Fallece Margaret Thatcher

La primera ministra británica entre 1979 y 1990 recibirá honores militares durante sus funerales

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08/04/2013 23:02 AFP, EFE, DPA y Reuters

LONDRES, 9 de abril.– La ex primera ministra conservadora británica Margaret Thatcher  falleció ayer en Londres como consecuencia de un derrame cerebral a los 87 años de edad.

La llamada Dama de Hierro murió “tranquilamente” en la habitación del hotel Ritz de Londres, donde residía en forma temporal para recuperarse de una cirugía menor, según anunció su portavoz lord Tim Bell.

La ex líder conservadora fue la única mujer en alcanzar el puesto más alto del poder en Reino Unido, donde ganó tres elecciones generales consecutivas –1979, 1983 y 1987–.

Thatcher, que llevaba una década apartada de la vida pública debido a diversos problemas de salud, permaneció en el cargo durante casi 11 años, entre 1979 y 1990, un récord de supervivencia política en su país desde comienzos del siglo XX.

La transformación de Reino Unido bajo los gobiernos de Thatcher puede observarse hoy en el país, donde los sindicatos han quedado debilitados y el sector privado controla muchas de las actividades que en su día correspondían al Estado, como los ferrocarriles.

Conservadora y euroescéptica hasta la médula, Thatcher se negó al proceso de integración europea y son célebres sus comentarios en el Parlamento y la televisión de “No, no, no a Europa”.

También demostró en distintas situaciones su capacidad de liderazgo, como cuando ordenó en abril de 1982 el despliegue de una fuerza militar al Atlántico sur para recuperar por la fuerza las islas Malvinas, tras la ocupación militar argentina.

“Hemos perdido a una gran dirigente, una gran primera ministra y una gran británica. Margaret Thatcher no sólo lideró nuestro país, sino que salvó a nuestro país”, proclamó el actual primer ministro David Cameron, quien acortó su minigira europea de ayer para regresar directamente a Londres desde Madrid.

La reina Isabel II de Inglaterra se declaró por su parte “triste”, según el palacio de Buckingham, que como la mayoría de los edificios oficiales británicos hacía ondear su bandera a media asta.

El Parlamento, que se encontraba en receso, fue convocado para rendir homenaje hoy a la baronesa Thatcher, que formalmente conservaba un escaño en la Cámara de los Lores.

El gobierno dijo que Thatcher tendrá un funeral con honores militares en la Catedral de St. Paul de Londres, lo que no llega a ser un funeral de Estado, de acuerdo a los deseos de su familia.

“La robaleche”

Muchas personas comenzaron a dejar rosas y tulipanes afuera de su casa en Belgravia, una de las áreas más exclusivas de Londres. Una nota decía: “La mejor líder británica”, mientras que otra la llamaba la Dama de Hierro.

Pero, en una señal del persistente resentimiento de muchos británicos con una mujer que explicó su apoyo a las iniciativas privadas al declarar que “no existe tal cosa llamada sociedad”, alguien dejó una botella de leche.

Para muchos británicos que fueron testigos de su decisión de retirar los subsidios a la entrega de leche a los niños en las escuelas primarias cuando fue ministra de Educación en 1971, ella sigue siendo “Maggie Thatcher, la robaleche”.

“¡Qué alivio que ya no esté”, declaró por su parte el Sindicato Nacional de Mineros, al recordar que reprimió una larga huelga de trabajadores en 1984. Sin embargo, el sindicato agregó que “el daño causado por su política totalmente defectuosa tristemente todavía perdura”.

Provocó admiración y odio

Margaret Thatcher, que falleció ayer a los 87 años, levantó como pocos políticos en la historia de Reino Unido las pasiones más encontradas, desde la admiración absoluta hasta un rechazo que rozaba en muchos casos el rencor y el odio.

Para bien o para mal, Thatcher pasará a la historia como una primera ministra conservadora fundamental que transformó y dividió al país en los casi 11 años que estuvo en el gobierno y fue la primera mujer de Reino Unido en llegar al cargo más alto del poder.

Nacida el 13 de octubre de 1925 en Grantham, en el norte de Inglaterra, la política “tory” procedía de una familia de modestos recursos pues su padre había sido propietario de dos tiendas de comestibles.

Con gran capacidad para el estudio, Thatcher ingresó en un colegio público de carácter selectivo y consiguió entrar en la Universidad de Oxford, donde estudió Química.

Pronto se daría cuenta de que su pasión era la política, por lo que estudió Derecho y se graduó como abogada en 1954.

El paso más importante lo daría en 1959 cuando fue elegida diputada por la circunscripción de Finchley, en el norte de Londres, lo que le permitió ocupar la subsecretaría de Estado de Pensiones en el gobierno de Harold Mcmillan (1957-63). Después desempeñaría diversos cargos en su partido cuando estaba en la oposición hasta 1970.

