CIUDAD DEL VATICANO, 13 de marzo.- Las dos primeras fumatas negras surgidas de la chimenea de la Capilla Sixtina aumentan la expectación en la Plaza de San Pedro, que acoge hoy la llegada de miles de fieles y curiosos a la espera, en un ambiente festivo, de la la 'fumata' blanca que indica "tenemos papa".
La imagen de la Basílica de San Pedro del Vaticano se desfigura desde el comienzo de la Vía de la Conciliación, que une al Vaticano con la ciudad de Roma, como consecuencia de la neblina lluviosa que se ha instalado en la Ciudad Eterna y que empapa la chimenea de la que emanará la decisión de los cardenales, enclaustrados en la Capilla Sixtina.
Abajo, los adoquines brillantes, que dejan escapar alguna brizna de hierba fresca entre sus juntas, soportan el peso de los miles de fieles que, con sus paraguas, convierten la plaza en un campamento multicolor habitado por la esperanza, la emoción y el deseo de conocer al que será su próximo líder espiritual.
A pesar de que la mítica columnata de Bernini acoge banderas de todo el mundo, existe en la plaza un cierto ambiente globalizador, la idea general de que se prefiere a un pontífice que gobierne la Iglesia de forma general, sin tener en cuenta su nacionalidad.
"Da igual de dónde proceda el Papa, si es rico o humilde, franciscano o capuchino, africano o europeo, solo esperamos que sea un Papa para toda la Iglesia, que gobierne la Iglesia de Pedro", afirmó con vehemencia el seminarista Renaldo Da Silva, de la aldea amazónica brasileña de Abaetetuba.
En la misma línea que el seminarista Da Silva se expresaron las hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret, la mexicana María Elena y las argentinas María de los Milagros y Laura María.
"El país del que proceda no es importante, el nuevo papa debe continuar la línea y el proyecto pastoral de Benedicto XVI y no sólo desde el punto de vista de su ministerio espiritual, sino que también tiene que continuar su obra política y económica en el seno de la Santa Sede", afirmaron convencidas las tres monjas.
La afluencia de fieles se incrementa conforme pasan las horas de cónclave, al igual que la expectación, y tras la segunda fumata negra del cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI, la gente anda y desanda los dominios vaticanos, a la espera de que se produzca una nueva votación.
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