Aumento de burdeles preocupa al gobierno de Alemania

En la ciudad de Saarbrücken abrirán un sitio de prostitución destinado para clientes selectos

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07/12/2013 04:45 Enrique Müller/Especial
Foto: stock

BERLÍN, 7 de diciembre.— La pequeña ciudad alemana de Saarbrücken, capital del Land de Sarre, es famosa en todo el país por la excelencia de su Universidad, especializada en investigación en el ramo de la informática y también gracias a sus excelentes restaurantes, casi todos inspirados en la cocina francesa, gracias a su cercanía con la frontera gala.

Pero la ciudad, que tiene sólo 180 mil habitantes, goza también de una rara fama que tiene en estado de alerta a las autoridades locales y a la población, que ha sido testigo de  cómo en los últimos años ha florecido un negocio que ha convertido a Saarbrücken en la capital de la prostitución en Alemania. La pequeña ciudad cuenta con 100 burdeles establecidos y más de mil prostitutas que se ganan la vida en las calles de la ciudad.

No es todo. Si las inclemencias del invierno lo permiten, la ciudad contará desde el próximo mes de enero con el prostíbulo más grande del país, un moderno edificio de seis mil metros cuadrados diseñado para atender a una selecta clientela, en su mayoría de origen francés, que no pueden dar rienda suelta a sus fantasías en el país galo, donde la prostitución está prohibida.

CRECE La prostitución ha aumentado en Alemania desde que se legalizó el 1 de enero de 2012.

La inminente inauguración del nuevo “palacio del amor” de la ciudad, un proyecto de 4.5 millones de euros, representa una incómoda tarjeta de visita para Saarbrücken y también una furiosa llamada de atención para las autoridades locales, en especial para la alcaldesa de la ciudad, la socialdemócrata Charlotte Britz, quien sabe, por experiencia propia, que desde un punto de vista legal es más fácil abrir un burdel que una panadería.

“La prostitución ha llegado a niveles intolerables en la ciudad”, dijo la alcaldesa al popular periódico BILD, que tuvo la idea de bautizar a la ciudad como “La capital de la prostitución en Alemania”. La alcaldesa teme con razón que el buen nombre de la ciudad, donde también tiene su sede el prestigioso Instituto Max Planck para Informática y Sistemas de Software, se haga trizas a causa de la proliferación del oficio más antiguo del mundo.

Pero Charlotte Britz tiene las manos atadas a causa de una ley que entró en vigor el 1 de enero de 2002 y que legalizó la prostitución en el país. La iniciativa impulsada por la alianza socialdemócrata-verdes, que formaba el gobierno federal, tenía como meta acabar con la explotación que sufren las mujeres y abrirles las puertas a los servicios sociales y médicos. La prostitución, según el gobierno, debía convertirse en un oficio respetable y aceptado por la sociedad y asignó a las prostitutas el calificativo de “trabajadores del sexo” con derechos laborales y cobertura social.

La ley impulsada por el gobierno que dirigía Gerhard Schröder estaba bien pensada, pero mal hecha. Gracias a la repentina libertad legal que irrumpió en el país, comenzaron a florecer cientos de prostíbulos a lo largo y ancho del país, cuyos propietarios no tenían problemas con las autoridades locales para abrir sus puertas y ofrecer trabajos a cualquier mujer que lo solicitara.

La apertura de las fronteras de la Unión Europa hacia los países de Europa del Este hizo el resto. Las autoridades calculan que en los últimos diez años se han abierto más de tres mil burdeles en todo el país y unas 400 mil mujeres se dedican a ejercer el oficio más antiguo del mundo, la mayoría provenientes de Rumania y Bulgaria.

El negocio florece cada día, gracias a una oferta que está causando sensación en el país y que ha provocado una avalancha de turistas extranjeros, la mayoría provenientes de Asia y Estados Unidos, que llegan al país atraídos por una oferta que fue inventada en el ramo de la hotelería. El llamado sistema All Inclusive”, sexo y alcohol sin restricción, todo por una tarifa módica que oscila entre los 60 y los 100 euros.

El Pussy-Club, por ejemplo, un establecimiento que abrió sus puertas en 2009 en las cercanías de Stuttgart aún sigue haciendo propaganda con un mensaje contundente: “Sexo con todas las mujeres que quieras, todas las veces que quieras y como quieras (...)”. En Berlín, donde existen al menos unos 500 burdeles, la oferta es diferente. “Artemis”, el burdel más lujoso y grande de la ciudad y que fue inaugurado en vísperas del campeonato mundial de futbol de 2006, ofrece un servicio de limusinas que esperan al cliente en el aeropuerto.

Aunque las cifras relacionadas con el negocio de la prostitución en el país no obedecen al rigor científico, las autoridades creen que el oficio ofrece servicios a unos 1.2 millones de clientes diarios que gastan al año más de 14 mil millones de euros. Pero el negocio, aparentemente legal, esconde una cara criminal. La policía, políticos y organizaciones civiles creen que la generosa ley, que entró en vigor el 1 de enero de 2012, se ha convertido con el tiempo en un programa de promoción para los proxenetas y ha hecho el negocio del comercio humano ilegal más atractivo.

“Alemania se ha convertido en un centro de explotación sexual de mujeres jóvenes provenientes de Europa del Este y en un lucrativo campo de acción para criminales provenientes de todo el mundo”, denunció el ex comisario de policía Manfred Paulus, durante un programa de televisión dedicado al tema y que fue emitido a mediados de noviembre. El ex oficial de policía señaló que la primera potencia económica de Europa se había convertido en el “burdel Europa”, gracias a la generosa ley aprobada hace ya más de una década.

Fue el comienzo de una discusión que ahora ha regresado a las páginas de los periódicos y que contaminó las negociaciones que llevó a cabo Angela Merkel con los socialdemócratas para formar un nuevo gobierno de gran coalición. Las delegaciones se hicieron eco de una furiosa campaña lanzada por Alice Schwarzer, el ícono del feminismo alemán y editora de la revista EMMA, quien logró que más de cien intelectuales y artistas prominentes firmaran el manifiesto “Llamada contra la prostitución”, donde piden cambios legales para acabar con un negocio que sólo promueve la explotación sexual de las mujeres y que ha convertido a Alemania en destino del turismo sexual.

Aunque el acuerdo alcanzado durante las negociaciones políticas aún no es oficial, el futuro gobierno podría aprobar una reforma a la ley que prohíba las llamadas “tarifas planas” en los burdeles, obligue a las menores de 21 años a tener un registro oficial y que se castigue con multas de dinero a los clientes que tengan sexo con mujeres que hayan sido obligadas a ejercer el oficio, una medida positiva, pero que es casi imposible de probar cuando se depende del testimonio de las víctimas.

La nueva iniciativa legal no parece preocupar a Michael Beretin, portavoz del nuevo burdel de Saarbrücken, que dará cabida a unas cien “trabajadoras del sexo”. En una entrevista con un periódico local, dijo que los “grandes burdeles son más fáciles de controlar por las autoridades y en nuestra casa, cada trabajadora deberá pagar 25 euros por noche más 25 euros
por concepto de impuesto”, admitió el proxeneta.
Sus trabajadoras podrán tener seguro médico, estarán obligadas someterse a controles médicos regulares y él mismo se mostró dispuesto a cooperar con las autoridades y la policía, mientras esta cooperación “no dañe al negocio”. “La prostitución es legal en Alemania y por lo tanto nuestro negocio también es legal”, añadió.

 

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