Con la victoria del “tory” Edward Heath en 1970, Thatcher se encargó de la cartera de Educación, pero cuando los conservadores perdieron las elecciones generales en 1974, desafió ese liderazgo y, para sorpresa de muchos, salió victoriosa.

Desde entonces, su carrera al cargo de primera ministra fue meteórica al ganar los comicios de 1979 en momentos en que el Partido Laborista estaba debilitado y el país parecía paralizado por las huelgas y la crisis económica.

Su llegada al poder supuso una completa transformación de Reino Unido al apoyar la privatización de industrias estatales y el transporte público; la reforma de los sindicatos, a los que prácticamente despojó de poder, la reducción de los impuestos y del gasto público y la flexibilidad laboral.

Las medidas pronto consiguieron rebajar una inflación que parecía no tener freno, pero tuvieron un costo muy alto para la población por el aumento del número de desempleados.

La euforia inicial por su llegada al poder se transformó en frustración, a tal punto que los sondeos presagiaban la derrota de Thatcher en las elecciones generales de 1983.

Sin embargo, la inesperada ocupación de Islas Malvinas por parte de los militares argentinos el 2 de abril de 1982 cambió el rumbo de la historia.

La victoria de los británicos selló el destino y la fama de la “dama de hierro”, que se alzó con la victoria en las generales de 1983.

Con ese triunfo vendrían los años duros de Thatcher, que no dudó en continuar con el congreso de su partido en Brighton cuando el Ejército Republicano Irlandés (IRA) perpetró en 1984 un atentado contra el hotel donde se celebraba o cuando se enfrentó a los mineros, a los que derrotó en 1985, después de un año de enfrentamientos por el cierre de pozos de carbón.

También marcaron los años de Thatcher su fuerte alianza con Ronald Reagan y su oposición al comunismo, si bien se dejó seducir por el carisma del reformador soviético Mijail Gorbachov.

Pero su declive llegó a finales de los 80 con el “poll-tax”, un impuesto municipal cuyo impago se castigaba con la negación del derecho al voto, además de su continua intransigencia sobre la integración
europea.

Su caída por el controvertido impuesto no vino de la mano del votante, sino de su propio partido, que el 22 de noviembre de 1990 la castigó con una revuelta interna por su implacable determinación, la misma que la llevó al poder.

La economía del mundo todavía lleva su huella

 Más de tres décadas después de que Margaret Thatcher se convirtiera en primera ministra de Gran Bretaña, su legado económico, tan venerado como repudiado, todavía resuena en todo el mundo.

Ya sea en los ministros de Finanzas de la zona euro pidiendo a los países con graves problemas de deuda que privaticen sus empresas estatales, o en los políticos estadunidenses buscando recortes de gasto y limitaciones para los sindicatos, o en los propios británicos subastando su propio correo, los principios del thatcherismo, para bien o para mal, están vivos.

Thatcher abogó por la desregulación, por un Estado de mínima presencia, por la libertad de los mercados y por la privatización de las empresas. Si eso suena familiar, es porque sus recetas han sido copiadas en todo el mundo.

Ninguna de estas políticas eran comunes en 1979, cuando Thatcher se convirtió en la primera mujer en llegar al cargo de primer ministro de Gran Bretaña, mientras el país aún sufría las consecuencias del deterioro económico posguerra.

“Ella cambió los parámetros de lo que era políticamente posible”, dijo Steve Davies, historiador económico y director del Instituto Británico de Asuntos Económicos.

El thatcherismo, muy a la par del giro económico que dio Estados Unidos de la mano de Ronald Reagan, fueron considerados cambios político-económicos radicales. El término privatización, por ejemplo, prácticamente era desconocido antes. Una búsqueda en Google en 2013 arroja más de 14.5 millones de vínculos.

Cuando Thatcher tomó el poder en Gran Bretaña, gran parte de su industria, al igual que en otros países europeos, estaba en manos del Estado.

Thatcher se deshizo de todo, con frecuencia muy criticada por sus opositores y por los trabajadores de las industrias hasta entonces estatales.

No todas las privatizaciones fueron exitosas. La competencia redujo los costos y alentó el crecimiento en áreas como las telecomunicaciones. Pero a industrias más complejas, como el negocio ferroviario privatizado por el sucesor de Thatcher –John Major–, no les fue tan bien.

Y en otros países, la transferencia de los activos del Estado a manos privadas fue exitosa, pero en muchos otros, no tanto.

En Rusia, un esquema de privatización diseñado por autoproclamados thatcheristas fue un fracaso. Entregó las “joyas de la corona” de la industria soviética a un puñado de personas con contactos políticos, creando de la noche a la mañana un manojo de nuevos ricos, muchos de los cuales se convirtieron en vecinos de Thatcher en el exclusivo distrito de Belgravia.

 

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