ROMA, 18 de marzo.— “Sentir la misericordia cambia todo; es lo mejor que podemos sentir porque un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo”, dijo ayer Francisco durante el primer Ángelus de su Pontificado ante unos 300 mil fieles que asistieron a la Plaza de San Pedro, el doble de lo que las autoridades habían calculado para ese día.
Aunque la entronización del papa Francisco es mañana (donde se esperan hasta un millón de personas), ayer, en su primer misa ante la multitud, dio una muestra de lo atractiva que ya es su figura.
“Hermanos y hermanas, buenos días”, apenas inició su breve discurso y la multitud gritó emocionada. “Es bonito para los cristianos hablarnos y saludarnos los domingos y hoy lo hacemos en un plaza que gracias a los medios de comunicación, tiene la dimensión del mundo”, manifestó el Pontífice.
Y es que Jorge Mario Bergoglio no deja de sorprender. Antes de asomarse al balcón de la Basílica de San Pedro, el Papa celebró su homilía en la pequeña iglesia de Santa Ana, que está también dentro del Vaticano. Al terminar la misa, rompiendo todo el protocolo, quiso salir y saludar personalmente a los asistentes, quienes emocionados se acercaron para tomarle la mano, abrazarlo y otros hasta besarlo.
Un detalle que no escapó fue que entre los fieles que asistieron ayer a la misa en Santa Ana y se acercaron a saludar al Papa, estaba Pietro Orlando, el hermano de Emanuela Orlandi, la joven desaparecida en 1983, hija de un empleado del Vaticano.
Ahí, Bergoglio lo saludó como a los demás, pero intercambiaron algunas palabras con las que, según algunos, habrían acordado verse de nuevo. Un cambio importante para esta familia, pues siempre habían solicitado hablar con Joseph Ratzinger sobre el caso, pero nunca fueron escuchados.
Muchas de las personas que ayer pensaban asistir a la Plaza de San Pedro para ver al papa Francisco, después de dos domingos sin Ángelus, no lograron llegar por la gran cantidad de gente que cubría las calles que desembocan en la Ciudad del Vaticano.
Gente de todo el mundo, ancianos, niños, parejas, de todo, pero en especial cientos de argentinos, acudieron a San Pedro para tratar de ver de cerca al nuevo Papa del que tanto se habla.
En su homilía, en la cual habló sobre la capacidad de perdonar que siempre le viene pedida a la Iglesia, dijo: “Creo que somos este pueblo que, por una parte quiere escuchar a Jesús, y por la otra nos gusta pegar y condenar a los otros”.
Y después recordó: “Dios nunca se cansa de perdonarnos, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”.
Al igual que el sábado, cuando explicó ante seis mil periodistas la elección de su nombre Francisco, ayer en el Ángelus también lo mencionó.
“Quise llamarme Francisco como Francisco de Asís, el patrón de Italia, y eso refuerza mi unión espiritual con esta tierra, porque como saben, son los orígenes de mi familia”, dijo Bergoglio.
Al final del Ángelus, el Papa se despidió con un simple “buen domingo y buen almuerzo”, evitando los saludos en diferentes idiomas.
Bergoglio fue elegido el miércoles como el Papa 266 de la Iglesia católica, en sucesión de Benedicto XVI, quien renunció el 28 de febrero pasado.
El padre Georg Gaenswein, un puente entre dos papas
El padre Georg Gaenswein, secretario particular del papa Benedicto XVI desde hace una década y que fue ratificado como tal desde el 28 de febrero que Joseph Ratzinger renunció y se convirtió en Papa emérito, sigue de cerca los pasos del nuevo Papa.
Con su discreta presencia, pero para nada descontada, Gaenswein se ha convertido en un constante acompañante de Jorge Mario Bergoglio en sus primeros eventos como Pontífice.
En su calidad de prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaens-wein maneja la agenda del papa Francisco, pero sigue siendo el brazo derecho de su predecesor.
Desde que Bergoglio fue electo como el sucesor de Pedro, el carismático padre Georg, a quien las revistas llaman “el Clooney del Vaticano”, ha estado
junto con él desde la oración que fue a ofrecer a la Virgen
en la Basílica de Santa María la Mayor, hasta el encuentro con los periodistas en el Aula Paulo VI, donde se sentó a su lado y escuchó emocionado cuando Bergoglio dijo que también el Espíritu Santo había guiado a Ratzinger para tomar la decisión de su renuncia.
“El martes 12 de marzo, día en que inició el cónclave, Gaenswein era el ojo de Ratzinger en la Capilla Sixtina, siendo de los últimos que la abandonó cuando se pronunció la frase “Extra Omnes” (todos afuera) para que sólo quedaran los 115 cardenales electores”, señala el vaticanista Giacomo Galeazzi.
Antes, tampoco había pasado inadvertida su presencia durante la misa previa en la Basílica de San Pedro, encabezada por el cardenal decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano.
El jueves, cuando ya se había nombrado al papa Francisco, Gaenswein estuvo también en la misa que se hizo en la Capilla Sixtina, y posteriormente (el viernes) en la Sala Clementina donde el Pontífice saludó a todos los cardenales, y varios de ellos le entregaron regalos.
Ese día, el padre Georg sostenía por un lado los regalos que le hacían al nuevo Papa y por el otro, recibía los saludos que algunos cardenales le enviaban a Ratzinger.
Sin embargo, el papel del arzobispo Gaenswein en este inicio de Pontificado va más allá de llevar a cabo su rol oficial del prefecto de la Casa Pontificia, señala Galeazzi, quien asegura que en privado Gaenswein ha comenzado a informar a
Bergoglio los pormenores de los casi ocho años de Pontificado de Ratzinger.
Sobre todo para las cuestiones que quedaron en suspenso, como el informe del VatiLeaks, el regreso de los lefebvrianos, la reforma de la Curia y las sacras finanzas.
“Él es el barquero entre los dos pontificados, el puente. Una figura del todo inédita en la historia eclesiástica porque don Georg es el punto de contacto entre el Papa reinante y el Papa emérito. Conserva las funciones del secretario de
Ratzinger, pero al mismo tiempo sigue manejando la Casa Pontificia del sucesor de Benedicto XVI”, explica Galeazzi.
Más allá de cualquier protocolo, Gaenswein opera sustancialmente como el transmisor en la insidiosa fase del comienzo de este Pontificado.
“Padre Georg está llevando a cabo una tarea delicadísima”, explica un sacerdote que pide no ser identificado. “No tanto por sus actuales tareas en el Palacio Apostólico, sino porque está haciendo, a cuenta de Ratzinger, el pasaje de las consignas sobre los temas más delicados”, afirma.
“Es decir, la presencia y consejos de monseñor Gaens-wein es la manera con la cual Benedicto XVI está ayudando a Bergoglio dentro de la Curia romana, pues lo quiere proteger en esta resbalosa fase de transición donde don Georg será quien le entregue el reporte de VatiLeaks al papa Francisco”, precisa el religioso.

