos, y por tanto de seguridad nacional, los reclamos chinos tienen más sentido del que parece, aun cuando algunos de ellos los llevan a reclamar soberanía sobre áreas a más de 350 kilómetros fuera de sus costas.

La lógica no es necesariamente un consuelo para los vecinos de China, que ven a la ahora poderosa nación avanzar sobre ellos en lo que un analista estadunidense definió como la “estrategia de los Borg”, en referencia a los personajes de la serie de ciencia ficción Star Trek: the next generation: “Serán asimilados. La resistencia es inútil”.

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